El mundo real de las Hermandades. Isabel Serrato Martín
El otro día, hablando con una amiga, ajena al mundo cofrade, me di cuenta, o quizás quiero decir, volví a caer en la cuenta, la falta que tiene la Sevilla que desconoce el mundo de las hermandades, la falta de sentido al concepto de hermandad. La mayoría resume a este mundo, como el de las coronas de oro, las sayas bordadas, los mantos ricos… Yo soy defensora de las tradiciones, y no voy a ocultar la ilusión que producen estos enseres materiales. Oí decir, a un Hermano Mayor, que en el momento que vea a cualquier Presidente del Gobierno, donar una obra del Museo del Prado para obras sociales, él, en ese instante, regalaría la corona de oro de su titular, que razón le encuentro a esas palabras. Pero a lo que voy, esta amiga me había martirizado muchas veces con el tema del oro, el dinero, la madera, el sufrimiento…, menos el otro día, que me preguntó, “¿Tu qué te traes entre manos con eso de los peluches, la cárcel, los niños…?”. Fue el momento, le conteste, “Para mí, lo que me traigo entre manos es la verdadera Hermandad de Valvanera”.
El día 2 de Enero, inauguramos el año en mi hermandad, de la mejor de las maneras. Ha visto fin, el proyecto solidario “Un Peluche, un euro y la sonrisa de un niño”. El objetivo del proyecto se ha visto cumplido, con creces, se ha logrado poblar y digo literalmente, “poblar” la casa hermandad de Nuestra Señora de Valvanera con más de 200 peluches y hemos realizado una aportación económica de casi 200 €, reunidos entre los hermanos y vecinos, para sufragar la fiesta infantil que le hemos ofrecido a los hijos de los presidiarios. Yo comparo este éxito con campañas de Navidad, que tienen que reorientar sus fines para obtener éxito y así tapar el fracaso. La envidia, y yo soy autocrítica, también puebla hermandades. Pero dejemos la impotencia a un lado, y os termino de contar la experiencia que hemos tenido la suerte de vivir. Nos han podido las ganas, las ansias, de llegar a la cárcel e ir viendo la cara de cada niño, tan olvidados por tantos, viendo la montaña de peluches que nosotros le llevábamos, como preludio de una mañana de reyes. Hemos llegado, intentado pasar un rato agradable, no sólo con los niños, sino también con los mismos presos. Pero ante cualquier conversación, sólo nos preguntaban, ¿De verdad que habéis traído a los niños? ¿De verdad que le traéis un regalo a cada uno? A la que escribe le ha podido la emoción y he sufrido el mismo efecto que en el besamanos de la Esperanza Macarena. Me he quedado apoyada en la pared, contemplando el momento en el que cada padre o madre, se reencontraba con su hijo. Me quedé estática, con los ojos llenos de lágrimas, intentando disimularlas. Los besos, los abrazos, las lágrimas…os garantizo que no puedo escribir más. Se le ha ido dando un regalo a cada niño, y una gran merienda, pero los Reyes de Oriente, a esos niños, sólo le han traído, a sus papis. El final de la ilusión, ha sido el cosquilleo que puedo garantizar que siento, la sonrisa que he mantenido al vivir los momentos de esta tarde.
Hoy os garantizo, que tengo suerte, por averiguar, aquel día, cual es el verdadero significado de hermandad. Es dura la despedida, pero os garantizo, que la lección del día, ha sido llegar de la cárcel, sonriendo.
* NOTA: Os puedo añadir, que como la respuesta del barrio de la Calzada, con la Hermandad de Valvanera, es siempre ejemplar, esta vez no iba a ser menos, y han traído bastantes peluches, sobrando tras entregarle uno a cada niño en la cárcel. Los que nos han quedado, se los hemos facilitado a la Asociación Cultural Bética, Amigos del Centenario, para que hoy, día 3 de Enero, se los lleven a los niños ingresados en el Hospital de Valme y en el Hospital Infantil del Virgen del Rocío. Gran momento, también, a disfrutar, con este grupo de Béticos.