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Fiesta local en Gines para acompañar a la hermandad. José María de la Hera. Diario de Sevilla.


María tiene cinco meses de vida y asiste profundamente dormida a su primer Rocío, vestida ya de flamenca. Sigue los pasos de su hermana mayor, que le saca 11 meses. Su madre, María Jesús, inculca desde la cuna la devoción que distingue a Gines de entre otros muchos pueblos de la provincia. Como antes hicieron con ella, aunque reconoce que empezó a hacer el camino hace cinco años. Antes, siempre acudía a las paradas de su hermandad.

Gines partió este martes hacia la aldea almonteña acompañada por un millar de peregrinos, 15 carretas, un centenar de remolques y más de 60 vehículos todoterreno. Fue fundada en 1928 y ocupa el lugar número 15 en la relación de filiales de la matriz de Almonte.

No es extraño, por tanto, que el Ayuntamiento declare fiesta local el día que sale Gines para que los vecinos puedan disfrutar con su hermandad durante todo el recorrido. Al menos, por las calles del pueblo.

Es lo que hicieron Manuela Gutiérrez y Antonia Heredia. "Ambientar" y "dar colorido" con sus trajes de volantes. Aunque viven en Sevilla, Gines, donde tienen fijada su segunda residencia, es como su pueblo. Y no faltan ningún año, aunque sólo sea mientras el cortejo recorre el municipio. "Hemos hecho el camino con Triana y Villamanrique, pero nunca con Gines", explican.

Quien se estrena este año es Sergio Ramírez, de 4 años. Ataviado a la vaquera, es el único ocupante de un charré que toma la calle Pío XII, donde se forma un pequeño atasco rociero entre caballos, carruajes y romeros a pie. La aglomeración de público se dispersa momentáneamente cuando empieza a llover con más intesidad y la gente busca refugio en los portales de las casas. "Hay que ver que siempre llueve para las fiestas", se lamenta una vecina que se ha guarecido bajo el toldo de Golosinas Ramírez.

En cualquier caso, la fina lluvia fue cesando a lo largo de la mañana y no malogró el lucimiento de la hermandad. Algunos caballistas utilizaron el capote ya el primer día y los sombreros de ala ancha se pusieron a buen recaudo.

Como la peste equina dejó el Rocío sin caballos, la lengua azul hizo lo propio con los bueyes el año pasado. Este 2006, por fortuna, las yuntas vuelven a conformar una de las estampas más típicas de la romería. Muchos de estos animales pastan todo el año en Gines.

Rafael Rodríguez es uno de los carreteros de la hermandad. "Desde hace 15 años, y tengo 25", apunta el joven. Solución: desde que tenía 10. Una cifra que no extraña si se ven pasar a algunos de los carreteros, que apenas alcanzan a la cabeza de los bueyes. Además, Rodríguez añade que su primer Rocío lo hizo cuando tenía nueve meses de edad.

Como cada año, la hermandad de Gines salió acompañada por la de Las Palmas de Gran Canaria, una de sus ahijadas, el día que precisamente se celebraba la fiesta de esa comunidad autónoma. Destacó el exorno floral de la corporación de las islas, uno de los más exóticos y atractivos de cuantos acuden estos días al Rocío. La carreta de dosel, que circulaba unos metros por detrás de la anfitriona, iba adornada con kiwis, naranjas, uvas y mazorcas de maíz, entre otros frutos.

Paco Herrera, diputado de cultos y capiller de la hermandad de Las Palmas de Gran Canaria, explica que son ya 30 años caminando junto a la gente de Gines. Más de cien canarios se desplazaron el pasado domingo para peregrinar a la aldea almonteña.

En la esquina de la avenida de la Concordia, el simpecado recibe un ramo de flores. Otro más, de los vecinos que tienen que contentarse con aguardar el regreso. A las 13.30, el cortejo enfila la carretera de Bormujos cruzando la avenida de Europa, donde un cartel del Ayuntamiento asegura que Gines es "el desarrollo de un sueño". De momento, los rocieros hacen realidad el sueño más ansiado durante todo un año.

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