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Un sacerdote ucraniano escribe a Roma para decir misa en Sevilla. Francisco Correal. Diario de Sevilla


El besapié de Santa Cruz impidió la misa por el rito bizantino de la comunidad ucraniana de Sevilla y su oficiante pide la intercesión del Papa

Demetro Savchuk, sacerdote ucraniano afincado en Huelva y con atribuciones pastorales para católicos del rito bizantino residentes en diferentes poblaciones andaluzas, ha enviado una carta a Ciudad del Vaticano pidiendo una solución "evangélica" a los problemas que el pasado domingo tuvo para celebrar la eucaristía en la iglesia de Santa Cruz. No pudo celebrarla por estar de besapié el Cristo de la Misericordia titular de la hermandad. "Era una misa muy importante, la del domingo del Perdón", dice.

El sacerdote ucraniano, casado y padre de tres hijos –"aquí se extrañan, pero hasta el siglo XIV todos los sacerdotes se podían casar"– dice con simpática sorna que, fiel al espíritu de esa inédita eucaristía dominical, perdona a don Pedro Ybarra, párroco de Santa Cruz, el cura que les abrió las puertas de la iglesia para que durante un año cumplieran con el precepto del rito bizantino.

A las misas oficiadas por este sacerdote acuden no sólo ucranianos, sino eslovacos, macedonios, rusos, checos y polacos, comunidad con la que se siente muy unido porque vivió en una zona fronteriza con Polonia y domina a la perfección la lengua materna de Karol Woyjtila: "El otro día tuve que hacer de pastor y de intérprete en un accidente en Palos de la Frontera; murieron tres polacos, un ucraniano y un español".

El padre Savchuk nunca ha tenido problemas para dar misa en Algeciras, El Puerto, Jerez o Huelva. Referente religioso de los en torno a 5.000 ucranianos que viven en Andalucía, dice que "en Sevilla siempre tenemos problemas". La alternativa que les plantearon en la parroquia, por el imponderable cofrade, era un patio que no consideran digno para una ceremonia religiosa. "Aparte de que en su momento nos echaron porque era particular, tuvimos que limpiarlo de suciedad, había hasta ratas, lo que es un problema porque siempre vienen muchos niños a misa".

"¿No es el mismo Dios para nosotros?", se pregunta el cura ucraniano. Sus paisanos no podían suscribir el domingo el comentario de San Pedro en presencia de Elías y Moisés incluido en el Evangelio: "Maestro, ¡qué bien se está aquí!". El cura ucraniano se reivindica como católico "de Roma", portador de una fe curtida en mil batallas: "La Unión Soviética prohibió la religión católica y a los sacerdotes los mandaban a Siberia".










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