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El Evangelio según Santiago. Parábolas apócrifas (II)


 Francisco Santiago. Como en toda religión que se precie, existe una documentación “no oficial” de la cual se conoce su existencia, pero no se da a conocer por diversos motivos. Tras las Profecías, ahora les voy a dar a conocer una de las parábolas de este evangelio no escrito, pero que sí conocemos gracias al "boca a boca".

Para aquellos que ya olvidaron el significado, les diré que las parábolas son relatos, historias escuetas, claras, sencillas, y su finalidad es transmitir una enseñanza del modo más comprensible y fácil de recordar. En este caso está basada en una historia “verídica”, al puro estilo del recordado Paco Gandía.

La Paja y la Viga

Un consejero, en una comida con sus hermanos mayores del día, una vez relajados, lanzó una pregunta al aire con tono de reproche: “¿Qué pintaban esas tres personas en la convivencia de dicho día, que tuvo lugar con anterioridad?”. El hermano mayor organizador del susodicho acto reprochado, le contestó a su consejero:

El primero de ellos, es hermanos de esta Corporación desde hace 28 años y cada 2 de agosto acude, esté donde esté, a la función de su Titular. La segunda persona, es hermano por tradición familiar y colabora con la Hermandad y la tercera persona, no sólo es hermana sino, además, familia directa de uno de nuestros miembros de junta y es la persona que organizaba el cátering...

Resumen de la parábola: “No busques la paja en el ojo ajeno y mira la viga del tuyo”.

Foto: Dios Jano (el de las dos caras) de la Casa de Pilatos / Francisco Santiago










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