Cartas Pastorales del cardenal Amigo con motivo de la Jornada Mundial de la Paz y la Apertura del Año Jubilar del Santuario de Nuestra Señora de Consolación de Utrera

Arte Sacro. A continuación pueden leer las Cartas Pastorales del cardenal arzobispo de Sevilla, mons. Carlos Amigo Vallejo con motivo de la Jornada Mundial de la Paz y la Apertura del Año Jubilar del Santuario de Nuestra Señora de Consolación de Utrera.
HOMILÍA DEL CARDENAL ARZOBISPO DE SEVILLA EN LA CEREMONIA DE APERTURA DEL AÑO JUBILAR EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE CONSOLACIÓN DE UTRERA
Sus puertas brillaban como la luz y los umbrales del templo eran caricia en los pies de los peregrinos. ¡Que deseable es tu casa, Señor! Vale más un día a tu lado que mil fuera de Ti. Así canta la Escritura recordando el Templo santo de Jerusalén (Cf. Salmo 83).
Al abrir la puerta santa del Año Jubilar, en este santuario de nuestra Señora de Consolación, hemos sentido la emoción y la alegría que tenían los peregrinos que ardían en ansias de a la casa del Señor, sobre todo ahora cuando podemos decir: ya están pensando nuestros pies los umbrales de tu casa, Señor, que la de tu bendita Madre, Santa María de Consolación.
Entrada santa en verdad es ésta, pues Tu, Cristo, eres la puerta por la que llegamos a nuestra mejor casa: la Iglesia de Dios. Y la Santísima Virgen que es mañana bendita que anuncia la llegada del Sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor.
Esta puerta del santuario de Consolación, que hoy abrimos de una manera particularmente solemne, es señal de misericordia, pues es puerta del perdón para nuestros pecados. Es pórtico de un año jubilar que será tiempo de gracia y de la más auténtica devoción a la Madre de Dios. Es cancela donde los hombres y mujeres de Utrera, y los venidos de tantas partes diferentes, proclamarán su fe en Dios y en el Señor Jesucristo, y celebrarán la gran fiesta de la Madre de Dios, de la Madre de la Iglesia, de la Madre y Señora de Utrera.
Utrera, "Convento jurídico de Sevilla", como se la denominara antaño, con raíces antiguas y pujante desarrollo lleno de esperanzas de futuro, ciudad de monumentos increíblemente hermosos. Madre de pueblos de la campiña del bajo Guadalquivir. Granero que se llamara de la misma Andalucía.
Hijos, de entre los más ilustres, tuvieron aquí su cuna y a Utrera dedicaron lo mejor de sus letras, de su arte, de su erudición, de su música, de su cante. Como no recordar a Rodrigo Caro, que al mismo tiempo revive con nostalgia las glorias de Itálica y ensalza con versos encendidos a su Utrera natal. José Marchena Ruiz de Cueto, conocido como el Abate Marchena, multifacético escritor y humanista. Juan Antonio Ruiz Gijón, que supo reflejar como nadie las angustias de la muerte en el rostro de "El Cachorro" sevillano. Y esas familias de artistas que pasearon, con su música y su cante, el nombre de Utrera y de su Virgen de Consolación, por los más importantes escenarios.
Entre tantas personas recordadas en Utrera, junto a muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, figurará el nombre de Don Miguel Román Castellano. Él fue quien iniciara el camino de este año jubilar. Pero la Virgen de Consolación quiso que lo celebrara con Ella en el cielo.
Pero Utrera es, sobre todo, la casa de la Virgen de Consolación. Santuario de la más profunda y sincera devoción a la Madre de Dios.
Hace quinientos años que Utrera recibiera, en esta bendita imagen de nuestra Señora de Consolación, un verdadero regalo de Dios. La conmemoración de estos quinientos años - como he tenido ocasión de expresar en una carta pastoral - no es simplemente un momento para recordar, sino de mucha vida en la que aprender.
Cuando tanto hablamos de recuperar la memoria, este acontecimiento de la presencia de la imagen de la Virgen de Consolación, y todo lo que ello significa para Utrera, tiene que ser un momento privilegiado para buscar las mejores raíces en las que se asienta la verdadera devoción a la Madre Dios.
