Arte Sacro
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“Las fotos de las cruces”. In Memoriam de Vicente Aragón. Mariano López Montes


Las fotos son las ilustraciones que alegraban y divertían aquellas Enciclopedias Álvarez que usábamos cuando éramos “niños de babi” y en las que todo el mundo se resumía y consumaba en la extensión del tomo, saberse aquel librito en que siempre aparecía un niño con pantalones cortos y muy adecentado vestir para la época, con su pelo meticulosamente repeinado por aquella gomina tan afín a la época y sentado o leyendo el libro con el radiante Sol de España a sus espaldas. El estudiar ese libro suponía el conocer un mundo complejo con la dimensión que requiere un niño, desde La Historia Sagrada a los ríos de España y sus regiones, hasta aquellos dibujos que, con la ingenuidad de la época, nos mostraban al negrito de los pelos rizados, al chinito mandarín de la coleta y hasta aquel indio de la pluma o de las plumas que veíamos en las películas del Oeste, la diversidad humana se simplificaba a los colores blanco negro, amarillo y aceitunado.

Cuando fuimos mayores o adolescentes quisimos congelar el tiempo en esas fotografías que recogían los momentos más importantes o felices de nuestras vidas. Las fotografías se convertían de esta manera en las ilustraciones en papel de nuestra existencia.

Hoy Vicente Aragón ha tomado el tren sin retorno que siempre lleva a un mundo desconocido y al parecer mejor, pero que pocos tienen un interés especial en conocer. De nuevo ha tomado el camino siempre deseado que le llevaba desde su barrio al centro a nuevos ensayos con antigua o nueva gente y que siempre tenía su momento estelar y álgido cuando un nuevo Viernes Santo y desde hacía casi cincuenta años lo seguía viviendo con la ilusión del primero.

Los recuerdos son las vivencias de las experiencias de lo que hemos vivido y la fotografía es la ilustración y la constatación de lo vivido. En esta fotografía del año 1976 no solo muestra unas caras y unos nombres, sino que creo que para todos los que lo hemos vivido son unos girones vivos de una vida que ha pasado. El tiempo ha corrido mucho o quizás demasiado los que están presentes en el papel o hemos cambiado con los años o muchos ya emprendieron hace más o menos tiempo el viaje que hoy ha iniciado el amigo Vicente.

Tiempos difíciles y cruciales para aquellas primeras cuadrillas que con más ilusión, pundonor y ganas iniciábamos un nuevo e ilusionante camino en esto del Deporte Sacro que cada día está más en boga. Casi niños hermanos y algunos allegados sin cortapisas de edad, antigüedad de hermano o condición social sentíamos la ilusión de hacer para nosotros algo tan grande como ser Cirineos anónimos de Jesús de Las Tres Caídas.

Estas fotos de estas primeras cuadrillas de hermanos o aficionados no abundaban mucho porque en aquellos años la fotografía no se prodigaba tanto y la telefonía siempre se unía a un cordón y solo servía para hablar o escuchar, nada más.

En estas fotos estamos todos o todos los que teníamos que estar y nos la hicimos un Domingo de Resurrección después de haber alcanzado un sueño por el que habíamos luchado durante mucho tiempo.

Había un antiguo y famoso Mayordomo de mi querida hermandad de La Amargura que por cierto se llamaba Manolo y de apellido uno de los más representativos de la casa, que, a estas fotos de grupo, les llamaba “fotos de cruces” porque a veces había la costumbre de poner una cruz, sobre el que ya no estaba y muchos decían que traía “mal fario el posar” por si eras uno de los primeros elegidos en conocer el alegórico primer paso que el Sábado Santo sale de San Gregorio.

Vicente Aragón de siempre estuvo unido a la cuadrilla de San Isidoro, sin faltar ningún año a esa cita ineludible y personal con su Cristo, su rostro siempre jaranero y portador de un humor socarrón que nunca te dejaba indiferente se transformaba en una seriedad natural y nunca impuesta cuando paso a ser contraguía el Viernes Santo y ya desde hace algunos Jueves Santo guiando los pasos racheados de la muerte del Cristo de la Fundación con el que desde hoy te has ido para siempre.

El «Tito Vicente» para tu gente, o aquel otro personaje que recreabas con la gracia de lo natural y no diseñado, de Delegado Sindical que reivindicaba a los que mandaban la calidad y el tamaño de los bocadillos, para tu gente que siempre fueron tus costaleros.

¡¡Pasa la vida, pasa la gloria!!, como dicen, aquellas sevillanas. ¡¡Tu ilusión y tus bellos sueños, todo se olvida!!. Puede que el autor al escribir esta letra llevara mucho de verdad, pero creo que el recuerdo de la gente buena sigue viviendo para siempre en aquellos que te conocieron, porque la bondad es la mejor moneda de cambio que cotiza en los sentimientos.

Y al final me surgen los recuerdos, quizás los más antiguos porque la nostalgia siempre nos hace volar a lo que más queremos y me viene a la mente aquellos lejanos años que desde la primera trabajadera fuimos los pies de un Cristo Caído que en silencio subía un año más la Cuesta del Rosario.

Fotos: Mariano López Montes










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