Arte Sacro
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  • viernes, 16 de abril de 2021
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Matar al Pregonero


 Francisco Santiago. Tranquilo amigo Antonio, que no estoy dando ideas, más bien todo lo contrario pues, como ya es costumbre en nuestra querida ciudad, como uno destaque lo más mínimo, eres automáticamente candidato a la crucifixión.

Aquí lo habitual era esperar a escuchar el “he dicho” para comenzar el bombardeo contra el que pregona, a pesar que este acto se hace por amor a Sevilla y su Semana Santa y nada más, pues el pago por el mismo lo hacemos en forma de felicitaciones, misas dedicadas al que pregona y cuadros que recuerden su paso por el atril.

En esta ocasión no se ha querido esperar al “he dicho”, ¿si Cristo es trasladado al sepulcro el Lunes Santo, por qué no lapidar al pregonero unos días antes de su disertación? Esta conjura va a salir muy cara para el grado que últimamente estaban alcanzando  los pregones y, además, va a costar muchos disgustos a los que por un lado se flagelan la espalda y besan los anillos y por el otro despellejan a la víctima de turno, ya sea el pregonero o el mismísimo Arzobispo, como he tenido ocasión de escuchar en primera persona.

No sé con certeza si los que han motivado todo este rosario de malas vibraciones contra Barbeito lo conocen en persona o lo han escuchado alguna vez en alguna de sus magistrales intervenciones.

Desde sus aportaciones a discos cofradieros poniendo esa voz profunda y carismática la servicio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, pasando por sus exaltaciones, disertaciones o pregones varios que ya ha pronunciado y que siempre han dejado el pabellón de la literatura mística sevillana a muy alto nivel, quizás el más alto.

Todo comenzó por un arrebato de venganza personal de una persona concreta, para ir poco a poco buscando milimétricamente los puntos débiles de la víctima para, allí mismo, clavar nuestras lanzas que nos convierten en el Longinos de turno.

Así pues de nuevo en Sevilla la frase “matar al mensajero” la acoplamos perfectamente a nuestras malas intenciones y, con sólo cambiar una palabra (mensajero por pregonero) habremos cumplido nuestro fin que, por supuesto, nada tiene que ver con la advocación del Cristo o de María Santísima del Buen Fin.

Domingo de Pasión en Sevilla. Pasión como la que escribió Mérimée en cuanto a los amoríos de Carmen la Cigarrera, con navaja cortante como eje principal del hilo y la pasión como camino a seguir…

Igualmente, conozco a bastantes cofrades que tienen su propia Catedral en Nervión o Heliópolis y que mueren o matan por su equipo (metafóricamente hablando), con lo cual tampoco a estas alturas del siglo XXI hay que asustarse con estas pequeñeces.

Antonio García Barbeito ha tenido el privilegio de ser nombrado vocero de la Semana Santa de Sevilla y estoy seguro que su prosa y su rima nos llegará directamente al corazón, como siempre hace, con esa virtud que tiene de llevarnos de la sonrisa al llanto en un par de frases.

Por muy bien que lo haga, será vilmente criticado y si lo hace mal, simplemente recibirá la sorna de los que se creen poseedores de la verdad (y del verso). Pero hay otra Sevilla cofrade, esa que la conforma el pueblo llano, el nazareno de número y que hace también las veces de público en cualquier rincón por donde transita una Hermandad. Los mismos que te acompañaremos el Domingo y nos deleitaremos con tu palabra…, como siempre.

Y para terminar, unos versos de otro “Antonio” (de apellido Machado), al cual también crucificaron en su momento y que creo que definen perfectamente la realidad de esta vida paralela que vivimos, cofradieramente hablando, en nuestra querida y traicionera ciudad de Sevilla: “Vivir es desatinar, tejer para destejer, aprender para olvidar. Amar para recordar, amor que no pudo ser, o la alegría de ayer, que nunca vuelve a pasar”.

He dicho.

Foto: José Luis Martínez










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