Arte Sacro
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A través del antifaz. Inundados de Esperanza. Alberto De Faria Serrano


 A un lado y al otro lado del río se desbordan olas de fervor. A un lado y a otro de la Ronda, se escenifica la entronización del rito. Como en diciembre, convergen el verde haz de la memoria y la palpable renovación del voto y del juramento. Un voto de fe y un juramento de Esperanza. Un Arco de Pureza para un mismo sentimiento por la Madre de Dios. No es casual que coincidan en los septenarios. No es casual que nos abriguen al comienzo y al final de los fríos del invierno. Porque sí; estos días regresan los abrigos y los paraguas para abrirnos las carnes y para avisarnos que aun hay que esperar. Nada es casual a los ojos de la Esperanza. Ni la propia Esperanza es casual, sino consustancial a la condición de los creyentes. Como no hay Semana Santa sin Cuaresma, no hay Paraíso sin Esperanza.

Cada Cuaresma separan el grano de la inminencia de la paja del anticipo. Son como dos cascadas de devoción que fluyen en una sola catarata inagotable. Una fuerza de la naturaleza impregnada proporcionalmente de Pureza y de Alianza. Anclada al Altozano y al Atrio del Cielo. Sevilla es así. Tan extraordinaria que hasta

 para el Arzobispo, como antes al Cardenal Emérito, es imposible estar a los pies de ambas. Bueno ya habrá algún valiente capillita que, cual Cancellara, sortee hábilmente el verde spesbici y pueda estar en una homilía y llegue a tiempo de la otra comunión.

Los alfileres de sus mantos sostienen durante siete noches cual ángeles de la gloria de sus camarines, el pañuelo bordado de nuestra Esperanza: Solo vale mirarlas a la templanza de sus rostros únicos y el destello inequívoco de sus ojos que son solo el espejo por el cual contemplamos la vida y nuestros sufrimientos cotidianos. Poco importa que se hagan apuestas sobre cuál toca de estreno o qué manto o cual semblanza de antaño. A los Vestidores siempre les alumbra la Esperanza y al final Ellas, solo Ellas deciden qué ponerse. ¿O no? Porque noches hay muchas. Tantas como madrugadas. Pero Madrugá solo hay una y quedan veintitrés -con minúscula-. para que el río del Altozano sea Mar Abierto y el Arco Puerta del Cielo de Nuestra Esperanza.










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