Arte Sacro
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Restauración de la corona de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana del siglo XIX


Arte Sacro. La más antigua de las preseas que posee en su ajuar Nuestra Señora de la Esperanza de Triana ha sido restaurada en los últimos meses por parte del maestro artesano Ramón León Losquiño en su taller de orfebrería.

Esta corona es de metal dorado y cuyo gorro carece de imperiales, pudiéndose observar en ella mayor antigüedad en el canasto que en la ráfaga. Éste se puede fechar a finales del siglo XIX, mezclando motivos de diferentes neos, mientras que el resplandor, que es casi circular, presenta diversos motivos vegetales, ovas, ces y rocallas, todo ello calado. En esta ráfaga se disponen grupos de cinco rayos lisos que alternan con uno ondulado, siendo los primeros rematados por estrellas biseladas de ocho puntas que también alternan su tamaño, las cuales han sido recuperadas, ya que originalmente las poseyó, y por fortuna la hermandad las conservaba, aunque la pérdida de algunas se había suplido por otras nuevas con distinto diseño, de modo que puede concretarse que faltaban tres estrellas grandes y cuatro pequeñas. En total, la corona muestra catorce estrellas grandes que se alternan con doce pequeñas. 

Con respecto a la ráfaga en sí, aún conservaba restos de la sujeción de las estrellas en concreto, estaño que fijaba de modo permanente el muelle de aquéllas a la punta del rayo de la ráfaga. Dichos restos se han eliminado, sustituyéndose la sujeción de las estrellas mediante pernos soldados a éstas y a la ráfaga, donde el muelle con rosca interior hace de unión de ambos elementos, lo que permite el arreglo de cada estrella individualmente en un futuro sin tener que perjudicar al resplandor para ello. 

Tanto el canasto como la ráfaga presentaban la pérdida de algunos elementos decorativos, tales como hojas y flores que se han vuelto a realizar y añadir a la presea, recuperando así todos estos elementos. Así mismo, se ha procedido al arreglo, mediante soldadura de plata, de las roturas que presentaba en numerosas partes por los movimientos bruscos debido a su uso.

Finalmente, y una vez realizadas todas las medidas de reposición y consolidación de la pieza, se ha acometido su pulimento y baño de oro de 24 quilates con tres micras de grosor.










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