Arte Sacro
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Descripción de la obra “SEVILLA, 1649”, de Ignacio Pizarro Ortego


Arte Sacro. El joven artista Ignacio Pizarro Ortego, nos explica la obra que ha titulado “SEVILLA, 1649”, realizada en madera, formato A2, con grafito, acrílico y carboncillo sobre Papel Canson, que está expuesta en el Círculo Mercantil, dentro de la muestra “Asilo y Protector”, dedicada al Santo Crucifijo de San Agustín, que pueden recordar en la noticia relacionada:

Descripción:

La obra se representa siguiendo las líneas tradicionales del arte gótico pictórico entre mediados del S.XIV y lo que duró desde el S.XII hasta el S.XVI en algunos países de Europa.

Envolviendo a la obra con un halo lúgubre y oscuro propios del motivo a representar.

La epidemia de peste que asoló a la ciudad de Sevilla en el año 1649, y en la que la ciudad pidió distintas procesiones de rogativas, siendo la más conocida la del 2 de Julio de ese mismo año hacia la Catedral; hacen que esta obra sea un homenaje conciso y atrevido a aquellos trípticos que poblaron de belleza y enseñanzas las iglesias allá en el período medieval en toda Europa.

Siendo el tema de la epidemia de peste bubónica, el motivo principal para realizar dicha obra y que la incursión del Crucifijo de San Agustín fuera determinante para el futuro de la ciudad en su fe y esperanza por sobrevivir a la enfermedad que asolaba la ciudad.

Tríptico cerrado:

El tríptico cuando se encuentra con las tablas cerradas, muestra una inscripción que muestra el siguiente texto... <<Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustissima ciudad de Sevilla Año de 1649...>>

El texto aparece en letras doradas enmarcado a su vez por un fino marco del mismo color que bordea todo el frontal de la obra. La parte posterior se encuentra lisa en color negro.

Tabla de la Devoción al Stmo. Cristo de San Agustín. (tabla central):

Siguiendo la estética y el lenguaje propio de los manuscritos y obras pictóricas del S. XIV, se muestra protagonista de la obra, el Stmo. Cristo de San Agustín de rostro dulce y humilde ante la mirada de Dios Padre que lo muestra, arropa y sujeta el peso de su cruz clavada para mostrar al mundo a su Hijo y que con Él y el Espíritu Santo representado a la derecha de Jesús, sanen la ciudad de la enfermedad que la estaba carcomiendo día tras día.

Cuelga del crucificado un paño de tiniebla blanco, representando la luz y pureza que desprende el poder de Cristo.

A los lados un Sol y una Luna, a modo de metáfora mostrando que Cristo es el principio y el fin, el día y la noche.

En sus pies, aparece un querubín sujetando la cruz del señor con su cabeza y mostrando a los lados de su rostro dos medallones representando el Alfa y Omega, símbolos de Cristo y sus seis alas, características de estos seres.

Hace referencia al primitivo querubín que poseía el cristo en su peana.

A la izquierda y bajo la cruz se representa un grupo de fieles y enfermos pidiendo y rezando al Señor para cuidar su epidemia y que salve sus almas de la enfermedad que estaba asolando su ciudad y sus familias.

Entre los distintos integrantes podemos ver un monje franciscano, un cartujano, artesanos, cultivadores... Una mirada clara de la sociedad sevillana de aquellos días.

A la derecha del Cristo y en un plano más alejado se encuentra un ángel forcejeando que impide a un esqueleto, símbolo de la epidemia, enfermedad y muerte; arrancar la vida de un ciudadano que está siendo protegido por el ángel para impedir su camino hacia el más allá, alejado de la luz, y la salvación que nos promete Dios.

Más abajo en un plano más cercano, una procesión funeraria aparece en la escena. A modo de representación eclesiástica y mostrando al Cristo de San Agustín como verdadero salvador de la ciudad; aparece un sacerdote que guía la procesión llevando una cruz alzada. A su paso y detrás de él, dos figuras encapuchas y vestidas de negro por el luto, portan un ataud mostrando el nombre del fallecido arzobispo por aquel entonces, Agustín de Spínola Basadone, que murió aquel año.

Una de las figuras porta la mitra que lleva el arzobispo y que sirve de metáfora para afirmar que la Iglesia en Sevilla y por tanto el Arzobispado, estaba en sede vacante en tiempos de la peste.

Toda la escena se encuentra enmarcada por un paisaje oscuro que muestra al fondo la Puerta Carmona junto a un grupo de edificios donde destaca en la parte superior el Convento de San Agustín, lugar donde se encontraba la imagen en el S.XVII.

A la izquierda los caños de Carmona y a sus pies un arroyo cruzando la composición de izquierda a derecha.

El terreno presenta una serie de colinas que se repetirán a lo largo de toda la obra.

A la derecha a lo lejos podemos ver un ángel arrastrando un carro de cadáveres intentando salvarlos del más allá para conducirlos hacia el paraíso de la salvación eterna.

