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Liturgia. Vestiduras e insignias del Obispo. Jesús Luengo Mena


 El hábito coral del obispo consta de la sotana de color violáceo, una banda de seda del mismo color con flecos, también de seda, como adorno en ambos extremos –sin borlas–, roquete de lino o de otro tejido semejante, muceta de color violáceo sin cogulla, o sea, sin capucha, cruz pectoral sostenida sobre la muceta por un cordón de color verde entretejido con oro, solideo también de color violáceo, bonete del mismo color, con borla.

Cuando el obispo lleve la sotana violácea, también usa medias de ese color. Sin embargo, es absolutamente facultativo el uso de las medias moradas cuando se usa sotana negra adornada con un ribete.

La capa magna violácea, sin armiño, sólo puede ser usada en su diócesis y en las festividades más solemnes, aunque está en desuso.

Las vestiduras del obispo en la celebración litúrgica son las mismas que las del presbítero. Pero es conveniente que en la celebración solemne, según la antigua costumbre, debajo de la casulla vista la dalmática, que podrá ser siempre blanca, sobre todo en las ordenaciones, en la bendición del abad y de la abadesa, y en la dedicación de una iglesia y de un altar.

Las insignias pontificales que lleva el obispo son: el anillo, el báculo pastoral, la mitra, la cruz pectoral, y, además, el palio si le corresponde por derecho. Aclaramos que el palio es una banda estrecha de lana blanca cosida en forma circular de la cual caen dos tiras cortas en sentido vertical, sobre el pecho y espalda. Va adornado con seis cruces negras,  cuatro de ellas en la banda circular y las otras dos en los extremos; se lleva sobre la casulla, por encima, colgado de los hombros. Lo usan los arzobispos y algunos obispos como signo de autoridad y jurisdicción.

El anillo, insignia de fe y de unión nupcial con la Iglesia, su esposa, debe llevarlo siempre el obispo.

El báculo, signo de su ministerio pastoral, lo usa el obispo en su territorio. Pero puede usarlo, con consentimiento del obispo del lugar, cualquier obispo que celebra solemnemente. Sin embargo, cuando varios obispos están presentes en la misma celebración, sólo el obispo que preside usa el báculo.

El obispo usa el báculo con la curvatura dirigida hacia el pueblo, o sea vuelta ante sí. El obispo lo usa de ordinario en la procesión, para escuchar la lectura del Evangelio, para hacer la homilía si lo ve oportuno, para recibir los votos, promesas o la profesión de fe y, por último, para bendecir las personas, a no ser que deba hacer imposición de manos.

La mitra, que será una sola en cada acción litúrgica, es simple u ornamentada, conforme a la celebración. El obispo la usará de ordinario: cuando está sentado, cuando hace la homilía, cuando saluda, cuando habla o hace las moniciones, a no ser que inmediatamente después deba dejarla; cuando bendice solemnemente al pueblo, cuando realiza gestos sacramentales y cuando acompaña las procesiones. El obispo no usa la mitra: para las preces introductorias; las oraciones; la oración universal; la Plegaria Eucarística; la lectura del Evangelio; para los himnos, si se cantan estando de pie; en las procesiones en las cuales se lleva el Santísimo Sacramento o las reliquias de la Santa Cruz del Señor y en presencia del Santísimo Sacramento expuesto. Le está permitido al obispo no usar la mitra y el báculo si va de un lugar a otro y el espacio entre ellos es pequeño.

La cruz pectoral se usa debajo de la casulla o de la dalmática o del pluvial; en cambio, se usa sobre la muceta.

El arzobispo residencial que haya recibido ya del Romano Pontífice el palio, lo lleva sobre la casulla, dentro del territorio de su jurisdicción, cuando celebra Misa Estacional, o por lo menos con gran solemnidad, y también cuando hace las ordenaciones, la bendición de un abad, de una abadesa, la consagración de vírgenes y la dedicación de una iglesia y de un altar.

La cruz arzobispal se emplea cuando, después de haber recibido el palio, se dirige a la iglesia a celebrar alguna acción litúrgica.

Foto: Francisco Santiago










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