Arte Sacro
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  • miércoles, 15 de julio de 2020
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Ese vacío que ha dejado Pepín. Javier Becerra.


 El aire en Sevilla tiene ahora un gran vacío que llenar.

Vienen refuerzos de brisa desde Triana y al unirse sobre el río se hacen llamar viento.

Pasa el viento acariciando la Maestranza en el ingenuo intento de buscar tu imagen.

Acaricia la cal de la plaza, arranca el albero y se lo lleva como homenaje. Vuela el albero buscando el sitio oportuno donde llenar ese vacío, ese hueco.

Pasa el viento cargado de albero por la calle Feria, se hace con el eco del repicar de campanas de Omnium Sanctorum y mira enamorado a tu Giralda.

Vuela el viento...vuela...

Vuela el viento surcando las calles que te vieron crecer, que te vieron acompañar año tras año lo palios más Sevillanos.

Arrastra el viento los azahares de los naranjos de una plaza y roba las notas de tu  pasodoble, que salen de un balcón lleno de geranios.

Vuela el viento arrastrando las lágrimas de quienes te quisieron con toda su alma, de quienes te acompañaron a ese último paseíllo hacía la otra puerta del Príncipe. Lloran esas hijas que en un mismo embiste pierden el padre y la parte de madre que te tocó ser.

Vuela el viento y choca confuso con la silueta de un hijo que es fiel espejo del hueco que has dejado.

Esa silueta llora y se abraza desconsolada al recuerdo de su padre. Esa silueta que ilumina Sevilla en horas de sombra. Esa silueta que toma la batuta y se dispone a brindar un toro. Torero...

Ese torero da capotazos a la tristeza y asegura un quite a quien le acompañe.

Mira el torero su camino y encuentra su gente. Toma fuerzas y dibuja esa sonrisa de acero que nadie le roba. Sólo una vez se le vio sin ella...y Sevilla lloraba desconsolada.

Baila el viento con el torero al son de un pasodoble. Padre e hijo se desdibujan bailando en un remolino de sentimientos mezclados.

El viento aclara sus dudas, recuerda su destino y se retira del baile dejando a solas al torero.

Sigue el viento buscando el hueco que llenar y pasa por la calle Avellana.

A su paso por esa calle recuerda las tardes de gloria en las que alguien encendía un transistor para seguir en la distancia al amor de su vida.

Vuela el viento nostálgico al ver a tu gente marchita, recordando vivencias y curando las heridas que el toro de la muerte les ha dejado. Un asta se ha clavado en sus corazones y unos preciosos ojos azules lloran por tu ausencia.

Busca el viento en la Catedral, baila con la Giralda y rodea la Torre del Oro buscando ese vacío...recorre la Campana, Duque y Los Terceros, repasa los tendidos y se asoma de nuevo al río...

Nada...

No encuentra el vacío...

Se hace de noche.

Mira el viento la Luna que se refleja en las lágrimas de tus nietas...

Vuela entonces hacia esa Luna en busca del vacío y cuando se acerca descubre una nueva estrella.

Es entonces cuando el viento mira Sevilla desde el cielo y descubre que es imposible encontrar en un rincón ese vacío, es imposible buscarlo en alguna calle, en alguna plaza, es imposible llenar el vacío...porque el vacío que has dejado, Pepín, se hace llamar Sevilla.

Esa noche caen desde el cielo Azahares, pétalos de Geranio y notas de pasodoble mezclados con Albero.

Dicen que los ha dejado caer el viento.

 

De tu ahijado y sobrino.

Javier Becerra.

Foto: Juan Alberto García Acevedo.










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