Reflexiones de Adviento del Delegado de Cofradías, Marcelino Manzano. Tercer Domingo
La liturgia del Tercer Domingo de Adviento está sembrada de llamadas a la alegría. Por eso, en la tradición litúrgica de la Iglesia se ha conocido éste como el Domingo de "Gaudete", según el mensaje de la carta a los Filipenses (4,4-5) que figura en el Misal Romano como antífona de entrada y, asimismo, forma parte del texto de la segunda lectura del día, diciéndonos que el Señor esta cerca. No te extrañes si hoy ves al cura vestido con una casulla rosa. No es la ultima moda, sino que es una tradición vestir en este Domingo (como en el Domingo V de Cuaresma, el Domingo de "Laetare", ya sabes, cuando es el Cabildo de Toma de Horas) con un, diríamos, morado más aliviado, un alivio dentro de la penitencia y conversión que nos pide el Adviento. El Señor, a través de la liturgia de la Iglesia, nos hace hoy una llamada a la alegría. Ya no solamente nos invita a prepararnos a la Navidad mediante un cambio de vida y de mentalidad, sino que se nos invita a prepararnos con alegría porque el Salvador está cerca.
Esta debe ser la actitud cristiana: la alegría que se experimenta desde la esperanza, de tal manera que de esa forma nunca se teme al Señor, no debemos tenerle miedo, ya que ante Él y por Él nos llenamos de alegría, el auténtico gozo que nada ni nadie nos puede quitar. Nuestro encuentro definitivo con el Señor, cuando sea, debe tener como identidad esa alegría. Ya sabemos que la alegría es un signo de la paz verdadera, de un estado de serenidad, de sosiego, de confianza. De ahí que nuestro encuentro con el Señor debe estar enmarcado en la serenidad y la confianza de encontrarnos con Aquél que nos llama a vivir en plenitud. Mas que nunca debemos tomarnos en serio la alegría, que no sólo es cosa de niños, sino de todos. Sin alegría, no somos humanos, nos falta algo esencial. ¡Qué bien lo entiende Sevilla cuando cada Madrugada llena el Viernes Santo con la alegría de la Esperanza!
También nos encontramos en el Evangelio de hoy con la llamada a la alegría de Juan el Bautista. Es una llamada diferente, extraña, pero no menos verídica: es el gozo o la alegría del cambio, de la conversión El mensaje del Bautista es bien concreto: el que tiene algo, que lo comparta con el que no tiene; el que se dedica a los negocios, que no robe, sino que ofrezca la posibilidad de que todos los que trabajan puedan tener lo necesario para vivir en dignidad; el soldado, que no sea violento, ni reprima a los demás. Estos ejemplos pueden multiplicarse y actualizarse a cada situación, profesión o modo de vivir en la sociedad. Juan pide que se cambie el rumbo de nuestra existencia en cosas bien determinantes, como pedimos y exigimos nosotros a los responsables el bienestar de la sociedad. No es solamente un mensaje moralizante y de honradez, que lo es. Es, asimismo, una posibilidad de contribuir a la verdadera paz, que trae la alegría.
¿Somos los cofrades capaces de vivir la alegría del Señor y de transmitirla? Porque de ello dependerá la credibilidad de nuestra peculiar y hermosa forma de vivir y celebrar la fe. De nada nos servirá ser cofrades si no llevamos a los demás la alegría de amar a Jesucristo.
Foto: Juan Alberto García Acevedo.