Estrenada la película "Luis León, capataz. Al Amor por la Esperanza"
Arte Sacro. El Cine Cervantes ha acogido este jueves, 15 de octubre, el estreno de ‘Luis León, capataz. Al Amor por la Esperanza’, la película dirigida por Carlos Colón con realización y edición de Carlos Valera que rescata la memoria de un hombre irrepetible, protagonista directo de la revolución de los hermanos costaleros.

Su voz tronante, su personalidad arrolladora y aquel temperamento inconfundible hicieron de Luis León Vázquez, el «Zorro Plateado», una figura irrepetible de la Semana Santa de Sevilla. Pero detrás del capataz de carácter firme había un hombre de profundas devociones, capaz de emocionarse delante de un paso y de mimar a sus costaleros hasta hacerles sentir unos elegidos.
La pantalla del viejo cine Cervantes ha acogido el estreno en doble sesión de esta cinta, promovida por las Hermandades del Amor y de la Macarena como eterno homenaje a la trayectoria de quien marcó una época y dejó su sello en dos devociones que fueron el centro de su vida.
De la Borriquita al Cristo del Amor
Desde niño sintió la llamada de la Semana Santa y pedía a sus padres la túnica blanca de la Borriquita. Con el tiempo, ya delante de sus pasos, Luis León acabaría convirtiéndose en la representación viva del espíritu de la Hermandad del Amor, desde la alegría de la Entrada en Jerusalén hasta la sobriedad del Santísimo Cristo del Amor.

Delante del paso de la Borriquita parecía un niño. Ante el Crucificado del Amor, en cambio, se le transformaba el rostro: sólo tenía ojos para su Cristo, del que llegó a ser custodio y al que dedicaba horas de cuidado con la brocha y el plumero. Formó parte de la Junta de Gobierno del Amor en distintas etapas, pero nunca fue hermano mayor. Prefería su martillo, su gente y su Cristo.
Pionero de los hermanos costaleros
La película sitúa su figura en uno de los grandes cambios de la Semana Santa sevillana: la transición del costalero profesional a las cuadrillas de hermanos. El 14 de mayo de 1972, Luis estuvo al frente de la que está considerada como la primera cuadrilla de hermanos costaleros que sacó un paso en Sevilla, la de la Virgen de las Aguas, en el Salvador. Los ensayos se realizaban en el interior del templo, bajo la supervisión del entonces cura párroco don José Gutiérrez Mora.
Su papel sería también decisivo en el Amor y en la Macarena. La cinta recuerda, además, las tensiones que rodearon el estreno de la cuadrilla de hermanos costaleros del Señor de la Sentencia en 1977, con la Centuria Macarena rodeando el paso en la Encarnación para impedir que aquellos «niños» salieran del paso para ceder su sitio a la cuadrilla de Rechi. En 1978 llegaría la cuadrilla de la Esperanza.

Enamorado de la Macarena desde niño, cuando la veía pasar bajo su casa, Luis llevó durante dieciocho años la Cruz de Guía de plata de la hermandad y fue fundador, en 1976, de la cuadrilla de la Virgen del Rosario.
El capataz que veía respirar a la Macarena
Luis León imprimió un estilo propio al andar de los pasos de la Macarena, basado en la elegancia, la pureza y la armonía. Quería que las bambalinas «besaran los varales, que no se pelearan». Su manera de mandar no consistía únicamente en dar órdenes: sabía transmitir a los costaleros su fe por la Esperanza y hacerles sentir parte de algo extraordinario. “Sangre verde”.
Los testimonios de capataces como Antonio Santiago, Rafael Ariza, Manuel Villanueva y Carlos Villanueva contribuyen a reconstruir la personalidad y la influencia de un hombre que, como él mismo decía, no era de muchas palabras, pero que se crecía cuando se ponía delante de un paso.
Pese a recibir otros ofrecimientos, solo fue capataz de sus devociones. Luis nació para ser capataz del Amor y de la Esperanza, «capataz de Dios y de la Madre de Dios», como le gustaba decir. En 2001 se retiró de los martillos, coincidiendo con la despedida de Joaquín Sainz de la Maza como hermano mayor de la Macarena.

Luis León murió en 2020, en plena pandemia. La película recupera ahora su memoria y reivindica su lugar en la historia de la Semana Santa sevillana. El Amor y la Macarena se unen para recordar a un hombre que convirtió su vocación en legado.
Pasarán generaciones, pero su recuerdo seguirá vivo en las trabajaderas del Amor y de la Esperanza. Porque Luis León nació para ser capataz de sus devociones y dejó una huella que el tiempo no podrá borrar.
Fotos: Eduardo Castro