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Fragmento del Pregón de 2003. Francisco José Vázquez Perea.


 María Santísima de la AmarguraEl Pregón de la Semana Santa de 2003 tuvo lugar el domingo 6 de abril en el Teatro de la Maestranza, siendo presentado el pregonero por doña Paola Vivancos Arigita, Teniente de Alcalde Delegada de Cultura y Fiestas Mayores. La Banda Municipal interpretó las marchas "Virgen de las Aguas" y "Amarguras". Por lo que respecta al pregonero, era un historiador cofrade de la Amargura. Por ello, el fragmento que seleccionamos es el dedicado a María Santísima de la Amargura:

Volver a San Juan de la Palma, sí. A pronunciar tu nombre, Amargura. Allí permanece vivo cada instante de tu historia, desde aquella tarde adolescente en que prometí fidelidad a tu tristeza, hasta ese momento –ya mismo los cincuenta años– en que Segura te impuso el sol de oro de tu majestuosa corona. Desde entonces reúnes en tu persona los tres presentes de la Epifanía: el oro de tu corona, el incienso que anuncia tu presencia y la mirra, resina amarga, que impregna tu nombre y tu universo de aflicción. No encierra menor gloria la corona que también te fueron labrando los poetas, ascendiendo por tus lágrimas, curso fluvial para los versos de Adriano del Valle… o de Aquilino Duque: "Saetas pido arqueros de Sevilla", Felipe Cortines: "tu nombre viene del mar…" o Juan Sierra: "qué amargura la tarde sin tu amargura"… Cincuenta años también de aquel soneto de Antonio Murciano en la tercera de ABC: "Nieve viva sintiéndose morena, / luz de luna volviéndose de cirio, / azucena poniéndoseme lirio, / soberana señora de la pena".

En la plaza, la oscuridad rotunda demuestra que se ha rendido el Domingo de Ramos. Desde Alcázares hasta San Juan de la Palma, el itinerario es un recorrido conventual. Espaldas de Santa Inés, Zaguán de Sor Ángela, Fachada del Espíritu Santo, Clausura del regreso a casa. La evocación de Madre Angelita es inevitable. También ella sigue allí, igual de viva, a través del tiempo. En la puerta de su convento se confunden pueblo, comunidad y cofradía. Pero yo la aguardo más adelante. En el altar en que la veneramos en nuestra Iglesia, a cuyos pies se organizó la cofradía. Ella nos instruyó en el sentido de nuestra conducta nazarena, ella nos despidió al echarnos a la calle y ahora, al regreso, ella pasa revista a nuestras tribulaciones.

Foto: Juan Manuel Labrador