Entre besos y oraciones: inician los cultos en honor a Nuestra Madre de la Merced
Fco Javier Montiel. Madre de la Merced, que en el umbral de septiembre abres tus manos para recibir el beso de tus hijos: hoy, al iniciarse los cultos en tu honor, queremos detenernos en el silencio que deja tu mirada. En este besamanos con el que la Hermandad de Pasión rinde sus primeros homenajes, no solo se acerca la piel a la imagen, sino el alma a la misericordia que encarnas desde tus orígenes mercedarios.
Tú, que naciste devocionalmente en la Casa Grande de la Merced y hoy acompañas al Cristo de Pasión en su camino hacia el Calvario, sabes lo que es redimir con ternura. Cada mano que se inclina sobre la tuya es un cautivo que se entrega, no a cadenas, sino a la libertad de sentirse hijo. En ese gesto sencillo del beso late toda una teología del amor: reconocer que necesitamos de ti para aprender a amar como tú amas.

Madre de la Merced de Pasión, en este besamanos te pedimos que nos enseñes a besar la vida con respeto, aunque duela; a besar la cruz con confianza, aunque pese; a besar al hermano con verdad, aunque cueste. Que estos cultos que hoy comienzan no sean solo ritos en el calendario, sino un triduo interior de conversión, donde cada oración nos devuelva a lo esencial: estar contigo junto a tu Hijo.











Tus cultos inician en septiembre un camino que culmina en tu fiesta, cuando la Iglesia celebra tu nombre y tu misión de misericordia. Pero ya ahora, en el primer contacto de los labios con tu mano, empieza a obrarse el milagro: el corazón se ablanda, la memoria se llena de rostros queridos, y la esperanza se hace más firme.





Que en estos días de besamanos y triduo, Madre, nos cubras con tu manto de Merced y nos lleves de la mano hasta la Pasión de tu Hijo, sin miedo, sin prisas, sin máscaras. Que cada “Dios te salve, María” sea un paso más hacia esa libertad interior que solo se alcanza cuando se ama con el corazón abierto y las manos tendidas.





Así, al terminar este besamanos, no nos vayamos igual que vinimos: que el beso dejado en tu mano se convierta en beso dado al mundo, en gesto de paz, en caridad concreta, en vida entregada. Porque tú, Virgen de la Merced de Pasión, no solo recibes besos: los devuelves multiplicados en gracia, en consuelo y en fuerza para seguir caminando.


Fotos: Fco Javier Montiel.