Arte Sacro
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Domingo de Función. Antonio Sánchez Carrasco


Ese día en el que cuentas al mundo que tu fe es la que es. Y que está por encima de conteos, del suicidio anticipado del azahar y de Sevilla, la ciudad de los restauradores. Donde es más fácil operar a corazón abierto que reponer la mascarilla de una imagen sagrada.

Sevilla la de los curas que quieren seguir diciendo sus misas a sus horas, aunque signifique que no puedes ver este año tus pasos, o de los curas que no son conscientes del capital humano que hay detrás de una hermandad.

Así se levantaba el domingo de la cátedra de San Pedro. Con un maratón que iba y venía y que secuestraba la ciudad tres días, ¿o ese término sólo es aplicable cuando se hace con un paso o una carreta?, pero vamos que todo lo que sea para bien de la ciudad, miel sobre hojuelas, no seré yo quien proteste de estas diatribas aunque a los cofrades nos caiga la del pulpo cada año.

Y con toda esta historia nos fuimos de Función Principal de Instituto. Allá donde el Señor pierde el apellido de su advocación. Porque no hay Cristo menos Abandonado en Sevilla que el Cautivo. Y Mercedes, la Madre del barrio de las Madres, aunque el desarrollo de esta frase me lo dejaré para septiembre, para el día que Ella cumple años entre nosotros, ya que este año me toca ser la voz de una Hermandad para con su Virgen. El tráfico del Maratón de Sevilla hizo a Su Eminencia, el Cardenal llegar más tarde, a una iglesia que lo esperaba con avidez. Poco después de la hora prefijada llegó Fray Carlos, cercano y entrañable como siempre, que junto con Don Florentino, nuestro Cura y el apoyo musical de nuestro coro, convirtieron la ceremonia en algo especial. La hermandad en la que el fotógrafo sacia la sed de los de abajo. La Hermandad de mucha gente buena, que siempre es necesario sentir cerca, con un buen hombre a la cabeza, rodeado de buenas personas. Durante la declaración pública de nuestra Fe sonó al órgano Amarguras. Aquella marcha que se colara en el entierro de un anarquista, y es que cuando la música es fúnebre y triste no entiende de credos. Todo terminó en la comida de Hermandad. Hablando de Tailandia y con dos hermosos regalos que nos tocaron en sorteo de aquellos que hace la Caridad de una Hermandad para recaudar para el que no tiene.  Una gran foto de nuestro Cristo y además nunca un pregonero tendrá la piel mejor cuidada gracias a uno de los regalos. En la puerta, ya cuando nos íbamos Eduardo apuraba su puro, que tengas buen camino, hermano. Y así nos fuimos contentos y cansados, cansados y contentos de pertenecer a una Hermandad como Santa Genoveva. Uno de esos lugares en los que sientes que ya has llegado a casa. Así culminamos un domingo de acercamiento a nuestra fe, cuando volvimos a la vida normal, se seguía polemizando sobre las mismas cosas.

Foto: Antonio Sánchez Carrasco.










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