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Liturgia. Las Exequias. Jesús Luengo Mena


En este mes de noviembre, que el pueblo dedica especialmente a los difuntos, vamos a dedicar un par de artículos a los ritos y sacramentales referidos a los fieles difuntos. En el segundo hablaremos del entierro católico.

En primer lugar hay que definir las exequias. Podemos decir que es un sacramental, consistente en una celebración litúrgica en la cual despedimos a un hermano cristiano que ha muerto y lo encomendamos a Dios, para que le perdone sus pecados y le conceda vivir eternamente la resurrección futura que esperamos al lado de Dios. Se pueden celebrar dentro o fuera de la celebración de la Eucaristía. Si se celebra misa se la llamará misa exequial.

El rito de exequias debe expresar más claramente el sentido pascual de la muerte cristiana y debe responder mejor a las circunstancias y tradiciones de cada país, aún en lo referente al color litúrgico (Sacrosanctum Concilium  81).

La celebración se inicia en la iglesia con la recepción del cuerpo del difunto por el ministro en la puerta del templo, revestido con alba y estola o con casulla, si va a oficiar misa. Tras unas palabras de saludo a los acompañantes, le rocía con agua bendecida. El difunto es conducido hasta el pie del presbiterio. El cirio pascual debe estar colocado en la cabecera del difunto, no en el ambón. El ministro saluda a la asamblea y se dirige al pueblo con unas palabras. El que preside puede encender en este momento el cirio pascual, recordando la esperanza en la resurrección que Cristo nos trae, diciendo la siguiente fórmula: Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano…

Luego se lee una letanía por el difunto o el salmo 113 Dichosos los que mueren en el Señor. Se omite el acto penitencial y los kyrie y se reza la oración colecta. Después tiene lugar la Liturgia de la Palabra. La esperanza de la resurrección es el tema central en las exequias y a ella se refieren constantemente las lecturas, las antífonas y las oraciones. Puede haber tres lecturas. Después del evangelio, tiene lugar la homilía, que es obligatoria, y seguidamente la oración de los fieles. Si hay misa, sigue la liturgia eucarística como de costumbre, hasta la oración de postcomunión. Se toma el prefacio de difuntos. Después de la oración de comunión tiene lugar el rito de despedida. Si no hay misa, después de la oración de los fieles se dice la oración del Padrenuestro, y a continuación el rito de despedida.

El rito de despedida se inicia con una monición pidiendo a Dios el perdón de los pecados del difunto (Según la costumbre cristiana daremos sepultura al cuerpo de nuestro hermano….). Un familiar puede dirigirse brevemente a los presentes para agradecer la asistencia al funeral.  Seguidamente el que preside rodea el féretro asperjándolo con agua bendita. Luego, pone incienso, lo bendice y da una segunda vuelta perfumando el cadáver con el incienso. Mientras tanto, uno de los presentes puede recitar unas invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison. Finalmente, tiene lugar una larga oración final en que se pide a Dios que abra las puertas del cielo al difunto y a los que estamos aquí nos dé el consuelo y la esperanza.

Posteriormente, el cuerpo del difunto es conducido al cementerio, donde recibe sepultura cristiana. Allí, si es posible, se hará una breve oración.

Se deben tener en cuenta los siguientes detalles:

- El cuerpo del difunto se coloca mirando hacia el altar. Si el difunto es un obispo o un presbítero, el cuerpo es colocado mirando hacia el pueblo. De esta manera recordamos que el obispo o presbítero presidía la asamblea litúrgica y en el caso del laico difunto, asistía y participaba en la asamblea litúrgica, cada uno desde su lugar.

-El color litúrgico de las exequias es el morado. En la octava de Pascua el color es el blanco, así como en las exequias de niños.

-El agua bendita que el sacerdote derrama sobre el cadáver alude al bautismo, y la incensación, a la resurrección. Son, pues, gestos pascuales.

- Los elogios fúnebres y alabanzas de las virtudes del difunto no deben sustituir nunca a la homilía. Se puede aludir, brevemente, al testimonio de vida cristiana del difunto.

- No se debe hacer acepción de personas por razón de su posición económica, cultural o social pues todos los cristianos son igualmente hijos de Dios y de la Iglesia y poseen la misma dignidad bautismal. Sí se permite realzar la solemnidad de las exequias de las personas que tienen autoridad civil o poseen el orden sagrado, ya que la distinción se refiere a lo que significan esas personas, no a las mismas personas.

La constitución del Vaticano II, Lumen Gentium, nos enseña que La unión de los viadores con los hermanos que se durmieron en la paz del Señor de ninguna manera se interrumpe. Más bien, según la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicación de bienes espirituales […] Por eso, la Iglesia guardó con gran piedad la memoria de los difuntos y ofreció sufragios por ellos, porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos, para que queden libres de sus pecados (LG 49-50).

¿Cuál es el sentido de las exequias cristianas? La Iglesia celebra en ellas el misterio pascual para que quienes fueron incorporados a Cristo, muerto y resucitado por el bautismo, pasen con Él a la vida, sean purificados y recibidos en el cielo, y aguarden el triunfo definitivo de Cristo y la resurrección de los muertos. Las exequias son una magnífica ocasión para que la comunidad cristiana reflexione y ahonde en el significado profundo de la vida y de la muerte; y para que los pastores de almas realicen una eficaz acción evangelizadora.

Finalizamos diciendo que el rito exequial pocas veces se hace completo, ya que el Ritual contempla una vigila por el difunto, procesión a la iglesia y procesión al cementerio. También se pueden celebrar las exequias en casa del difunto y en el cementerio con arreglo al Ritual.

Fotos: Francisco Santiago y Miguel Ángel Osuna.










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