Arte Sacro
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Provincia. Fiesta en el cielo, una obra de Camacho como cartel de la Coronación de Castilleja de la Cuesta


 Arte Sacro. El pasado 18 de enero, la Hermandad de la Calle Real presentó en el templo parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción el cartel conmemorativo de la Coronación Canónica de la Patrona de Castilleja de la Cuesta, obra del afamado y cotizado D. Fernando González Camacho. Presentó el acto Dña. María José González López, Profesora Titular de la Universidad de Sevilla, Grupo de Investigación: Conservación y Restauración de Obras de Arte, Departamento de Pintura.

Por motivos de salud el autor no pudo estar en el evento, pero su hija, habló de la figura del pintor, del estilo de sus obras y explicó la elaboración de esta pintura a través de una proyección. Seguidamente, el Hermano Mayor junto con la presentadora descubrieron el cuadro ante el aplauso de los espectadores, concluyendo el acto con la entrega de unos recuerdos para su padre y para ella.

Según las palabras del creador, la obra “representa una fiesta en el cielo por la Coronación de la Santísima Virgen”. El lugar central lo ocupa la Inmaculada Concepción que aparece en un rompimiento de gloria. Camacho, ha optado por representar a la imagen con un atuendo sencillo, símbolo de la humildad de la Virgen, con vestido blanco y manto azul ampuloso, huyendo de los bordados para que en nada se distraiga la mirada del espectador. Así, la dulce Doncella aparece apoyada sobre la luna, como en el Apocalipsis y el escudo de la Orden de los Terceros Franciscanos, que fue la que trajo a esta villa la devoción concepcionista en el año 1400.

El color de sus cabellos nos recuerda al de una antigua peluca que poseía la Señora en los años cuarenta del siglo XX, al igual que aparece en el retablo cerámico de la fachada de su templo, pintado por Alfonso Chaves Tejada en 1948. El pelo se hace más dorado con el resplandor que proviene del Altísimo, que inundan toda la escena, que en forma de paloma, simbolizando el Espíritu Santo, desciende en el momento de su Coronación. Es el instante en el que parece que la voz divina dijera “Esta es mi Hija amada, mi predilecta”, y en el que su figura se reviste del sol, que brilla con fuerza llenado de luz la composición celestial.

En la bóveda celeste todo es júbilo y algarabía por el gran acontecimiento, que se manifiesta en esa corte de veinticuatro ángeles, en los que destacan los querubines y serafines. Dos de ellos, uno sosteniendo una rosa, bajan del empíreo para coronar a la Reina del Universo con la nueva corona de oro dieciochesca, con la que realmente será coronada la imagen el próximo 7 de septiembre. Otros, portan perfumadas y coloridas flores que simbolizan las oraciones de sus hijos devotos que los ángeles han recogido en la tierra y se las ofrecen a la Señora, tal cual hace un serafín en una pequeña cesta.

Observamos asimismo, jarrones de azucenas y rosas, símbolos de la pureza de María y su maternidad divina, respectivamente. También, a un ángel que porta una palma, símbolo del triunfo de la fe; a otro que sostiene una cinta con los colores de la bandera de España, en alusión al patronazgo de la Inmaculada sobre nuestra nación; a uno que aparece de debajo del manto de la Virgen, y a otro que con cariño y ternura abraza las plantas de la Reina de los ángeles, y completando el conjunto de estos juguetones seres celestes, dos de ellos despliegan la bandera con los colores concepcionistas, la de la Calle Real, mostrándosela al mundo, pues el cielo también se engalana para este histórico acontecimiento.

Finalmente, la parte inferior del cuadro el pintor la ha impregnado de un tenebrismo para que se destaque lo que ocurre en la superior y la mirada del espectador se dirija al motivo central de la obra. En este plano se vislumbra la iglesia de la Concepción, la casa de la Virgen, donde recibe culto todo el año, enclavada en la histórica calle Real, que le da el nombre popular a su Hermandad. A ambos lados, se puede contemplar de rodillas dos elegantes ángeles de mayor tamaño, uno oferente, portando otro cesto de flores, y otro adorador, con las manos en el pecho en actitud de oración.

En el lienzo se puede apreciar un gran perfeccionismo, originalidad y creatividad, el cual ha sido pintado con la llamada técnica mixta, con acrílico y óleo. Su composición barroca nos recuerda al estilo zurbarenesco y murillesco, pero tras estudiar el autor los cuadros de esta temática de muchos pintores de ese período ha creado una obra propia y diferente, al más clásico estilo.

Reseña biográfica del pintor

Fernando Camacho, nace en 1925 en Jerez de la Frontera (Cádiz). Muy joven, ingresa en la Escuela de Arte y Oficios de su ciudad natal, y con 18 años obtiene una beca del Ayuntamiento de Jerez para ampliar sus estudios en Sevilla, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en la que estuvo cerca de tres años, no pudiendo acabar su formación. Después de haber tenido como maestros a grandes pintores de su tierra, más adelante comenzó su carrera en una cooperativa y luego en solitario. A partir de los años sesenta, comienza a intervenir en exposiciones colectivas, realizando su primera individual en el sevillano Círculo Mercantil en 1976. Desde entonces ha presentado sus trabajos en diferentes galerías de España, Europa y Estados Unidos de América, contando en la actualidad con más de 3.000 obras repartidas por varios países. Entre sus obras destacan sus famosos bodegones y temas como el paisaje o la naturaleza muerta. En 1980 se traslada a vivir a Castilleja de la Cuesta y en 1982 le conceden una Mención del Jurado en el Primer Certamen de Pintura de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid. En el 2006 lo nombran Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de nuestra capital.

 

 Fotos. Antonio Rodirguez Navarro.










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