Domingo de carretas. Antonio Sánchez Carrasco
Ayer amaneció un domingo de Pentecostés extraño. Sin Aldea, sin Simpecados, sin amigos, sin Virgen..., pero ahí llegó mi amigo José Luis para darme ese poquito de alegría. Nos conocimos rehabilitándonos de las lesiones de nuestras maltrechas piernas. Y es que un tipo campechano con una Virgen del Rocío tatuada en el antebrazo, no tenía más remedio que caerme bien.
Y comenzamos a hablar, era y es carretero de la Virgen, de esos que llevan carretas y Simpecaos hasta sus plantas. Y entre estiramientos y dolores varios, soñábamos con andar otra vez por los caminos.
Yo había pasado ya mi primer Rocío sin Rocío, el de 2019. Porque aunque en el carisma cristiano, entre ese afán de vida que nos dio el Espíritu Santo, un Rocío sentado en un sillón con 40 grapas en la rodilla, no es Rocío (#NoalRociointimo). Y eso que gracias a Víctor García-Rayo y su equipo al menos lo vi en la tele. Pero no pisé arenas y eso duele. Cuando iba a salirme del pellejo llegó 2020 y los planes se redujeron con la enfermedad y la muerte y José Luis y yo seguimos hablando. Compartimos mensajes de ese desasosiego que te provocan las ausencias que crecen al distanciarte de las Rocinas y de la Virgen. Y cuando llegó 2021 me llegó su mensaje. Si quieres un poco de Rocío vete a Camas el domingo después de misa. Y allí, donde Objetivo Aramburu tiene su Cristo, la Hermandad del Rocío de Camas había montado un hermosísimo altar para su bendito Simpecao y justo cuando acabábamos el desayuno frente a la iglesia un sonido nos volteó el corazón.
Sonaba una gaita y un tamboril, crujíos de carretas y atalajes de bueyes. Nervioso monté la cámara. Con los nervios del que llevaba tres años esperando hacer una foto así. Y en la última carreta mi amigo José Luis llevaba a su boyero que para colmo hizo la mili conmigo. La juventud de Camas iba a pedir alimentos para los necesitados. Un domingo por la mañana de mayo se habían quitado de su ocio para ayudar al prójimo.
Yo volvía a casa sonriendo. Después de un domingo de Pentecostés en familia. Volví a sentarme ante la televisión. Víctor, Ana, Manuel y Peña se convirtieron en mi Rocío un año más. Sólo espero el año que viene volver a nuestra costumbre de ver sus programas de Rocío desde la web y a la Semana siguiente de Pentecostés. Será señal de que mi amigo José Luis andará caminando con su carreta, yo estaré fotografiando caminos y la pandemia no será más que un mal recuerdo. Rocío como me dijo una vez un carretero. Madre protege a los que me quieren y a los que no. Amén
Foto: Antonio Sánchez Carrasco.