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Liturgia. La Octava de la Inmaculada. Jesús Luengo Mena


Estamos celebrando en estos días del 8 al 15 de diciembre la octava de la solemnidad de la Inmaculada. En la catedral de Sevilla, a partir de las 17,30 horas tiene lugar un acto litúrgico denominado octava, porque se celebra dentro de los ocho días posteriores a la solemnidad. Pero el pueblo ha simplificado y le llama «los seises», por el baile de los diez niños, de entre 9 y 12 años, que realizan una danza sagrada ante el Santísimo Sacramento solemnemente expuesto en la custodia.

En este artículo vamos a describir este acto litúrgico, que no es una misa como se oye frecuentemente a los asistentes, ya que no hay consagración ni se reparte la comunión. No entraremos en aspectos históricos ni musicales.

El nombre litúrgico de ese acto es «Celebración de la Palabra y Adoración Eucarística con baile de seises». Comienza con la entrada de los ministros y la exposición solemne del Santísimo Sacramento, al cual se le inciensa mientras se canta el Pange lingua.   

A continuación viene la celebración de la Palabra, con unos ritos iniciales y una oración. Acto seguido se pasa a la primera lectura, salmo y proclamación del Evangelio. Tras el Evangelio tiene lugar la homilía, que suele versar sobre la concepción inmaculada y la figura de la Virgen.

Acabada la homilía se hace la Oración de los Fieles, que termina con el rezo del Padrenuestro. Entonces, los músicos que acompañan al canto de la escolanía ocupan su lugar en el presbiterio bajo, y la escolanía y niños seises, encabezados por el maestro de capilla, se dirigen desde el coro por la Vía Sacra hasta el presbiterio bajo para iniciar la danza sagrada mientras suena, majestuoso y solemne, el órgano. Al llegar la procesión hacen la preceptiva genuflexión. Los canónigos cierran este cortejo, para ocupar sus sitios en el presbiterio bajo del altar mayor.

En la octava de la Inmaculada se realiza un solo baile. La escolanía, que deben ser  voces blancas (de niños y niñas, aunque en la actualidad sólo son niñas) acompaña con su canto, junto con la orquesta, a los seises danzantes. Este es el momento más esperado por el pueblo que asiste al acto, aunque sin lugar a duda el momento culminante será la posterior bendición con el Santísimo. Los seises, cinco en cada lado, se miran cara a cara para comenzar en su momento. 

El baile que interpretan los seises, aún siendo un sólo baile, tiene como cuatro partes: introducción (con genuflexión descubierta la cabeza), estribillo, copla y repetición del estribillo. El estribillo termina siempre con el toque de castañuelas por parte de los niños seises[1]. Quién espere un baile al estilo popular, dinámico, quedará decepcionado: los movimientos son muy geométricos, cruzándose en líneas recta y oblicuas, muy ceremonioso.

Terminado el baile, se canta, de rodillas, el Tantum ergo. Después, el sacerdote imparte la bendición con el Santísimo Sacramento y se finaliza con el canto de  «Alabado sea el Santísimo Sacramento» y «Todo el mundo en general». Acto seguido se reserva el Santísimo y los ministros abandonan el presbiterio en dirección a la sacristía.

Para terminar sólo un comentario que observo. Tras el baile se seises se produce una cierta «estampida» de público que se pierden lo más importante: la bendición con el Santísimo.


[1] Para una cumplida información sobre la historia, evolución, compositores y demás aspectos de los seises es imprescindible consultar el libro de Herminio González Barrionuevo, actual maestro de capilla, titulado «Los seises de Sevilla»

Foto: Francisco Santiago.










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