El sí del Baratillo. José Cretario. ABC Sevilla
Hay ocasiones en las que los cuerpos electorales nos dan unas lecciones que sirven para aquilatar la nobleza de la democracia. Lo ocurrido el domingo pasado en el Baratillo es una prueba evidente.
Masivamente, en una proporción de 3 a 1, los hermanos asistentes al cabildo convocado para revocar una decisión de hace 8 que prohibía la salida de las hermanas nazarenas dieron un veredicto tan contundente que debería hacer pensar a más de uno y a más de dos sobre la distancia que a veces existe entre el mundo cofradiero real y el oficial.
El oficial, en este caso las anteriores juntas de gobierno del Baratillo, había centrado todo el debate en cuestiones procedimentales, pero el real, los hermanos, demostraron que sus prioridades son otras; que lejos de marearse en recursos, contrarrecursos, legislaciones y canonismos, apostaba por levantar una barrera absurda a un arcaísmo que en el siglo XXI aún separaba los derechos de los hermanos según su sexo.
Es decir, a los hermanos del Baratillo, entendidos como cuerpo electoral, les importaba muy poco el discurso del supuesto chantaje o que la votación estuviera condicionada por la política episcopal de no aprobar aquellas reglas que contengan artículos discriminatorios para las mujeres.
El ambiente creado precisamente por esta circunstancia, en lugar de llevar a la abstención, movilizó a los baratilleros que nunca se habían reunido en número así salvo para las citas electorales.
Y los movilizó para decir que sí. Esta es la hermandad real; la proyección de familias que no sabían cómo explicarle a las hijas por qué ellas no y sus hermanos sí. Eso era lo importante, no los recursos.
En paralelo y en minoría, otra parte de la hermandad real -como en el Valle mucha gente joven de corte neoconservador- refunfuñaba a la salida de cabildo o anunciaba, como el caso de baratilleros ilustres, su decisión de darse de baja de la hermandad por el mero hecho de admitirse a las mujeres vestidas de nazareno.
Es poco comprensible pero es así porque los unos, los del sí, y los otros, los del no, forman esa sociología de hermandad real que hace siete días en el Baratillo nos mostró esa lejanía de la hemandad oficial. Quizá a este hermano mayor haya que agradecerle la oportunidad que hemos tenido de ver la realidad de las cosas.
Nota: articulo publicado en la edición del 24 de diciembre.