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No es oro todo lo que reluce. Diario Noticias de Alava.


Diario Noticias de Alava. Muchos feligreses guipuzcoanos han adorado durante años a una decena de vírgenes que se conservan en el territorio convencidos de que eran negras, pero expertos en arte litúrgico han desmontado esta creencia popular y han desvelado que "no es negro todo lo que reluce". 

Una de estas imágenes morenas es la de Nuestra Señora del Juncal de Irún, cuya actual restauración ha dejado al descubierto el verdadero blanco inmaculado de su rostro, ennegrecido porque está "llena de porquería", según revela el director del Museo Diocesano de San Sebastián, Koldo Apeztegui. 

Pero la irunesa no es la única falsa virgen negra de Gipuzkoa, sino que otras, como la de Zikuñaga de Hernani; la de Zabaleta de Urretxu -ambas en paradero desconocido-; Lierni de Mutiloa; Aranzazu de Oñati; la Antigua de Zumarraga; Guadalupe de Hondarribia; el Coro de San Sebastián; Itziar de Deba y Zabale de Bedoña de Arrasate, han ido cambiando su color original con el tiempo debido a la suciedad acumulada a lo largo del tiempo. 

Así que, aunque se rompa con el mito, "todas nuestras vírgenes son claritas, claritas" y no tienen ningún parentesco con las figuras de culto pagano que representaban a las maternidades africanas o bizantinas, que la Iglesia reconvirtió al cristianismo para ganar fieles, según explica Apeztegui. 

Al no ser africanas ni provenir de Oriente, las vírgenes no están hechas de azabache, ni de ébano, ni de ningún material de color oscuro. Simplemente, al igual que la de Montserrat, la famosa Moreneta, se han ido oscureciendo con el tiempo, según relata el doctor en Arte de la Universidad de Deusto de San Sebastián y consultor del Museo Diocesano de San Sebastián, Edorta Kortadi. 

Y es que las vírgenes han ido acumulando la suciedad procedente del polvo y humo de las velas que durante lustros les han ofrecido los fieles, a los que han estado expuestas durante siglos. Además, durante 800 años los feligreses han frotado las figuras con corteza de cerdo o jugo de patata creyendo que así las limpiaban, pero han conseguido el efecto contrario: crear un "engrudo" de color marrón que las ha oscurecido, según aclara Kortadi. 

Tan morenas se ven estas representaciones que incluso el obispo donostiarra, Juan María Uriarte, cuando vio a la virgen de Guadalupe en una exposición en el Museo Diocesano de San Sebastián exclamó sorprendido: "¡Anda! ¡Si es negra!". Cualquiera hubiera pensado lo mismo viendo a distancia la imagen en un altar, pero Kortadi se la mostró al prelado desde muy cerca y fuera del camarín para que comprobara que no estaba hecha de ningún tipo de piedra o madera negra. 

Tan asumido está su color que hasta las réplicas que se han hecho de algunas de estas imágenes, como la de la vírgen del Coro que alberga la iglesia de Santa María de San Sebastián, tienen el rostro incluso más negro que el original. 

La "inmensa mayoría" de las vírgenes guipuzcoanas están talladas en roble o cerezo, aclaró el experto en arte, maderas que se podían encontrar en los bosques de los alrededores, a las que una vez talladas se les aplicaba cola para después cubrir de yeso y sobre éste, pintar con clara de huevo mezclada con pigmentos naturales como tierra o sangre de animales. 

color marrón De ahí que, en general, las vírgenes de Gipuzkoa fueran de un tono rosa palo, sobre el que se pintaban los coloretes "igual que cuando se maquillan las señoras", y no del color "marrón" que han adquirido como consecuencia de la suciedad acumulada y la "necesidad" que tienen de una restauración, según señala Kortadi. 

Pero estas vírgenes, como además de su valor religioso tienen también un interés histórico y cultural, su restauración es complicada y puede llegar a alcanzar los 12.000 euros. Este no es el mayor problema, ya que también es necesario "educar" la mentalidad "conservadora" de los feligreses porque, como explica Kortadi, algunos se escandalizan cuando se devuelven las imágenes a "su estado original", ya que restaurar significa quitar "adornos" que, a lo largo de la historia, se han superpuesto a la figura primitiva de las representaciones para dotarlas de "realidad". 

Los expertos creen no obstante necesaria la restauración, sobre todo, porque cada época influye de diferente manera en los materiales y algunas representaciones están "muy deterioradas". 

Rota ya la leyenda popular sobre su falsa identidad, las imágenes de las ennegrecidas vírgenes guipuzcoanas necesitan una mano de santo que las devuelva a su verdadero ser, a su origen, cuando todavía eran blancas, limpias y puras.

Más info en:

http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2005/08/12/sociedad/euskadi/d12eus11.187121.php

  

Una de las figuras afectadas, en la basílica de Santa María de Donostia.