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«Romanización a la sevillana manera». Mariano López Montes


Mariano López Montes. Tengo la inmensa suerte de tener entre mis manos una colección de revistas antiguas de nuestras Fiestas Primaverales como se les llama y ayer mismo hojeando La Revista Macarena correspondiente al año 1962, me topé con este artículo en tono poético, escrito por Manuel Barrios Masero, sobre la Centuria Macarena. Aunque no soy muy aficionado a este estilo literario, y aun menos a esa lluvia de ripios que proliferan en las mentes acarameladas de muchos rapsodas, creí desde un primer momento que este articulo debería de ser compartido. Primero por su buena y sencilla construcción, segundo, por las deliciosas ilustraciones muy en referencia a otras de la época, con esa lanza dorada en la que aparece el título, y tercero, porque en sus sencillas estrofas podemos encontrar algo más de lo que normalmente se pretende, lo tópico y a la vez rimbombante, buscando: la ovación fácil.

Cierto es que la recreación poética debe deformar la realidad, pero es que a veces se llega a extremos insospechados, como cuando escuché en un pregón, enervado y gesticulante el rapsoda y con los brazos abiertos: “Virgen mía la más bella, qué guapa vas cuando la fragancia de los azahares de la Calle Sierpes te besan tus virginales y divinas mejillas”. Que no sé si se refería a los naranjos de las cafeterías de La Campana u Ochoa; o a la miel de las torrijas (que de eso sí que tienen y buenas), o a la sombra que dan los sombreros de Maquedano; a esos señores de prensa, café y puro del Mercantil o Labradores o a esa sombra que parece no abandonar a mis amigos aficionados al Betis, aunque tengan una tienda por todo lo alto, a los paraguas y abanicos de Rubio o aquellos cines de antaño, o tal vez a aquellas tiendas de souvenirs y achinadas que fueron relevando al comercio tradicional. Porque como no sea en los botecitos de diseño de esencia de azahar que expenden en algunas de las novedosas perfumerías, los naranjos y sus estacionales flores, no aparecen por ningún lado.

El autor de estas coplillas dedicadas a los armaos, Manuel Barrios Masero (1892 -1971) a pesar de los ripios, sabe captar en sus sencillos versos el alma popular de esa parte de Sevilla que por un día se convierte en esa Roma fugaz y llena de gracia.

Que buen y veraz pregón nos daría este autor, o José Muñoz San Román (1896 – 1954) que actualmente tienen dedicadas una calle en esa Torreblanca que siempre será una parte más de esta Sevilla, sobre todo si lo ameniza con sus marchas Manuel Pérez Tejera (1888 -1971) fundador de la Banda que lleva su nombre y que ostenta el honor de tener dedicada la calle de en medio entre ambos poetas.

Forma real e inteligente de observar la realidad y el sentir de esta ciudad cuando afirma: ¡¡Ay, soldados Imperiales de una Roma sevillana, que en fiestas de anacronismos, llenos de ilusión avanzan!! O esta otra ¡¡Ay soldados de Tiberio entre armaduras y lanzas!! O aquella que dice así refiriéndose al símbolo del Imperio ¡¡El mílite del Senatus desfila con arrogancia, los soldados del imperio llevan su marcha pausada, y lleno de ingenuo orgullo, con la cabeza muy alta, serio, como un Julio Cesar, el Centurión que los manda!!.

Que acierto y que percepción desde la sencillez para bien definir una realidad que es vivida y sentida por aquellos que tienen la suerte de ser macarenos y pertenecer o “ser armao”, porque el armao lo siente y a la vez lo es, no se apunta por una moda pasajera como está tan de moda en otros usos y costumbres de la sociedad. El armao no se disfraza ni se traviste por un día, ya que en su pensamiento y credo tienen muy claro lo que simboliza, representa y es, y el serlo es una herencia que tuvo la suerte de recibir de aquellos que ya lo fueron y que siguen conservando el honor de haberlo sido.

En mi querida Cádiz y en sus fiestas más significativas, que es sin duda sus Carnavales, existe el llamado “Tipo” o disfraz que lleva cada agrupación muy en referencia a la temática elegida para la representación, este tipo cambia cada año, así como el nombre, la música y la letra, aunque el grupo humano, coro, comparsa o chirigota permanece, salvo las altas y bajas que se produzcan. Comparar estas agrupaciones gaditanas con la centuria, les parecerá a algún lector algo incongruente y disparatado y ausente de todo sentido, pero como dice mi amigo Isidoro “Todo puede estar relacionado con todo”, lo importante es hacer la criba.

En primer lugar hemos de matizar que ambos son grupos humanos conformados con la problemática y diferencias que siempre conllevan, son dos rituales asentados en una tradición y cultura propias, que crea unos sentimientos de pertenencia e identidad muy marcadas, pero mientras uno es un ritual eminentemente basado en el acto religioso de la Semana Santa, Pasión y Muerte de Cristo, el segundo es un ritual eminentemente festivo y algo jacarandoso, que tiene su tiempo marcado como antesala de La Cuaresma, que huye y transforma la realidad social imperante de orden generalizado en una situación crítica y a veces grotesca de la realidad imperante, tanto social, como política y económica. Es lo que un Antropólogo definiría como un tiempo de desorden pautado dentro de un tiempo de orden generalizado.

El macareno que es, o tiene la suerte de ser “armao” nunca se disfraza, puesto que su indumentaria es fruto de la tradición, el honor de serlo y un sentimiento especial, que solo ellos pueden sentir de transformarse por unas horas o un día en esa soldadesca romana que custodia y acompaña a su Señor Sentenciado que Sevilla reconoce como propia, atrás quedan esos apolíneos y esculturales actores de esas películas de Cecil B de Mille, Charlton Heston, Peter Ustinov, y hasta el propio Víctor Mature que pusieron cara y cuerpo a esa Roma cinematográfica de nuestra juventud, pues para nosotros los sevillanos y los cofrades, los romanos nuestros aunque sean algunos menos agraciados físicamente, son estos que desfilan al lado de las antiguas murallas, pasan por el Arco Imperial de esta Sevilla Romana y Macarena y que han cambiado su mensaje bélico por otro siempre lleno de devoción, amor y de Esperanza.

En el último verso el autor nos dice ¡¡ Soldados y pueblo forman como una masa compacta, mientras el Paso del Cristo lento, bajo el Arco Pasa!!.

Qué manera más sencilla de expresar la pertenencia de estos hombres a esta Sevilla que aunque tenga su gran parte de árabe, nunca dejara de ser romana y cada Viernes Santo, como el autor nos vuelve a repetir: “Y allá lejos, como un Sol de la inefable mañana, se acerca bella y gloriosa La Virgen de La Esperanza”.

Fotos: Archivo de Mariano López Montes










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