Más bonito, pero más incómodo. Carlos Navarro Antolín. Diario de Sevilla.
A las 6.15 hay gente esperando en la calle Rodrigo Caro. A las 7.40 se oye el siguiente comentario por la calle Guzmán el Bueno: "Este frío no es normal". La gente busca a la Virgen, pero sin mucha orientación por aquello de la novedad del recorrido. Las rutinas anteriores no valen. Los esquemas están cambiados. Los carráncanos salen al alba, acompañados por la melodía de los vencejos, el ave más capillita de todas. No se pierde una. La Plaza de la Alianza –oficialmente de Indalecio Prieto aunque el rótulo no se haya cambiado aún– es el lugar más cotizado porque en ese lugar se anuncia que se oirán los violines y cornetines de la Banda Municipal, sinfónica desde hace poco tiempo. El cortejo sufre muchos cortes. Se deshace. Dicen los expertos en logística de comitivas que la Banda Municipal llegó diez minutos tarde, a las 7.45, lo que provocó que la salida fuera algo precipitada para lograr que el paso estuviera a las ocho en punto bajo la Puerta de los Palos.
La enorme pantalla de televisión de un pequeño hotel de la calle Rodrigo Caro sirve para localizar el paso y aliviar la espera. Al lado del monitor, un gran cartel: Desayunos, petit dejeuner, breakfast. Más viento frío baja por la calle Consuelo. En la retransmisión se ve cómo la Virgen se ha parado delante del Palacio Arzobispal y es vuelta hacia la presidencia eclesiástica. Se oyen todo tipo de interpretaciones sobre este giro. "Mira, se da la vuelta entera". "Es para que la vea el cardenal, que va detrás". "No, no. Se para tres veces porque es una procesión de tercia". Ni uno acierta. Se alternan las miradas a la televisión y a la cartelería para turistas. El palio de tumbilla asciende ya por Mateos Gago, libre de coches aparcados en el primer tramo. Flamenco tickets on sale here.
La Banda Municipal, efectivamente, interpreta La Estrella sublime con violines justo antes de llegar a la Plaza de la Alianza. Una delicia que ya muchos conocían por la grabación en cd. Es cierto que los violines se pierden en la calle. Sólo lo disfrutan las primeras filas. Pero merece la pena. Ya en la plaza tocaron La Esperanza de Triana. Esta banda vive un revulsivo con su director al frente, Francisco Javier Gutiérrez.
La Virgen por Rodrigo Caro es una delicia para los capillitas que buscan la única fila posible, pegados a la pared, como si se tratara de Alcaicería o del mítico tramo de Francos. La estrechez de esta calle le sienta muy bien al paso. Es una estampa de gran belleza. La Virgen trae una cohorte de cangrejeros con cámaras digitales que se confunden entre los chaqués de la Real Maestranza y el cuerpo de canónigos. Hay quienes ni se callan al llegar la Patrona. Han estado de tertulia desde que cogieron sitio una hora antes, defendiendo la posición como si de un cortijo heredado se tratara, y ahora tampoco saben guardar silencio. Debe ser un habla convulsiva. Despellejan a todos los miembros del cortejo y parte del público de la acera de enfrente. Son los mismos que, una vez acomodados en un sitio, no le ceden el paso a nadie y encima se quejan de las vallas que instala en el Ayuntamiento por buena parte del recorrido. Y también son los mismos que se meten con las corbatas de los chaqués de los representantes del Consejo de Cofradías. "Parece que van a una boda". Puro colmillo. Y no precisamente de periodista. Uno de los consejeros, por cierto, tenía la tez muy blanca, tonalidad Calvario por Castelar. Efectos del madrugón.
El nuevo recorrido es de mayor belleza. Es indudable. Pero no es cómodo para el público. O, al menos, no tanto como el itinerario acostumbrado de la vuelta completa a la Catedral. Cuesta más llegar a las calles y hay menos zonas abiertas. La Plaza del Triunfo se convirtió en el principal recurso de quienes no pudieron hacerse con hueco por Santa Cruz. En esta plaza se produjeron demasiado tapones. Mucha gente se quedó atascada en el Patio de Banderas. Se notó la falta de la amplitud de la Avenida de la Constitución.
Pasa la guardia municipal de gala. El primer agente luce la medalla de la asociación de fieles de la Patrona. El paso entra en la Plaza de la Alianza, donde hay morbo por fotografiar al alcalde con el rótulo pendiente de sustitución. Los concejales sonríen, incluido Jaime Raynaud, del PP, que tuvo agallas para participar en la procesión en su sitio de edil raso después de lo que le llovió en el mes de junio en su propio partido. Allí estaba.
Sonríe a todos el candidato andalucista. Sonríe el alcalde a quien le sonríe. Unos llevan la almohada señalada aún en la cara, otros buscan rostros conocidos para aliviar las paradas. Quizás alguno añore el café que ofrecía Rojas Marcos, siendo alcalde, en la terraza del Hotel Doña María al término de la procesión. Entre los canónigos, fiel a la cita, Francisco Gil Delgado. La capa de las estrellas del vicario general, preciosa. Los maceros de ambas corporaciones son motivo de chanza también para los reñidos con el silencio. "Mira, aquel parece una sota". Estos parlanchines deben ser insufribles en un concierto o en una plaza de toros. La banda militar, lo que queda del Soria 9, pareció algo rácana en las interpretaciones. Por Santa Cruz se le oyó, sin mucho entusiasmo, una interpretación de Coronación de la Macarena. ¿No podría tocar algún año la Banda Municipal tras el paso de la Virgen?
Cuando pasan los músicos militares, el público de las últimas filas huye. Y lo hace vociferando, lo que rompe el silencio de la comitiva. Tanto que hasta el cardenal gira levemente la vista. Cuando la masa se ha alejado buscando la media tostada, llega uno de los sonidos rituales de cada 15 de agosto: las pisadas del escuadrón militar con los cabos gastadores por delante. Estos soldados de mirada fija y elevada vienen a ser como los penitentes que forman detrás de un paso de palio. Qué pocos se quedan a verlos pasar. Para muchos son como si no existieran.
La procesión se alarga. La Plaza del Triunfo está llena de fieles. Le da el sol a la Virgen en la tercera y última posa. Melodía de antífonas. El estandarte de la Sacramental del Sagrario busca ya la Puerta de los Palos. Esto se acaba. Pero este año dura varios minutos más. Casi un cuarto de hora más. La plaza Virgen de los Reyes parece la plaza mayor de un pueblo cuanda acaba la procesión. Es un nido de tertulias y paseantes. La Virgen ha entrado entre una nube de incienso a las 9.43. Todos buscan ya el desayuno. Pero con olive oil. Casi como el cartel para turistas.