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Emociones encontradas en el Cerro


Daniel García Acevedo. A la hora de escribir estas líneas todavía me embarga la emoción de los momentos vividos este mediodía en el Cerro del Águila. Como desde hace algunos años vi la salida de la hermandad desde muy cerquita de la puerta para vivir y empaparme del barrio y de sus emociones. Todo es distinto allí. Desde la llegadas de las bandas, cuando se abren las puertas del templo, la salida de los pasos, la suelta de las palomas, todo son emociones pero agradables.

Acompañé al Cristo del Desamparo y Abandono hasta el principio de Ramón y Cajal para desviarme a mi domicilio que me queda cerca y reponer fuerzas para afrontar la tarde, pero observé unas nubes muy negras y decidí esperarme. Al momento comenzaron a caer las primeras gotas que, en unos instantes, se tornaron en lluvia muy fuerte.

Rápidamente la hermandad decide regresar, dando el paso un giro de 360 grados y cruzando

por medio de la banda y de los tramos de la Virgen, que venían detrás de El.

La lluvia no cesaba y el aguacero era impresionante. Se veía por los agujeros del antifaz como los jovencitos nazarenos que poblaban ese primer tramo de Virgen lloraban desconsolados viendo mojarse a su Cristo. De una chicotá los costaleros llevaron el paso desde la esquina con Ciudad Jardín hasta el inicio de la avenida de Hytasa.

Me informan que a la Virgen la ha cogido en mitad de la calle Aragón y también ha vuelto rápida en un par de chicotás. El Señor está lejos del templo y por más que se afanan los costaleros tardan en llegar.

Emocionantísimo todo lo vivido. La gente no para de aplaudir a la marcha del paso. Los nazarenos continúan en las filas con la que le está cayendo.

 

Estamos empapados, pero no importa. Hay que estar con la hermandad del Cerro, que lo está pasando mal. Una gran emoción nos embriaga pero, en esta ocasión, es totalmente distinta a la de la salida.

En un momento observamos como la calle Afán de Rivera se llena de coches y la policía y personal de paisano de la hermandad se afana en desviarlos lo más rápido posible para que cuando llegue el paso allí no entorpezcan.

A la entrada del paso de misterio en la parroquia la lluvia arreciaba, si cabe, todavía más. Detrás de la banda del Sol, que se habían quitado las plumas del casco para que no se estropearan, todos los tramos del Cristo, totalmente mojados, entraban igualmente en el templo sin estropear la compostura, cosa que denota una madurez espléndida en el cortejo de esta hermandad de barrio.

Sin duda una de las experiencias más emocionante, por lo negativo, en mi andadura cofrade.

Fotos: Juan Alberto García Acevedo.