Arte Sacro
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Un cielo celeste y rosa. Moisés Ruz


 Cruza mayo el ventanal mariano de la vieja Triana. La que custodia a la abuela de Dios. La misma que llena de Esperanza el puente más hermoso en la semana más corta. Barrio de costumbres que vierte su fe en el nombre de María.

El mes por antonomasia para rendir pleitesía ante la Madre de Dios perfuma el cielo trianero con un telón de luces que entrecruza los dos colores que unifican como ningún otro el amor infante en la enseñanza cristiana. Celeste, como aquella ropita que el niño recién nacido viste en el gozo de una madre que ha gestado la mejor buena nueva de toda su vida. Por otro, el rosa, aquel lacito que cuelga de la cuna de una pequeña cría que llora cada noche para retomar el abrazo materno, medicina que colma sus lágrimas. Dos tonos que resumen la crianza en el calor de ellas, de Ella.

Triana viste de celeste y rosa cada 24 de mayo para recibir al Auxilio que entronizada recibe la gracia que sólo aquí se puede alcanzar. Sí, porque en su barrio ya está en el cielo, por eso sienta, por ello espera en el reposo mejor labrado de la casa salesiana. La ‘Sentaíta’, luz bendita de cientos de miles de niños que algún día posaron un clavel a los pies de su Auxiliadora, rendidos a sus plantas.

Banderas, gallardetes, balcones que retoman sus mejores galas y pétalos que inundan de amor el paso de la Virgen acostumbran en los albores de mayo. Es una procesión con una identidad tan propia que es inconfundible y, por supuesto, incomparable. No es Semana Santa de pasiones, ni un Rocío que unifica el amor a la Blanca Paloma más ‘Chiquitita’. Ni siquiera es Gloria que airea las viejas calles del barrio que cruza el puente. Ésta retuerce lo inimaginable. Aúna todo el sentir en una misma advocación. Atraviesa la larga San Jacinto con decenas de metros de colegiales y antiguos alumnos que aunque no la observen en el horizonte comparten una misma estampa de una Virgen que no puede dudar jamás que haya nacido en Triana.

Es el faro de Don Bosco, la luz salesiana, el fervor de todo un barrio que cruza sus cuatros costados y siempre la esperan y, ante todo, una forma de vida de ejemplares trianeros que vienen triunfando en sus vidas o ya lo hicieron y que aún continúa emergiendo cada 24 de mayo para formular tan bendita locura para los alumnos que dan color al cielo de Triana que una vez más se teñirá de celeste y rosa.

Foto: Juan Alberto García Acevedo









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