Tabla del Triunfo de la Vida y la Salvación (tabla izquierda):

En un primer plano cercano se encuentran conversando San Agustín junto a Diego Ortiz de Zúñiga, un noble perteneciente a la orden de Santiago y que recogió en relatos los sucesos de la ciudad en aquellos años, una figura importante en la historia de la Sevilla del siglo de Oro.

Mientras conversan a los pies de un frondoso bosque, San Agustín señala el corazón llameante que protagoniza la escena junto a ellos.

Entre los árboles que simulan el Jardín del Edén contado en el Génesis, podemos vislumbrar entre las colinas, un unicornio.

El unicornio era símbolo de pureza mística, mientras que la leyenda contaba que al matar a uno, podría curar cualquier enfermedad u otorgar la vida eterna para los que lo poseían.

A lo lejos en el centro de la escena, se encuentra una piscina o estanque cuyo motivo principal a modo de fuente sobre unos peñascos, es un gran corazón llameante. Símbolo indiscutible de San Agustín y que posee la inscripción <<Ego Sum Via Veritas et Vita>> Yo soy el camino, la verdad y la vida; haciendo referencia a que Jesús es el verdadero salvador de la humanidad.

A lo lejos y suspendido en el cielo se encuentra un círculo oscuro, con un resplandor circular al fondo. Hace referencia al camino a la salvación y la entrada al cielo y paraíso de Cristo. Una corte de ángeles transporta las almas de los salvados del más allá y de las penurias de la muerte, hacia una vida eterna en el reino de los cielos donde les espera Jesús y que así junto a Él, puedan descansar en paz por los siglos de los siglos.

Tabla del Triunfo de la Muerte y la Peste (tabla derecha):

En esta parte podemos ver una escena cargada de dramatismo, un paisaje trágico, tétrico y lúgubre, donde la Muerte es la protagonista e injusta vencedora.

En la parte inferior, en primer plano podemos ver un esqueleto ataviado con telas blancas que traspasa el pecho de una mujer moribunda e infectada por la epidemia, mientras sujeta el dardo de la muerte que acabará con la vida de la enferma.

Sobre ellos un doctor ataviado con la indumentaria típica y la máscara en forma de pico de cuervo que usaban en la época para no contagiarse de la enfermedad.

El médico posee en su mano izquierda una vara con un reloj de arena en su extremo, simbolizando el tiempo y mostrando la poca vida que le queda a la persona que está enferma a sus pies.

En su mano derecha porta un farol que ilumina la escena de luz y nos hace ver que la escena es nocturna y cargada de oscuridad.

A su izquierda, el marido de ésta suplicando salvar su vida como pudiera y rogándole que viva si es posible. En el otro extremo vemos a un esqueleto sosteniendo una guadaña y con cara de grotesca felicidad, que señala hacia abajo advirtiendo al médico de la muerte de la persona que hay a sus pies.

Más a lo lejos vemos un grupo de tristes ciudadanos enterrando a sus familiares fallecidos. Entre el grupo de personas vemos dos figuras que portan dos ataúdes, podemos leer en la descripción que pertenecen a la antigua y disuelta Hermandad del Santo Crucifijo y Pura y Limpia de Ntra. Señora, la cual se extinguió debido a que todos sus integrantes murieron de peste en aquellos días.

A la izquierda de ellos un esqueleto sonriente advierte de la necesidad de una pala para poder enterrar a sus conocidos. Sobre uno de los ataúdes que portan podemos ver la figura de un cuervo, símbolo indiscutible de la muerte y que se pensaba en la Edad Media que eran quienes se llevaban las almas de los muertos al más allá.

Al fondo el río Guadalquivir, y en medio una colina por la que pasan un carruaje atestado de cadáveres conducidos por dos esqueletos mientras uno de ellos sobre el caballo, con farol en mano advierte de la presencia y llegada de un esqueleto que transporta cuerpos en una balsa mientras rema por el río.

Haciendo alusión a la leyenda y mitología griega de Caronte, el barquero que llevaba las almas de los muertos al Inframundo para que así vagaran para siempre en aquel lugar.

Al fondo y a orillas del río vemos un esqueleto removiendo el fuego producido por las piras donde se queman los cuerpos de los enfermos que ha fallecido, para que sus familiares no puedan encontrar los restos e impedirles el poder darles cristiana sepultura. Al fondo, la Torre del Oro y a sus espaldas una vista de la ciudad con sus edificios; entre los que se distinguen la catedral a la izquierda junto a la Giralda.

Espero que os haya gustado esta obra cargada de simbolismo con la que tanto he disfrutado y ha servido de homenaje a mi profunda pasión hacia el arte gótico, el misticismo y la obra de autores flamencos como Van der Wayden o artistas como El Bosco. Gracias a todos y disfrútenla.

Fotos: Fernando Serrano Sánchez.

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