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Opinión. De fe y Vía Crucis. El Diputado de Cruces.


Hace un par de semanas tuve la suerte de asistir a una misa para niños que organiza mensualmente una hermandad sevillana y que fue magistralmente oficiada por un fraile dominico, sí, dominico, de esa orden que, según algunos iluminados, tanto asco le tiene a las cofradías (y es que una manzana no hace un cesto, al igual que ocurre con, por ejemplo, los sacerdotes diocesanos). El buen fraile supo en todo momento mantener la atención de los críos con alegres cantos y claras explicaciones.  A la hora de rezar el Padrenuestro, hizo subir a los chiquillos al presbiterio, formar un corro alrededor de la mesa del altar, darse las manos y nos pidió a todos que rezáramos al ritmo de los niños. Viviendo aquel momento, con el templo lleno y contemplando aquel grupo reunido en torno al altar, a los pies de la imagen titular de la hermandad, mientras decía lentamente la oración que el mismo Jesús nos enseñó, lo que se me vino a la mente fue pensar que aquello sí era una verdadera demostración de fe y preguntarme si hace falta un acto como el Vía Crucis que se está organizando para  la próxima Cuaresma.

A mí esto del Vía Crucis me ha cogido con el paso cambiado. Es cierto que en tiempos recientes se han celebrado actos multitudinarios (fundamentalmente procesiones magnas, tanto en Semana Santa como fuera de ella)  en varias diócesis cercanas por motivos diferentes, alguno de ellos incluso en el tan profano como históricamente importante contexto de la celebración de la redacción de una constitución (aunque supongo que esa no sería la razón que utilizó el ordinario para autorizarlo). Sin embargo, esta no parecía ser la dinámica de la nuestra. Claro que, tras el anuncio del Señor Arzobispo acerca que nada más que se autorizarían actos extraordinarios con un alto contenido pastoral (algo que sólo se puede determinar en Palacio y creo que se comprende lo que quiero decir), aquí cabe tanto que la Macarena  vaya al estadio olímpico como que parezca que se van a permitir procesiones extraordinarias para celebrar aniversarios de coronaciones que no son ni siquiera centenarios, mientras que no se deja organizar una procesión extraordinaria por el quinto centenario (quinientos años dando pruebas de fe) de la fundación de una hermandad. O se piensa organizar un magno Via Crucis por los alrededores de la Catedral con imágenes de alto tirón devocional, mientras que en un barrio con tantos problemas como Torreblanca no se autoriza a la hermandad radicada en el mismo (muchos años ya evangelizando y proclamando la fe en circunstancias muy difíciles) organizar el mismo culto por las calles. Difícil de entender.

De todas formas, el asunto de este magno Vía Crucis tiene otras connotaciones, además de la ya expuesta,  que, en mi opinión, resultan chocantes. Por un lado, el secretismo con que se ha llevado todo hasta su anuncio público. Supongo que el Consejo General habrá sido consultado antes del citado anuncio (si no, pues entonces, apaga y vámonos). Y, en un organismo donde las filtraciones están tan a la orden del día que, incluso, pueden provocar la dimisión de su presidente (ya veremos como acaba este asunto), en esta ocasión, o no las ha habido o si las ha habido, los periodistas afortunados no las han publicado. Curioso.

Por otra parte, está la fecha, Cuaresma, cuando menos necesaria se hace la necesidad de mostrar la fe, cuando cada semana de la misma miles de hermanos hacen pública protestación de su fe en las funciones principales de instituto, cuando los cultos (internos y externos) se extienden sin solución de continuidad por toda la archidiócesis. Mira que un año es largo para organizar un acto de este tipo. Pero si tiene que ser en Cuaresma, sea. Ahora, ¿casi coincidiendo con el Vía Crucis de las hermandades? ¿No hay domingos en Cuaresma? ¿Tiene que ser  ése precisamente? Ya sabemos que el acto del primer lunes de Cuaresma no gusta mucho por la Plaza de la Virgen de los Reyes y algunas ausencias significativas (remarco el plural) así lo atestiguan, pero creo que el Consejo General no debía renunciar a su Vía Crucis anual, que también hay varios lunes en Cuaresma. 

Además, está lo del alto tirón devocional. Ya estamos otra vez con Orwell y sus diferentes tipos de igualdad. Esto del tirón me hace preguntarme qué es lo que realmente se pretende con el Vía Crucis. ¿Reunir mucha gente? ¿O celebrar un culto que también podría tener lugar en el interior de la Catedral y sin imágenes (y no estoy sugiriendo que deba ser así)? ¿Qué es lo más importante? En esta misma línea, parece que en el Consejo General andan insistiendo en que el Vía Crucis se culmine con una imagen de la Virgen (en esta ocasión, bien por ellos, que para eso vivimos en la tierra de María Santísima). Bueno, pues también parece que se ha vetado a la Macarena o a la Esperanza de Triana para ello, porque distraerían. ¿Distraer, en Sevilla, la Macarena o la Esperanza? ¿De qué? ¿A qué o quién quitarían protagonismo? Más aún, cuando se hace la pregunta, que muchos suscribimos, de por qué el Año de la Fe no se celebra en Sevilla con un Santo Entierro Magno, un tipo de procesión que en esta ciudad ha llegado a su máxima expresión, de nuevo, la única respuesta que se consigue es que los traslados de los pasos a y desde la carrera oficial podrían dispersar el interés del acto. ¿Quiere esto  decir que las imágenes que participen en el Vía Crucis van a ser trasladadas privadamente, en furgonetas? Porque, si no es así, permítanme la maldad, será muy interesante contar el número de asistentes al acto y el número de personas que acompañarán a esas imágenes del alto tirón devocional, especialmente si el tirón es muy, muy  alto (y ojalá me equivoque).

Y otra cosa. Echo de menos a todos aquellos (y a sus argumentos, que ahora también podrían tener el mismo valor) que clamaron en contra de ir a la JMJ de Madrid, presidida por el Papa, Vicario de Cristo en la Tierra y Sumo Pontífice de nuestra Iglesia. Esos mismos son los primeros que ahora se están ofreciendo con todo entusiasmo.

De todas formas, como debe ser, las hermandades acudiremos prestas y solícitas a la llamada de nuestro pastor. Así que y nunca mejor dicho, ¡adelante con los faroles! Pero yo no puedo evitar sentirme usado, aunque, posiblemente, sea una de mis paranoias. Por ello, prefiero quedarme recordando la escena de esos niños y niñas formando corro alrededor del altar, con las manos cogidas y rezando muy despacito el Padrenuestro. Deseo de todo corazón que sean capaces de conservar su fe infantil, la más pura de todas, para así arreglar este desaguisado de legado que, entre todos, les vamos a dejar.

diputadocruces@yahoo.es

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