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Carmen Cid, ejemplo de estirpe costalera


 Francisco Santiago. Quien está metido en el mundo de las hermandades y cofradías sevillanas conocen perfectamente a Carmen Cid, esposa de José Luis Parra y madre del jovencísimo José Luis, que con tan sólo un mes ya vestía de costalero en el Carmen de Santa Catalina y el pasado 16 de julio de 2007, con un añito ya a sus espaldas, lo hizo de nuevo junto a su padre.

Carmen se estrenó al día siguiente, el martes 17 de julio, como costalera de Santa Teresa y a las órdenes de José Díaz González de la Portilla. Su impresión fue buenísima y totalmente repetible, cumpliendo uno de sus sueños. En este caso, fue José Luis el que ejerció de padre y de fotógrafo familiar, como hizo la madre el día anterior.

Cuenta que sus compañeras han estado muy compenetradas en todo momento y, aunque cansadas, hubieran continuado más horas. Le llamó poderosamente la atención la multitud de cámaras que les acompañó todo el recorrido, pero sobre todo, las múltiples muestras de ánimos que recibió del público y la enhorabuena de la Hermandad una vez concluida la procesión.

Hay que reconocer que la Hermandad del Carmen del Santo Ángel ha tenido mucha visión de futuro en cuanto a captar la atención de los medios de comunicación que, como ya diría Juan Pablo II, son uno de los principales vínculos de evangelización, sobre todo desde la llegada de internet.

Hoy en día la carrera entre el recuerdo y el olvido se realiza a diario, sobre todo en el tema de la religión católica, que ve como es utilizada como saco de entrenamiento, (como en el boxeo), para recibir todos los golpes de los agnósticos, escépticos y aconfesionales conocidos y reconocidos.

Por eso, la mujer, en todos sus aspectos, debería de ser reconsiderada en el entorno de la Religiosidad Popular, porque son el vínculo directo entre el cristianismo y las nuevas generaciones y, a pesar de los foros (cada vez más en declive) y los detractores compulsivos, seguirán estando ahí, sin prisas pero sin pausas, subiendo escalones y destronando al machismo xenófobo que aún se deja ver en las casas de hermandad, como las plagas de xilófagos en nuestras iglesias.

Fotos: Francisco Santiago