¿Cómo te llamo Esperanza, cuando cruzo el puente? Isabel Serrato Martín.
Indiscutiblemente, la Virgen es sólo una y en Sevilla la llamamos como nos dicte el corazón. En el mío, se llama Macarena, sin remedio y sin medida, como dicen grandes autores. La Esperanza es el Pilar básico del cristiano, de Esperanza se puede vivir; de la Esperanza que desprenden los ojos más dulces de la tierra, los de María Inmaculada. Pero siento esa duda enorme, cuando cruzo el puente y dejo atrás el arco de mi amor. Llego a esa Sevilla perfumada por Triana, donde la tierra adquiere el nombre del perfume. Donde la tierra es pueblo, es manantial de sabiduría, llego a Triana, y me siento en el corazón de Sevilla. Me siento bien, me siento como Joaquín Caro Romero, mi gran poeta, en su pregón de Semana Santa, siento un querer que me atraviesa el pecho, y yo también me pregunto, “¿por qué la quiero, si yo no soy de Triana?”.
Vas respirando el vivir de sus calles, naufragas entre la estrechez de una calle, para encontrar la cuna de la cerámica del trianero con gusto. Poco a poco te veo como una Estrella radiante, sentada a la vera de su Madre, abuela Santa Ana, indago en tu corazón, y lo veo sano, lleno de Salud, ando creyéndome en tierra de mis abuelos, cual sueño hacia Castilla, y en una simple vocal, te vuelvo a ver Esperanza, O, Patrocinio del Cristiano. Me dijeron que una joven cigarrera, lloraba por las calles de Triana, supe de Ella cuando la llamaron por su nombre, Victoria. Me dijeron, que tu naciste aquí, Madre mía, pero déjame que yo te deje en la Calzada. Y es llegar a ese momento y no sé como llamarte. Por tu cara diría que eres Madre, por tu llanto diría que más Madre aún, cuando el sol atraviesa la Pureza de Sevilla, diría que te vi, Morena. Hasta gitana, en idioma calé. Hasta torera, con tu manto de valentía que las Estrellas de Triana, también te llevaron a Ti. Te llamaría Marinera, para que el mar pase antes tus ojos y ante tu bondad se detenga. Te llamaría, otra vez, Morena. Te diría Guapa, pero me quedaría escasa en piropo. Te llamaría Reina, eso abarca tanto, y a la vez tan poco. Te llamaría Princesa o quizás Emperatriz del Cristiano. Me haría tu flor, para recoger tu llanto. ¿Cómo te llamo Esperanza cuando cruzo el puente? ¿Qué me haces Triana, que mis piernas no paran de temblar cuando te nombro y te cruzo? ¿Qué me has hecho Triana? ¿Qué parte de mi corazón te has “llevao”? ¿Qué le has hecho Morena, que has sido su consuelo y lo tienes “enamorao”? ¿Cómo te llamo Esperanza, cuando cruzo el puente, y me siento a tu “lao”?
-“Llámame como en San Gil, que sólo de ‘lao’ he ‘cruzao’, llámame como en el arco, que por puente lo he ‘cambiao’, llámame como en la basílica, que por el ancla de mi hijo aquí he ‘llegao’, llámame como me consuelas ante la Sentencia, que he venido a ver a mi hijo caído y a contigo levantarlo, llámame como tu quieras, siempre que tengas presente que el dolor más grande, una sola madre, lo ha ‘pasao’…”
¡Pues entonces Esperanza, déjame que te diga lo que en Sevilla me enseñaron, que tienes cara de niña y lágrimas por tu hijo sentenciado, déjame que yo te diga, Esperanza de Triana, que de su tercera caída has venido a levantarlo, y otra vez vuelves a ser orgullo del Cristiano! ¡Déjame que yo te diga, eres Tú, mi Esperanza, MI NIÑA, Reina y Madre de Sevilla, Reina y Madre de Triana!
A “tu niña”, Miguel Roda.
Foto: Mariano Ruesga Osuna.