Fallece la monja que hizo rezar a toda España en televisión
IVICON. Cristina Kaufmann, carmelita descalza del monasterio de la Inmaculada Concepción de Mataró (Barcelona), falleció el pasado martes, 18 de abril, a los 67 años de edad, víctima de un cáncer detectado un mes antes. La religiosa contemplativa se hizo muy conocida cuando en mayo de 1984 fue entrevista por la periodista Mercedes Milá en un programa de televisión en el que, con total naturalidad y espontaneidad, rezó a través de la pequeña pantalla para todos los telespectadores.
“Ha muerto como ha vivido, dulce y silenciosamente”, declaró a la agencia IVICON la hermana Elena, una de las monjas del monasterio. “No ha sufrido”, añadió. Cristina Kaufman mantuvo la lucidez hasta el último momento de su vida y, según cuenta otra religiosa, se despidió de la comunidad monástica cuando dijo haciendo un tremendo esfuerzo: “Me gustaría poder deciros una cosa a cada una, pero no tengo fuerzas”. Y sin abrir los ojos, añadió: “Os digo una sola palabra: Dios es Amor”. Después añadió con mucha dificultad: “Soy muy pobre, me siento pobre, pero tengo a Dios y os doy a Dios; Dios es un Misterio”. Falleció a las 22:45 horas del martes de Pascua y fue enterrada ayer, jueves de la octava de Pascua.
Cristina Kaufmann había nacido en Baden (Suiza) el 19 de octubre de 1939. En su país descubrió la vocación carmelita, que después quiso plasmar en la tierra de santa Teresa de Jesús. Por este motivo llegó a España y, tras pasar dos cortas temporadas en Barcelona, en marzo de 1964 ingresó en el monasterio de la Inmaculada Concepción de Mataró, donde emitió la profesión religiosa el 15 de septiembre de 1965.
Autora de numerosos artículos y publicaciones, entre sus escritos destaca el libro titulado “El rostro femenino de Dios. Reflexiones de una carmelita descalza”, publicado por la editorial bilbaína Desclée de Brouwer. En la revista de vida religiosa CONFER publicó en el último número del pasado año (octubre-diciembre 2005) un artículo titulado ‘Experiencia de Dios y vida consagrada: el Dios escondido’.
En la conclusión de su reflexión se puede leer: “Callar de Dios para poder hablar de Dios; callar nuestros discursos repetitivos y que no dicen a la gente, discursos de formas de vida que ya no son inteligibles a la mayoría, teorías piadosas que repetimos pero ni siquiera a nosotros nos sirven en lo concreto de cada día. Pero también ‘hablar de Dios’ para poder callar de Dios. Pensar a Dios y comunicar el pensamiento…, alimentar nuestro movimiento hacia Dios con el esfuerzo del estudio, de la confrontación con otros pensamientos que nos lleven más y más al silencio de la reflexión personal y a la contemplación afectiva. Todo ello, tal vez, imprima en nosotros un ritmo más quedo. Podremos ser puntos de referencia donde aparezca el misterio del ser y mengüe el ruido del aparentar”.