Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Tiempo Estival
  • martes, 18 de agosto de 2026
  • Faltan 215 días para el Domingo de Ramos

Velá en Triana. Rocío Varela


 “con sólo una mirada...”

Hoy me he despertado junto a mi sobrina y al abrir sus ojos, además de la inocencia de su sonrisa y el abrazo tempranero, como si se le fuera la vida en ello, me ha preguntado “tita, ¿dónde vamos a ir a dar un paseo hoy?”... la felicidad inundaba todo mi ser y sin darle pista alguna al alcance de sus tres cuaresmas ya vividas, le he contestado “hoy veremos Triana de noche, con un arco de luces que abre el camino de ese puente que tanto te gusta cruzar, caminando, y en el que tantas veces nos hemos parado para abrazar con nuestras manos su baranda,  sus deseos ”.

Mientras caía la tarde y el sol se perdía entre las campanas de la torre que desprende fuego en época de Candelá, Marta, paseaba agarrada de mi mano, a orillas de un río decorado para la ocasión de pinturas desconocidas con cuadros de artistas poco reconocidos pero con un sitio dentro de nuestro arte. Se mostraba inquieta por los adoquines del paseo más hermoso de la ciudad, ante tanta expectación. Un paseo, que sirve como antesala a la alegría que se divisa en la plaza del Altozano. Un paseo, que aguarda ansioso, tardes de viernes santo en cada callejón  por el que se desemboca. Un paseo que te acompaña hasta la Capillita más coqueta de toda la urbe y que es vigía del barrio más popular de nuestra Sevilla. ¡Un paseo! Eso es, tan sólo un paseo, pero ¡qué paseo!...

Y llegando a la altura de la flamenca, la diosa más fiel, que duerme en el Altozano todas las noches abrazada a su guitarra, a Marta le brillaron los ojos porque miraba hacia un lado y apreciaba toda la algarabía de un rinconcito de mi ciudad en época de fiesta, de buen ambiente, de originalidad hasta en la forma de hablar de todos los que concurren esta velá. Y seguíamos surcando los detalles de esta fiesta, al paso de las tradicionales avellanas verdes y la contemporaneidad de las pulseritas de cada hermandad en la muñeca de los asistentes.

De pronto, nos detuvo el olor a pescaito en un kiosko con sabor a flores, y nos topamos de frente con la Giralda. Recordando el abismo de tantas sonrisas vividas, agarraba a mi sobrina de la mano y le comentaba “¡qué balcón más precioso tiene Triana en su corazón más puro!”... ella fruncía las cejas y sin dar mayor importancia a mi frase me tiraba del cuerpo hacia la lejanía, para embarcarnos a la altura de la cucaña de los sueños más atrevidos. No podía evitar concluir nuestro paseo, sin pisar la calle larga, con más pureza en sus sentidos que en su fachada. Al cruzarla, allí, sentadas en un banco de la plazuela de Santa Ana, mi sobrina intentaba contar los repiques de las campanas que sonaban a modo de gozos y salutación hacia su barrio. Su torre, acariciaba las cruces de Santiago y lazos de Señá Santa Ana e hizo cubrir de Esperanza el encanto de Marta y el deseo de volver todos los años para seguir contando campanas. ¡Qué dichosa es Marta! Contará campanas, caramelos, amores, celos, amistades... pero nunca perderá la esperanza en la música de su paseos.

Velá de Santa Ana. Brisa de agua dulce decorando los suspiros de una calle Betis donde no se reconoce el asfalto pero se intuye el corazón de la misma a través de las pisadas del gentío. Velá de Santa Ana. Rumores de voces repletas de tintes cofradieros. Caras conocidas o más bien populares para todos los asistentes que pasean su sapiencia más formal por casetas con el más puro aire arrabalero. Velá de Santa Ana. Entre copa y copa, ecos de pregoneros, algunos en paro, otros recién estrenado su triunfo. Crujir de trabajaderas añorando la cuaresma pasada y ansiando las venideras. Velá de Santa Ana. Palmas de cornetas y tambores. Alegría de carretas y tamboril. Saludos apretados, con abrazos incluidos, de personajes discretos e indiscretos... Velá de Santa Ana, en Triana...

Rocío Varela

Foto: Francisco Santiago.