La Verdadera Vestimenta. Alberto de Faria Serrano.
“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo”
Jesús es Despojado de sus vestiduras. Despojado de su dignidad humana. Revestido de su humildad divina. Despojado de su relevancia ante sus semejantes: Despojado de su naturaleza física. Lustrado de su Verbo de entrega y amor. El objetivo de ridiculizar al reo hasta desposeerlo de su integridad era que hacerle sentir que no es nadie. Un marginado más. Un marginado de tantos. Despreciado solo por los poderosos.
Este pasaje nos retrotrae igualmente a la de la expulsión del paraíso: el oropel y el esplendor de las bienaventuranzas de Dios se oscurece y se ensombrece la tarde como símbolo de las tinieblas que van a cubrir el horizonte del Universo. Desnudo ante el mundo, pero de gala ante la eternidad. Avergonzado ante la muchedumbre pero mirando de frente al Padre. Jesús asume su destino y su sacrificio. La efigie de Jesús Despojado, en su capilla de la Plaza de Molviedro o esta tarde sobre sus andas, nos plantea que nosotros ya perdimos la «primera vestidura» y, por tanto, el esplendor de Dios.
Los evangelistas lo relatan con palabras tomadas del Salmo 21, 19 y nos indican así lo que Jesús dirá a los discípulos de Emaús: todo se cumplió «según las Escrituras». Nada es pura coincidencia, todo lo que sucede está dicho en la Palabra de Dios, confirmado por su designio divino. El Señor experimenta todas las fases y grados de la perdición de los hombres, y cada uno de ellos, no obstante su amargura, son un paso de la redención. Al pie de la cruz los soldados echan a suerte sus míseras pertenencias, sus vestidos. Juan precisa el objeto del sorteo: la túnica de Jesús, «tejida de una pieza de arriba abajo» (Jn 19, 23). Podemos considerarlo una referencia a la vestidura del sumo sacerdote, que era «de una sola pieza», sin costuras (Flavio Josefo, Ant. jud., III, 161). Éste, el Crucificado, es de hecho el verdadero sumo sacerdote.
Expuesto a la deshonra de Adán, hoy y el próximo Domingo, el Compás de la Laguna te adornará con las galas de las plegarias y el candor de la floresta. El Arenal será la Puerta del Paraíso que te acerque al amor de los tuyos. Despojado de tu intimidad, cargas con los sufrimientos y necesidades de los desdichados, de los necesitados, desposeídos y de los excluidos de los bienes terrenales Así se describe el relato profético. Así se escribe y así será. Jesús Despojado; danos el traje de la luz de tu gloria.
Foto: Juan Alberto García Acevedo.