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Los Miércoles, de San José. Virginia López


Estamos inmersos en el Año de San José, desde que lo que iniciara el Papa Francisco el pasado 8 de diciembre y que justo doce meses después concluirá. El motivo es la celebración de los 150 años de la proclamación de San José como Patrono de la Iglesia, por el Papa Pío IX, mediante el Decreto Quemadmodum Deus, emitido en esa misma fecha de 8 de diciembre de 1870.

Quemadmodum Deus significa “Del mismo modo que Dios” y el documento empieza con esas palabras, comparando el papel encomendado a San José con el que desempeñó el bíblico José, hijo de Jacob, en Egipto.

En todas las iglesias del mundo las imágenes de San José estarán colocadas en lugar destacado, si ya no lo estaban y, en ocasiones, junto a una cartela con la oración escrita por el Papa Francisco a través de la Carta Apostólica Patris Corde, “con corazón de padre”.

La figura de San José ha ido evolucionando a lo largo de la Historia de la Iglesia y nuestra ciudad es buen ejemplo de ello. Al mismo tiempo que evolucionaba la devoción lo hará su iconografía.

En Sevilla la Iglesia más antigua consagrada al Patriarca es la del Convento de carmelitas descalzas, apodado Las Teresas y cuyo nombre es Convento de San José del Carmen, fundado por Santa Teresa de Jesús en el año de 1575. El cambio en la veneración y la ampliación de la misma se debe precisamente a ella, que puso la Reforma del Carmelo bajo su patronazgo. Siempre fue muy devota de San José por eso fue el primero al que se encomendó tras una grave enfermedad de la que sanó. Desde entonces y como dejó escrito:

No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.”

La figura de San José arrastraba desde la Edad Media esa rémora de ser el padre adoptivo de Jesús. De hecho, una popular tradición, descartada en la actualidad por algunos filólogos, atribuye el hipocorístico Pepe a la abreviatura P.P. de “pater putativo”, añadidura que siempre acompañaba a Joseph(us), el nombre latinizado de José.

Todo ello contribuía a un rol pasivo en el que San José era mera figura acompañante. En el Arte, la figura de San José siempre quedaba no ya en un segundo plano, sino apartada. El renacimiento lo humaniza y el barroco lo paternaliza.

En el mismo convento carmelita lo vemos en la espléndida talla de Juan de Mesa. San José está detrás del Niño Jesús, que focaliza el culto del fiel con sus dedos alzados a modo de Salvador. Pero el escultor, en esa fecha temprana de 1620 le imprime una dulzura y serenidad – además de rejuvenecerlo – que conjuga con el vínculo amoroso de la esa mano asida. El naturalismo imbuirá de familiaridad la figura de San José, plenamente desarrollada en el Barroco, como Padre que sostiene al Niño Jesús en brazos. Así lo vemos en la talla de Francisco Antonio Gijón – mal nombrado Ruiz Gijón – de la Iglesia de Santa María la Blanca, del año 1678. Las escenas más costumbristas de la Sagrada Familia son ofrecidas por Murillo, donde el Santo Varón hasta juega con el Santo Infante.

Curiosamente el término carpintero no aparece en las Sagradas Escrituras sino el vocablo griego “tekton”, más asociado a la artesanía o a la construcción, de ahí que encontremos en algunas iglesias elementos aparentemente masones. Ocurre en la Capillita de San José, labrada por el gremio hispalense de carpinteros entre los años 1699 y 1766.

Será el Papa Pío XII el que instaure el 1 de mayo de 1955 la festividad de San José Obrero, a modo de cristianizar el movimiento obrero, de manera que San José tiene dos días en el santoral. Tres años después el cardenal Bueno Monreal consagró la sevillana Parroquia de San José Obrero, en el barrio homónimo de la calle Arroyo, donde radica una hermandad sacramental, de gloria y penitencial.

El Baratillo es la única hermandad penitencial que tiene como titular al Patriarca Bendito Señor San José, de ahí que haya intensificado sus cultos. Y el Convento carmelita del Santo Ángel ofreció una interesantísima exposición en torno al libro Iosephina que custodia y done vimos excelentes tallas de Roldán o Francisco de Ocampo, y libro fundacional de la antigua Esclavitud del Glorioso Corazón del Señor San José, del año 1744. Este mes el Patronato de Arte de Osuna realizará otra exposición. Ninguna orden de josefinos o josefinas tiene presencia en la Archidiócesis de Sevilla.

Otros dos conventos dedicados son el antiguo mercedario cuya Iglesia del Señor San José regenta ahora la Prelatura del Opus Dei y el de mercedarias, hoy colegio. En Sevilla Este los Filipenses llevan la Parroquia de San José y Santa María desde 1991.

Además de la céntrica calle san José, epicentro de la Judería sevillana, en el barrio de Palmete una zona se conoce como San José.

Si nos preguntamos cuál es la representación artística más antigua de San José en Sevilla, la respuesta nos la dio don Antonio Rodríguez Babío, Delegado diocesano de patrimonio cultural en uno de sus artículos imprescindibles: en el Sepulcro del Cardenal Gonzalo de Mena de la Catedral (año 1401), en miniaturas de un libro de coro de la catedral (1431-36) y en el retablo de la Parroquia de Alanís (finales XV).

Habitualmente escribo para Arte Sacro los martes – día consagrado a Santa Marta como ya escribí – pero este artículo sale hoy, pues los miércoles, especialmente los primeros de mes, están consagrados a San José, desde el 5 de julio de 1883 por el Papa León XIII.

No hay una sola frase de San José en los Evangelios, en cuyas presencias lo más valioso es su confianza en Dios.

Fotos: Francisco Santiago, Miguel Ángel Osuna, Fco. Javier Montiel y Juan Alberto García Acevedo.










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