La Buena Muerte de Sevilla versus la atrocidad de estas muertes. Mariano López Montes
He decidido escribirte estas notas que dicta mi pensamiento, en primer lugar como reconocimiento y solidaridad de este sevillano de a pie que ya en varias ocasiones ha tenido la oportunidad y la satisfacción de acompañarte y enseñarte a mi manera estas páginas ocultas y desconocidas de esta ciudad que tanto amas desde la distancia de tu Universidad parisina. Eres una sevillana mas de adopción como otros que sin nacer aquí nos ven y analizan, sienten y la mayoría de las veces comparten nuestras tradiciones sentimientos devociones y costumbres como propias. Esta ciudad que tanto amas también es parte de ti, pues me consta que en tus investigaciones, has sabido calar en el alma y la esencia de lo autentico del ser sevillano.
Hoy desde esta Sevilla calurosa del verano y después de haber vivido desde, a distancia esas muertes de inocentes, vacías, carentes de sentido, en nombre de un Dios terrible y vengativo en que no creemos, esa muerte horrible y desgarradora que siega con su guadaña cualquier clase de fundamentalismo y terrorismo.
Quiero enseñarte otra historia, otra página de nuestra historia y realidad cofrade, que teniendo como centro la propia muerte, esta vez es hermosa y llena de sentido. Ocurre cada Martes Santo a eso de las cuatro y media de la tarde desde la misma Universidad, y más concretamente desde su propio Rectorado, cuando las gentes de esta ciudad y otros foráneos se apiñan alrededor de unos nazarenos silentes, que desde su propio silencio anuncian a voces la Buena Muerte de su Cristo, no harán falta trompetas ni fanfarrias, ni oros, dorados y oropeles para representarla, pues este Cristo dice su lección magistral desde el silencio y el propio sentimiento que transmite a su paso. Su cuerpo muerto colgado del madero, sigue representando más que esa muerte dramática y llorada de otros tiempos, o esta mas actual aséptica lejana y un tanto distante de los modernos tanatorios, donde el fenómeno de la muerte muchas veces pasa a un segundo plano y predomina el hecho social y cultural del propio cumplimiento. Esta muerte que cobra vida cada Martes Santo y es una muerte que está llena de vida, porque irradia amor, bondad, compresión y entendimiento a todos los que le contemplan, valores propios de nuestra propia humanización, contrarios al odio, la irracionalidad, el genocidio y todas las connotaciones peyorativas y también humanas que provocaron las muertes de Niza.
Que por muchos años nuestras imágenes titulares sigan teniendo a la vez esa unción sagrada, pero a la vez humana o humanizada que nosotros los antropólogos llamamos "Antropocentrismo". Núñez de Herrera allá por el año 1934 en su libro "Semana Santa, teoría y realidad" afirmaba: "Mas que confiar en los Dioses, la gente lo que tiene es confianza en ellos. Eso es lo grande. Dios viene a ser aquí lo que será en efecto. La suprema simpatía.
Que la "Liberté, égalité y fraternité que nació de vuestra propia Revolución, la comprensión y la paz predominen de una vez por todas sobre el odio, el racismo, el fundamentalismo de cualquier signo, el terrorismo y la guerra, pues estos por juntos o por separados son las comadronas que actualmente traen a este mundo actual o a "esta aldea global como a veces se le denomina, la irracionalidad de estas muertes.
En una nueva Primavera cuando el Sol no achicharre como ahora y sea luz que refleje los cielos azules de Sevilla, e ilumine las viejas piedras de la antigua Universidad, El Cristo de la Buena Muerte seguirá saliendo a esta su Sevilla y en la oscilante luz de sus cuatro hachones y en su monte hecho de lirios morados seguirán viviendo en el recuerdo y el sentimiento, las victimas de toda esta sin razón.
Dedicado a Antoinette Molinié. Directeur de recherche au CNRS, Laboratoire d'ethnologie et de sociologie comparative/ Université de Paris.
Mariano López Montes.
Foto: Mariano López Montes.