Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Tiempo Estival
  • sábado, 22 de agosto de 2026
  • Faltan 211 días para el Domingo de Ramos

Ya queda menos. El Gallo de Omnium Sanctorum. Alberto de Faria Serrano


 Esta noche su plumaje alcanzará un desbordante colorido. Asomara ufano su lánguido y elegante cuello por la ojiva. Se pavoneará como nunca ante la feligresía como dócil ave que espera su estelar momento. Y sin embargo no será protagonista de ningún Nacimiento. Ese lugar primordial está reservado para el Niño Dios y la Sagrada Familia. Su pico corvado de otras primaveras poseerá el esplendoroso dorado de la impavidez imperial. Ha cambiado la solería del Palacio de Herodes por la de una choza a las afueras de Belén. No llegó volando. Tal vez zozobrado por la infausta molicie del gélido solsticio de invierno  y la fiesta solar en la que en su día el fuego jugó un papel primordial. El mismo fuego que aviva y alienta en la quietud de las noches por San Gregorio para el próximo abril. Que no idus de marzo.

Inmune a la gripe de su especie, sortea con la indomable elegancia de su estirpe y de su porte los designios de la intemperie por Palacios Malaver. Pasea impávido  cada atardecer hasta la Cruz Verde en busca del horizonte que está a punto de encontrar. Pero esta Nochebuena allá por al mercado de la Feria tiene otro destacado menester del que aprovisionarse. Cuando comience el maitin de la medianoche, cuando el Niño Dios nos sonría desde las balas de paja del pesebre allí estará su sitio para alumbrar la advocación de la Paz al que rinde honores y vislumbrar en el rostro enaltecido de la Madre Carmen los misterios Dolorosos que le aguardan. Horas durará el peregrinaje de los pastores y hermanos. Venidos de todos los rincones de la Bética se postrarán de hinojos con sus mejores galas para adorar la Buena Nueva. La gran Buena Nueva que está por venir también.

Por empezar, las celebraciones de esta misa y su espíritu litúrgico de maitin se prolongarán más allá de  medianoche como antaño y más allá del alba; como símbolo de conjunción del nuevo gozo que nos espera,  el gallo se anticipará  y como el primer rezo litúrgico,  no habrá que esperar al albor del alba. Su afán está escrito. Su génesis se pierde en el confín del siglo pasado. Cantará solo una vez y  por pura impaciencia de primavera revoleteará nervioso ante el altar de las ofrendas al chiquitín del pesebre. No tres. No estará Pedro ni nadie para negárselo en esta ocasión. Cuando asome al lado de aquél se hará realidad la profecía y cada canto será celebrado con gran jolgorio y alborozo. Ya queda menos.

Foto: Juan Alberto García Acevedo