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Texto íntegro de la homilía que pronunció el cardenal arzobispo de Sevilla en la Eucaristía con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen


Arte Sacro. Reproducimos a continuación el texto íntegro de la homilía que ha pronunció en la mañana de ayer el cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo, en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Sevilla con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen.

HOMILÍA:

1. ¿Por qué hemos venido esta mañana a acompañar en su fiesta a la Virgen María? Porque ella es de nuestra familia. Con Jesucristo, su Hijo y nuestro hermano, lo más noble, santo y querido de la casa de nuestra fe. Después al contemplar la bendita imagen de nuestra Señora de los Reyes saliendo por la puerta de Palos hemos dicho: ?Esto es lo más grande! Con esta expresión, tan sentida como popular, se quiere decir la profunda y sincera devoción que se tiene por la Madre de Dios, por la Santísima Virgen María, a la que hoy, en esta solemnidad de su Asunción en cuerpo y alma a los cielos, nosotros invocamos con el querido título de nuestra Señora de los Reyes.

Por otra parte, el pueblo no hace sino tomar las palabras de la liturgia y decir a su modo el texto de la Escritura: ?Tu eres la gloria de la Iglesia, la alegría de nuestro pueblo, lo más grande de nuestra familia! (Cf. Judit 15, 9).

2. Quizás esta mañana tengamos, al mismo tiempo, unos sentimientos de alegría y, también, algo de tristeza. El gozo proviene de ver contigo a tu familia alabando juntos a la Virgen de los Reyes. La tristeza puede llegar a causa de los que no están aquí, pero que tu tienes muy cerca de tu afecto. No han muerto. Son los tuyos, a los que con tanto esmero educaste en el amor a Cristo y a la Virgen, pero que se han apartado de la práctica de la fe. Nada quieren saber de Dios. No se dejan mirar por los ojos misericordiosos de la Madre de los Reyes. No te preocupes, que si ellos no quieren mirar a Dios, el Señor, por los ojos de su Madre misericordiosa, velará constantemente por ellos.

3. María Santísima de los Reyes ¡Tú eres la honra de nuestro pueblo, el honor de nuestra familia! ¡Que lección tan admirable sobre la familia cristiana nos ha dado Benedicto XVI en su viaje pastoral a Valencia!

La familia es una garantía para la salvaguarda de las mejores tradiciones. Por eso, reconocer y ayudar a la familia es "uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana" (Homilía 9-7-06).

 La familia es la mejor educadora e insustituible transmisora de la fe y de las más apreciadas virtudes humanas y cristianas: "el amor entre el padre y la madre ofrece a los hijos una gran seguridad y les enseña la belleza del amor fiel y duradero. (...) Si los hijos ven que sus padres viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana (...)  La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud pastoral por este espacio fundamental para la persona humana" (Encuentro 8-7-06).

Por su parte, los padres tendrán que renovar su fe para que puedan transmitir a sus hijos la fe de la Iglesia. Como Iglesia doméstica y comunidad de vida y de amor, es una garantía de fidelidad a Dios y de servicio a la humanidad. "La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad" (Homilía 9-7-06).

4. En esta solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María se "ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amor" (Benedicto XVI. Homilía de la Asunción. 15-8-05).

¡Dios no oprime nuestra vida, sino que la eleva y hace grande! Algunos podrían pensar: "Este Dios no nos deja libertad, nos limita el espacio de nuestra vida con todos sus mandamientos. Por tanto, Dios debe desaparecer; queremos ser autónomos, independientes. Sin este Dios nosotros seremos dioses, y haremos lo que nos plazca. (...) Cuando Dios desaparece, el hombre no llega a ser más grande; al contrario, pierde la dignidad divina, pierde el esplendor de Dios en su rostro. Al final se convierte sólo en el producto de una evolución ciega, del que se puede usar y abusar. Eso es precisamente lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época" (Ib.).

Quien piensa en Dios y está con Dios no teme la agresividad del descreimiento sino que pone su seguridad en la fe recibida. Ante la tentación de ineficacia y esterilidad de la fe, vive en una esperanza activa en compromiso y fidelidad. Ante los desafíos de la historia, ofrece la fuerza y la actualidad de la Palabra de Dios. En el riesgo de la soledad y de la indiferencia, reconoce en la Iglesia la comunidad fraterna que acoge y protege. Ante una cultura del egoísmo, de la opresión consumista del materialismo siente la generosa providencia de Dios. Cuando quiere llegar el engaño del subjetivismo y de actitudes evasionistas, acepta la voluntad obediente al Padre y ofrece la sobreabundancia de gratuidad y de amor fraterno. Ante la falta de modelos de referencia, contemplar siempre a María, figura y Madre de la Iglesia.

5. Dios es siempre la más valiosa de las garantías, el mejor aval con el que se puede apoyar el hombre para poder vivir con dignidad, para tener una ley justa, para seguir unos comportamientos leales, para una más que apreciable valoración de la persona y de la vida.

Dios en la vida privada y en la vida pública. No es un enemigo, Es una garantía de comportamientos justos y de actitudes nobles, de compromiso permanente por la paz, los derechos de las personas, la solidaridad humana y la caridad fraterna.

Para todo ello, habrá que conocer a Dios, hablar con Dios, contar con Dios. María, la Virgen Santa, nos ha facilitado el camino al ofrecernos a su hijo Jesucristo, presencia y palabra viva de Dios.

"María - nos dice el papa Benedicto XVI -  vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo" (Homilía de la Asunción 15-8-05).

6.  Hoy contemplamos a María elevada al cielo en cuerpo y alma. Gran consuelo es el que nos produce la fe en este misterio: si María está en el cielo, está más cerca de nosotros, más dentro de nosotros. "Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como "madre" ‑así lo dijo el Señor‑, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros" (Ib.).

7. Nuestra familia, la de la Iglesia de Sevilla quiere celebrar esta gran fiesta de la Madre. Con tan Santa Señora se sienta a la mesa y será la bendita Madre de Dios la que nos prepare el pan. Primero se lo presenta a su hijo Jesucristo, el mayor, el primogénito. Él lo bendecirá y lo recibiremos después como alimento venido del cielo. Si la Eucaristía es la memoria más viva de la pascua del Señor, que la comunión en el pan y vino consagrados sean el mejor regalo que podamos hacer en su fiesta a nuestra Madre, a nuestra madre Señora de los Reyes.

Sevilla 15 de agosto de 2006

Fotos: Juan Alberto García Acevedo.

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