Provincia. Castilblanco de los Arroyos entrega la Medalla de Oro de la Villa a Nuestra Señora de la Amargura en su cincuentenario
Manuel Pinto Montero. Los hermanos de Padre Jesús tardaran en olvidar la tarde del pasado sábado 17 de octubre cuando conmemoraron los cincuenta años de la llegada de su dolorosa, Nuestra Señora de la Amargura, para acompañar cada mañana de Viernes Santo a Nuestro Padre Jesús Nazareno y formar parte de la historia y devoción mariana de este pueblo blanco de la sierra sevillana.
Con motivos de este Cincuentenario la Hermandad ha preparado numerosos actos y cultos conmemorativos en honor de la Santísima Virgen de la Amargura. Pero sin duda el más esperado por todos los devotos y cofrades tuvo lugar en este tercer sábado del mes de octubre. Aunque las previsiones meteorológicas no eran las más favorables los hermanos esperaban impaciente alguna noticia en una tarde de ensueño. A las cinco y media de la tarde, hora prevista para el inicio del traslado de la Virgen de la Amargura a la Plaza de San Benito para presidir la solemne Eucaristía, comenzaba las primeras gotas a caer bajo un cielo amenazante y con el sonido de la tormenta. Finalmente, tras una hora de espera, se decidió sus pender el traslado y celebrar la misa en el interior del Templo del Divino Salvador.
A las siete de la tarde se inició la Eucaristía en una Parroquia llena de fieles que esperan vivir un momento histórico. Cuando finalizó la Misa, tras el rezo de la salve, se inició el acto civil de imposición de la Medalla de Oro de la Villa de Castilblanco de loa Arroyos a Nuestra Señora de la Amargura por la devoción que estos cincuenta años ha suscitado entre los vecinos. Para este momento se colocó a la bella dolorosa en el nave central, durante la Eucaristía había estado en el lateral derecho. Tras el largo discurso del Hermano Mayor y las palabras del Alcalde recordando la llegada de la Santísima Virgen, leía el acta del Pleno en el que se concedía por unanimidad la Medalla de la Villa. Pasaban unos minutos de las nueve de la noche cuando el Alcalde impuso la Medalla en el pecho de la dolorosa nazarena.
Tras este acto se organizó, de una manera extraordinaria la gloriosa procesión de Nuestra Señora de la Amargura. En apenas unos minutos se iniciaba la salida del cortejo compuesto por hermanas con mantillas y Hermandades de pueblos cercanos y de la propia localidad. A las nueve y veinticinco se levantaba el paso de palio y provocaba los primeros momentos de gozo de los hermanos que entre piropos la acompañaban. Sonaba “Amargura” por la Banda de Nuestra Señora del Valle de Burguillos mientras atravesaba la nave central.
De rodillas abandonaba la Parroquia del Divino Salvador sobre las nueve y media de la noche. Entre vivas, aplausos y lágrimas la Virgen de la Amargura se encontraba en las calles de su pueblo con una Plaza de la Iglesia llena de fieles que no quisieron perderse este histórico momento. La Virgen de la Amargura salía a las calles de Castilblanco con la luna como testigo en una noche de devoción con una luz muy distinta a la habitual de la mañana del Viernes Santo.
Con su nueva marcha “50 años de fe” de Francisco Pizarro, la Virgen de la Amargura caminaba los primeros metros en su gloriosa procesión. Nuestra Señora de la Amargura es obra de Antonio Eslava Rubio, bendecida el 14 de agosto 1976. Para esta ocasión la Santísima Virgen lució saya bordad y manto de terciopelo granate. Sobre sus sienes portó diadema de plata. En su mano derecha sostuvo un ramillete de flores, mientras que en la izquierda portó un rosario, además de numerosas alhajas.
La Virgen de la Amargura procesionó en su paso de palio con bambalinas exteriores bordadas y estrenando la pintura de la gloria. En la delantera se puede apreciar una imagen de plata y marfil de la Virgen de Escardiel y en los respiraderos una talla de San Benito Abad. A sus pies pudimos ver una imagen de la Virgen de Aguas Santas. El paso estuvo bellísimamente exornado con diversidad de flores que perfumaban las calles a su paso. La Hermandad continúa poco a poco completando los bordados de las bambalinas y la orfebrería del paso.
Entre piropos entró en la calle Juan Ramón Jiménez donde saludó a las Hermandad de la Virgen de Escardiel y volvió su mirada, unos metros más adelante, a su Casa Hermandad, donde la Junta de Gobierno llena de gozo la esperaba. Al final de esta calle, a las diez de la noche, apareció de nuevo la lluvia, que se intuía desde que salió del Templo por la tormenta y relámpagos que iluminaban por momento el cuelo. La Virgen de la Amargura discurrió por la Avenida de España buscando la antigua calle Jacinto Benavente que pasaría a renombrarse como Nuestra Señora de la Amargura.
En este punto, y bajo una intensa lluvia, se inauguró el rótulo de la calle y se bendijo un hermoso retablo cerámico conmemorativo de la efeméride. Junto a la lluvia del cielo caían también pétalos de flores a su paso por esta calle mientras el cielo se iluminaba en esta ocasión con fuegos artificiales cuando caminaba por la calle que lleva su nombre entre piropos y ovaciones de su pueblo. La intensa e incesante lluvia hizo que el gozo de sus hermanos acabase antes de tiempo y apenas una hora después del inicio la Virgen de la Amargura regresaba al Templo Parroquial culminando una celebración que no fue la esperaba pero que se vivió con gran fe y devoción.
Así culminaba una noche extraordinaria donde la Virgen de la Amargura brilló como el sol del Viernes Santo y pudo mostrar a su pueblo, aunque fuese por unos minutos, el regalo que le han realizado por la devoción y el fervor que le tienen a aquella imagen mariana por la que trabajaron incansablemente las trece mujeres de Padre Jesús que quisieron que la devoción de sus mayores, la de Nuestra Padre Jesús Nazareno, estuviese acompañado por su Madre bajo la advocación de Amargura, aquella Virgen que clava sus ojos en el cielo suplicando y pidiendo por todo el pueblo de Castilblanco de los Arroyos.
MOMENTOS PREVIOS A LA EUCARISTÍA
IMPOSICIÓN MEDALLA DE ORO DE LA VILLA
DE CASTILBLANCO DE LOS ARROYOS
PROCESIÓN DE ALABANZA DE
NUESTRA SEÑORA DE LA AMARGURA
Fotos: Manuel Pinto Montero.