Arte Sacro
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Las andas de la Salvación. Alberto de Faria Serrano.


 Chicotas a vuelapluma en la radio en los medios impresos o cibernéticos se han andado -y las que faltan- sobre el aumento de dos imágenes titulares a nuestra Semana Mayor. A veces flaqueando la trasera del oportunismo mediático con tal de crear un estado de opinión, otras jumeando el taco por el izquierdo en aras de ajustar el contrapeso de la controversia. En contadas ocasiones se ha medido los zancos y la mecías cortitas han sido por derecho y el paso ha avanzado sobre los pies de la  consideración del necesario culto publico al Señor y a los misterios de su Pasion y Muerte.

Al margen de consideraciones personalísimas de las dos Hermandades involucradas, en cuya soberanía de sus Cabildos, no es objeto alguno de estas líneas, el asunto va mucho mas allá de hacerlo dignamente en andas o en parihuela propia o ajena, o si este año o el que viene. El reloj de arena de nuestra existencia prosigue su curso sin remisión. La centuria esta a punto de consumir su segundo lustro y las hermandades de Sevilla, las nuevas y las de toda la vida, han de anudarse la corbata, colocarse al martillo y saber cuándo llamar; esto es ponerse al día de las demandas espirituales de una sociedad local cada vez más dispersa y disgregada en multitud de valores, cada más alejados de algunas de nuestras esencias y creencias que han de conservarse. En eso sí que vamos todos de frente y sin correr.  Las Reglas dictaminan el cuerpo jurídico por donde se canalizan el culto interno y externo de nuestras corporaciones, en efecto. Pero no deben, no deberían al menos, ir siempre al mismo compás sin aliviar el esfuerzo de la cuadrilla de todos los costaleros; esto es, infravalorarlas ni exponerlas solo bajo el prisma de costumbres visuales o históricas de solo dos o tres generaciones que las quieren elevar al grado de tradiciones seculares.

 Los tiempos del boom cofradiero están en revisión; aun no sabemos qué dirección va a tomar; pero eso es lo de menos. La vida cofrade proseguirá aun en tiempos de retroceso mediático no previsible de momento. Pero aun así carece de importancia. No hay duda que, en el anhelo interno de llevar a la Catedral un paso mas, hay más de una motivación; prosaicas o crematísticas también que enrarecen la mayor y principal, pero son hasta razonables y necesarias en los tiempos de crisis a todos los niveles que corren.

Los caminos del Señor son inescrutables: hasta el modo de darlos a conocer. Pues no digamos nada de sus designios. El Mayor Dolor del Redentor puede ser como le dan la espalda en su propia casa  precisamente teniendo el pasaje de la de Anás. El camino de la Salvación no está definido sobre cómo se ha de andar. En Pasión y en Santa Marta lo entendieron a la perfección en su momento. No hace mucho estuvimos donde el poeta impartía su magisterio. Recordémosle. No hay camino; se hace camino al andar.

Fotos: Juan Alberto García Acevedo y Francisco Santiago.










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