Los faros no caducan. Antonio M. Lebrero
Hablar de don José Robles es hablar de la Judería y su entorno. El barrio no se entiende sin él, ni don José se encuentra sin su barrio.
Don José Robles Gómez nació en el Puerto de Santa María en 1934. A los once años de edad ingresó en el Seminario Menor de Sanlúcar de Barrameda. Cursó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Sevilla (San Telmo) y fue ordenado sacerdote en junio de 1959. Sus primeros destinos pastorales los realizó en las parroquias de Ntra. Sra. de Guía (La Pañoleta), Cerro del Águila y del Sagrario. Fue brillante su labor realizada para la Archidiócesis de Sevilla como Delegado diocesano de Pastoral Social y en la Fundación Cardenal Spínola de lucha contra el paro. En marzo de 1970 fue nombrado rector del templo de San Esteban, cargo que ha desempañado hasta agosto de 2020.
Desde entonces y hasta ahora, siempre ha vivido y formado parte de la Judería, siendo aún director espiritual de sus hermandades y pilar insustituible de sus vidas cristianas.
La voz de don José es especial. Tal vez porque está ausente de toda retórica. Dice lo que piensa y siente lo que dice. Y tú lo sientes también. Un secreto sencillo pero difícil de dominar, pero que a menudo separa claramente a la vocación de la simple profesionalidad.
Don José tiene siempre la respuesta justa para cada problema que se le plantea. Es hombre de paz. Se puede decir que encarna a la perfección la bienaventuranza: “Dichosos los que trabajan por la paz”. Y desde luego don José ha trabajado y trabaja duramente. Y siempre con palabras de paz.
Las palabras de don José siempre han sido luz para los vecinos. Toda persona, independientemente de su cultura o conocimientos, es capaz de percibir la sinceridad y la calidez. Por eso, las peticiones de ayuda o de consejo, además de útiles, han ido extendiendo por su barrio una corriente de confianza paternal en su pastor.
Ahora, don José cumple ochenta y siete. Pero su luz sigue brillando con igual fuerza que siempre. Sigue residiendo en su barrio, que es donde quiere estar. Y su barrio lo sigue necesitando.
Porque los faros no caducan. Simplemente, iluminan.
Foto: Autor desconocido.