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Rodriguez Buzón, inolvidable. José Luis Garrido Bustamente


 Leía yo días pasados en el ABC que se va a publicar un libro en el que el profesor Antonio J. López Gutiérrez, titular de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Pablo de Olavide, resume sus investigaciones sobre el archivo del mítico pregonero de la Semana Santa sevillana.

El encargo lo recibió de Manolo Román y Joaquín de la Peña cuando ambos estaban en activo en el Consejo General de Hermandades y cofradías y se basa en los fondos privados del autor que tutela hoy su sobrino Gonzalo y su esposa Pilar.

A lo largo de la entrevista que publica el periódico aparecen datos muy interesantes sobre la vida y la obra del escritor y poeta, creador de esa pieza de la literatura y la oratoria que fue el pregón que pronunciara en el escenario del Teatro San Fernando el domingo de Pasión del año 1956 auténtica aportación canónica a ese género singular refrendada entonces por el desbordamiento del público que sacó al orador en hombros.

Hay algo que me ha llamado poderosamente la atención: El autor del libro a la pregunta de si el pregonero declamara de un extremo a otro del escenario como un actor dramático contesta afirmativamente y añade que “además de poeta era también un gran actor”.

Yo creo que no fue así. Estuve allí y lo recuerdo. Rodríguez Buzón no habló detrás del ambón iluminado sobre el que hoy depositan sus cuartillas los pregoneros, que aun no se había construido, sino tras una mesita baja que se había cubierto con un paño de morado litúrgico en la que permanecía encendido un flexor plateado y ante la que se alineaban los vástagos de tres micrófonos: el de ambiente del teatro y los dos de las emisoras que radiaban el acto, Radio Sevilla y Radio Nacional de España.

Creo que Radio Sevilla, cuya transmisión comentaba habitualmente Rafael Santisteban, no lo grabó. Radio Nacional de España, por sugerencia de José Luis López Murcia, locutor al que Manuel Hidalgo Nieto, primer director que tuvo la emisora, había responsabilizado del acto, sí lo hizo. Pero entonces la técnica de registro sonoro hacía poco que había abandonado la grabación en hilo y la cinta máster no resultó tan perfecta como se hubiera querido.

Hubo que remasterizarla en los estudios de que disponía la emisora en la calle San Pedro Mártir encargándose del trabajo los técnicos Aurelio Carbajo y Santiago Sosa Oria y llegándose a un resultado final en el que personalmente creo que solo se respetaron de la grabación primitiva los aplausos del público.

Este material sirvió para que José Torrano, el eficacísimo ingeniero de sonido de los estudios Alta Frecuencia, produjese una reconstrucción técnica de ese registro sonoro que sirvió para editar el Microsurco Long Play del Pregón, aparecido con el sello Pasarela el año 1991.

¿Por qué digo que Rodríguez Buzón no se movió de detrás de la mesita?... Porque los micros eran omnidireccionales, aun no se habían inventado los de petaca que se cuelgan en el cuello o se fijan en la solapa, permitiendo la movilidad, y su voz ni sería recogida por la radio ni siquiera hubiese llegado al patio de butacas. 

¿Era el afamado pregonero un buen actor?... Así parece aventurarlo el profesor Antonio J. López Gutiérrez.

Personalmente me permito mostrar mi desacuerdo. Actor es el que interpreta a otro y Rodríguez Buzón jamás intentó representar a nadie salvo a sí mismo.

Con su mediana estatura, sus avispados ojos azules y su cuidado bigotito lineal, me atrevería a decir que se movía dentro de una consustancial timidez que solo rompía cuando se dejaba llevar por el calor de sus versos y se transformaba creciendo y llegando a sus oyentes y espectadores con la electricidad de sus palabras.

Sin embargo su bondad natural le hacía muy apropiado para las Relaciones Públicas y José González Reina, entonces Hermano Mayor de la Macarena, desde la presidencia de la Cámara de Comercio lo situó como director de esa Feria de Muestras de los primeros años que crecía en el parque de Maria Luisa cada primavera y en la que el pabellón que montaba el Consejo Regulador de la denominación de origen Jérez-Xerez-Sherry y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda en el Casino de la Exposición se convertía en la mejor caseta de la sevillana Feria abrileña.

Allí hacía gala el escritor y poeta de sus mejores prendas de sociabilidad, olvidando por esos días su habitual reunión en El Rinconcillo en cuyas servilletas de papel escribiera algunos de sus mejores versos y con las que ejercitara también sus habilidades en la papiroflexia obteniendo diminutos nazarenos o ropa de costaleros ante la admiración del resto de los contertulios.

Alejado de la vida activa pasaba las tranquilas horas de su retiro en un chalecito que tenía en Villanueva del Ariscal, rodeado de  naranjos y allí le visité en cierta ocasión para hacerle una entrevista con destino a uno de mis programas en Radio Nacional.

Lástima que se perdiera aquel archivo de cintas magnetofónicas, auténtico patrimonio de la cultura de la ciudad.

José Luis Garrido Bustamante