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La Escolanía Nuestro Padre Jesús de las Penas en la Colegial del Conde Duque


Francisco Perejón Ortega. El pasado sábado día nueve de mayo de 2015, dentro del ciclo de música coral organizado para la restauración de la Capilla de las Reliquias de la Parroquia de Santa María de las Nieves de la villa de Olivares, la Escolanía Nuestro Padre Jesús de las Penas, de la hermandad trianera de la Virgen de la Estrella junto con la Capilla Musical Calvarium y la Capella Marcelo Sánchez Montoro, ofreció un recital de himnos y motetes cristológicos en el precioso templo que fuera colegial del estado y señorío del Conde de Olivares y, posteriormente, a su hijo Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde Duque de Olivares y primer ministro de España, magníficamente representado por Velázquez en la obra que se conserva en el Prado y que se realízó para el salón de reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid.

Este templo, situado en la bella plaza en que se halla el palacio renacentista de los Guzmán, de severa traza y alzado, pero de proporciones y ajuar bellísimos, cuenta con los dos espacios reservados al cabildo colegial, a saber, el coro, en los pies de la nave central y la sala capitular, actual despacho del párroco.

Por esta razón y, como recuerdo y sencillo homenaje a los que fueran canónigos de este templo y al culto y la música que durante siglos allí se interpretó en el oficio divino, la escolanía se situó dentro del coro y entonó salmos y cánticos al modo gregoriano y polifónico emulando las horas canónicas de otros tiempos.  Para ello, el facistol se encontraba adornado con los libros corales que se usaran en otra época y se utilizó el viejo órgano barroco de tubos de la parroquia, al que dio vida el organista Francisco Javier Gómez Mancilla. Junto a los escolanos participó la Capella Marcelo Sánchez Montoro y la Capilla Musical Calvarium que ofrecieron en la segunda mitad del concierto un repertorio de motetes para voces e instrumentos.

El acto terminó con la entrega de unos recuerdos a los intérpretes por parte del párroco José Francisco García y contó con la participación de muchísimas personas que abarrotaron el templo en plenas jornadas del Barroco.

La ubicación de los niños en el coro de la colegial dejó estampas bellísimas, cargadas de misterio y de la solemnidad conventual de que gozó este templo durante siglos.