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Algunas notas sobre la Virgen de la Paz, de la hermandad Sagrada Mortaja. Reyes Pro Jiménez


La Virgen de la Paz, titular del antiguo Convento de la Paz actual sede canónica de la Hermandad de la Sagrada Mortaja, es una imagen de la Virgen y el Niño de las que llamamos “de Gloria”.

Virgen de la Paz, foto Reyes Pro

Habitualmente la vemos en el antiguo Manifestador Eucarístico del actual retablo mayor de la iglesia. Con autoría de José Fernando Medinilla en su parte arquitectónica y de Bartolomé García de Santiago en sus imágenes, este retablo es una obra fechable a mediados del siglo XVIII aunque modificada posteriormente. 

De esta forma situada en alto y en el mismo retablo, la Virgen de la Paz recibe culto junto al Misterio de la Sagrada Mortaja: Jesús Descendido de la Cruz y la Virgen de la Piedad, acompañados de los santos varones José de Arimatea y Nicodemo, de María Cleofás, María Salomé, María Magdalena, y San Juan Evangelista.

 

Detalle del azulejo de la Virgen de la Paz, en la fachada del antiguo Convento.

En el siglo XIX se tiene constancia de la celebración en el antiguo Convento, ya desamortizado, de novenas en honor a la Virgen de la Paz. Actualmente en el día de su festividad, en el mes de enero, la imagen es emplazada en el presbiterio para presidir la eucaristía en su honor, es el momento en el que normalmente puede apreciarse mejor su innegable valor como obra de arte. 

Esta imagen de la Virgen de la Paz ha sido atribuida por algunos autores al círculo de Roque Balduque. Lo que es seguro es que busto y manos según sus rasgos, características estilísticas y grafismos de su factura escultórica pueden fecharse en el siglo XVI. Las manos son de las llamadas “de tenedor”, forma arcaizante pero aún muy usada en el mencionado siglo. Todo ello corresponde muy bien con la fecha fundacional del Convento de la Paz de monjas agustinas, que tuvo lugar en 1571, según el testimonio del historiador Alonso de Morgado, coetáneo de dicha fundación. 

No obstante la imagen ha tenido alteraciones debidas a diversas intervenciones según los usos y gustos de otras épocas, correspondiendo con seguridad a la obra del retablo en el siglo XVIII. Evidentemente el convento debió poseer un retablo mayor desde su fundación y la construcción de la iglesia en el último cuarto del siglo XVI y comienzos del XVII. Pero sólo hay constancia documental de una intervención en 1702 para ampliar el camarín central, donde en ese momento se encontraba la Virgen de la Paz como titular del Convento, no tenemos hoy día más datos sobre el primer retablo modificado en dicha fecha. 

 

Altar Mayor del antiguo Convento de la Paz. Foto: Reyes Pro

Si consta documentalmente la construcción a mediados del siglo XVIII, (al igual que sucedió en el cercano convento de San Leandro, también de monjas agustinas) del nuevo retablo que hemos mencionado. Con toda probabilidad en ese momento se intervino en la imagen de la Virgen de la Paz que presenta algunas características técnicas y estilísticas de ese momento: se le pusieron ojos de cristal y se le añadió una peluca realizada en estopa, además se repolicromó. En el torso esbozado que posee la imagen se conservó en ese momento el somero “corpiño” a la moda original del XVI, pero se rebajó la zona del torso que correspondería a la “basquiña”, sin duda para facilitar la tarea de vestir la imagen con prendas de gusto dieciochesco.

Otra importante alteración realizada en dicho siglo XVIII fue el cambio del Niño Jesús, que corresponde a esa cronología. Es una imagen realizada con la técnica “de papelón”, de pastas, técnica de tradición de siglos anteriores pero muy usada en esta época y que tenía la ventaja de que aligeraba el peso de las imágenes. La Hermandad de la Vera Cruz de Alcalá del Rio posee uno muy similar.

Además es curioso el hecho de que el Niño Jesús debió de ser en su origen una imagen de Niño Jesús Pasionista, iconografía que presenta al Niño en pie ( al igual que el de Alcalá del Rio) sosteniendo una Cruz y estando acompañado de atributos de la Pasión. Se modificaría en su postura para adaptarlo a ser sostenido por la imagen de la Virgen pero conserva la expresión de llanto y pena, típica de los Niños Jesús Pasionistas.

 

Virgen de la Paz, foto Reyes Pro

El Profesor Juan Manuel Miñarro restauró la imagen de la Virgen de la Paz y el Niño Jesús en 1984 interviniendo sobre todo en los brazos articulados y el candelero, que fueron sustituidos. El tiempo transcurrido aconsejaba actuar de nuevo sobre la imagen para prevenir daños y llevar a cabo una labor de conservación y mantenimiento. Recientemente se observaba suciedad en la policromía y algunas grietas signos de comienzo de deterioro. Además los medios radiológicos actuales permiten estudiar y subsanar anomalías y consolidar muy bien la estructura de la imagen. Por todo ello el Prof. Miñarro ha actuado otra vez sobre la imagen, actuación en la que se destaca la limpieza y consolidación; además le ha retirado el pelo de estopa, que era un añadido no original de la imagen y que estaba en muy mal estado, y se han hecho nuevas articulaciones para los brazos y nuevos anclajes para las coronas. Por último le ha restituido las desgastadas pestañas, tanto a la Virgen como al Niño, lo que hace resaltar la mirada de la Virgen de la Paz acercándola a la original, la que tenía antes de la sustitución de los ojos en el siglo XVIII, época cuando también se le modificaron los párpados.

 

Compás del antiguo Convento de la Paz. Foto. Reyes Pro

Esta mirada que hoy vemos, que recuerda mucho a la mirada de visera, similar a la que presenta la Virgen del Rocío de Almonte, nos trasmite la Paz de la Virgen, paz que ya notamos nada más pisar el Compás del antiguo convento. 

A esta sensación contribuye la vegetación del Compás, sobre todo un gran ciprés, árbol singular catalogado de Sevilla. Así dejamos atrás el ajetreo cotidiano de la Ciudad para sumergirnos en una atmósfera y sensación de calma y sosiego que sigue presente en este recoleto ámbito aún después de siglos, de la desamortización del convento en el XIX y del derribo de sus claustros en los años 60 del pasado siglo. La Virgen de la Paz, renovada para años, sigue acompañándonos. 

Dedicado con agradecimiento a Juan Manuel Miñarro y a todo su equipo

Reyes Pro Jiménez

Historiadora y bibliotecaria