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Pedro Roldán y Ruiz Gijón; sus imágenes de San Juan de la Cruz. Fray Juan Dobado


Hoy celebramos los carmelitas descalzos y toda la Iglesia universal la fiesta de San Juan de la Cruz, uno de esos grandes santos a los que el hombre de hoy mira de una manera especial, incluso muchos que han perdido o no tienen fe, admirados por sus cualidades humanas y poéticas.

Hoy queremos recordar cómo celebraron los carmelitas descalzos la Beatificación de San Juan de la Cruz en aquella Sevilla del año 1676. Las dos comunidades se pusieron manos a la obra, la del convento trianero de los Remedios y el Colegio del Santo Ángel. Lo primero fue encargar las respectivas imágenes que recibirían culto en ambos templos carmelitanos: el convento de los Remedios se la encargó a Ruiz Gijón, en bellísima imagen que hoy parece ser la que acaba de adquirir la Galería Nacional de Washington.

El convento del Santo Ángel se la encarga a Pedro Roldán, así lo expresa D. Francisco Cebreros en su Sevilla festiva: “la más acabada de escultura y pincel

que se conoce en esta gran ciudad, obra del ilustre Pedro Roldán”, y continúa describiéndola: “tenía en la mano izquierda el Apocalipsis misterioso de su Noche oscura, aquel manual de sus canciones divinas: entre brazo y pecho siniestros la hermosa asta de la bandera de su cruz de oro, que tremolaba sobre su cabeza; en la diestra, una pluma de diamantes, en forma de palma; sobre el mismo hombro, el Espíritu Santo en forma de paloma bellísima, y elevado en milagroso éxtasis de sus divinos arrullos”.

Los carmelitas descalzos del Santo Ángel organizaron un solemne octavario en el que predicaron cada día un religioso de cada orden y de la Catedral. Se decoró toda la iglesia con ricas colgaduras y numerosos ángeles. Como culminación la procesión en la que figuraron trece santos del Carmelo, cada uno en su paso, detrás la Virgen del Carmen. El marqués de Villamanrique llevaba el estandarte con la figura de San Juan de la Cruz. Seguían los religiosos de todas las órdenes y luego, a hombros de los dominicos, iba la imagen de San Juan de la Cruz

en un trono de plata, repleto de alhajas y joyas. Al terminar, una traca con fuegos ratifícales que duró dos horas puso fin a los festejos, tan propios del barroco sevillano.

Puede ser que esta imagen de Roldán fuese de candelero para vestir, lo que da a entender que llevase tantas joyas engalanándola. Así se conservó en la iglesia, de vestir, hasta que en 1968, Abascal le hizo el cuerpo de talla y se colocó en el altar mayor. La calidad de la imagen así lo muestra, cabeza, manos y el ángel no están lejos de lo que hace Roldán. En las fotografías aparece la imagen del santo cuando era de vestir, y cómo está actualmente, con el cuerpo de talla. Podemos recordar que el angelito de los pies procesionó en el paso del Cristo con la cruz al hombro, de la hermandad del Valle, sujetando el extremo de la cruz.

El encargo de las dos imágenes, a Roldán y Ruiz Gijón, muestra la alta sensibilidad de los frailes descalzos para dignificar la altura espiritual y poética del primer santo de la descalcez carmelitana.

Fotos: ABC/Juan Alberto García Acevedo.