Su Santidad el papa Benedicto XVI ha concedido, por su bondadosa misericordia, la gracia de un jubileo particular con motivo de los quinientos años de la devoción a la Santísima Virgen de Consolación.
Este es un tiempo favorable. Son días de salvación. Momento de gracia para convertir el corazón, para ponerse junto a Dios, para emprender una peregrinación nueva hacia el santuario de la propia identidad cristiana. La conversión a Dios está en la intención primera y en la finalidad del Jubileo santo, así como el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos. Cambio del corazón que se ha de manifestar en el testimonio de la caridad fraterna. Habrá que estar muy atentos para escuchar lo que Dios quiere decirnos con este Año Jubilar de Consolación.
El milagro de la lámpara del santuario de Consolación de Utrera se realiza de nuevo. Un aceite nuevo para esa lámpara de devoción a la Santísima Virgen Consolación. De este año jubilar no podemos esperar sino un crecimiento y reafirmación de la sincera y auténtica devoción a la Madre Dios.
El jubileo no ha de consistir simplemente en hacer una serie de cosas, sino en vivir una experiencia interior. Lo exterior sólo tiene sentido en la medida en que refleja un profundo compromiso que nace en el corazón de las personas.
La devoción a la Virgen María no es fruto de un apasionado sentimiento en un día de fiesta, sino que ha nacido en lo más profundo de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, encarnado en el seno bendito de María, la Madre del Mesías, la Madre de Dios. No es, pues, un sentimiento ocasional, sino el misterio del amor de Dios que ha elegido a esta bendita mujer, María, para ser la Madre del Verbo de Dios.
Hoy, recorriendo los campos de Utrera, "granero de Andalucía", escogemos las mejores espigas que hemos encontrado y, como si fuera un ramillete de las flores más hermosas, se lo hemos traído a la Virgen de Consolación. Ella, siempre Madre, quiere que lo dejemos sobre la mesa y el altar de su hijo Jesucristo. Y con la harina y el pan de este trigo, Jesucristo realizará el más grande de los milagros: hacer del pan de cada día el santuario de su presencia eucarística.
En verdad este casa es templo Dios, santuario de la Virgen y puerta del cielo. Amén.
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HOMILÍA DEL CARDENAL ARZOBISPO DE SEVILLA EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - 2007
¡Que en tus días florezca la paz! Este es el grito esperanzado de todo hombre de bien. Su deseo más noble y sincero. La paz es señal valoración, aprecio y respeto a la persona, a su vida, a la justicia y al derecho, al amor fraterno.
Contra este gozoso pregón de la paz se alzan los estruendos de la violencia y de la muerte y los más execrables crímenes contra la vida, contra la persona.
Tenemos la ineludible obligación de defender el derecho de la persona a poder vivir. Nadie, bajo pretexto alguno, puede adueñarse de la vida de otra persona. Ni uno mismo es señor y amo de su propia vida para manejarla a su arbitrio y antojo. También que defender la propia vida de ese atentado que proviene de ese inconcebible e injusto deseo de eliminarse uno mismo, como sería la de esa pena de muerte autoadministrada que es la eutanasia.

Estamos contra todas las penas de muerte. Las que se aplican a los que viven aunque aun no hayan nacido. Las que llegan desde el terrorismo, lacra execrable y sin justificación alguna. Y penas de muerte, también, las que produce la insolidaridad y la falta de amor fraterno, y que pueden llevar a morir a tantas personas por falta de los recursos imprescindibles para poder subsistir.
Tampoco se puede admitir el recurso a la pena de muerte impuesta a un reo, por muchos que sean los delitos que haya cometido. Estamos por la justicia y el derecho, pero la pena de muerte no puede justificarse en forma alguna.
En esta jornada mundial de la paz, y aturdidos por tanta violencia como estamos viviendo estas últimas horas, resuenan con voz profética las palabras de Benedicto XVI en su mensaje para esta Jornada mundial de la paz:
"El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada persona (...) Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia" (nn. 4-5).
A pasar de tantas amenazas a la paz, Benedicto XVI hace un encendido canto a la esperanza en esta solemnidad de María Madre de Dios. Con Cristo y la intercesión de su Madre bendita creemos que la paz entre todos es posible. Así lo pedimos. Así lo esperamos.
Foto: 1-Francisco Santiago. 2-Arte Sacro.