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Jueves pastoreños. Patrimonio. El “panal”: un tesoro sobre el pecho de la Virgen (I). Francisco Javier Segura Márquez


Siguiendo el recorrido a través de los Jueves Pastoreños, iniciamos en esta semana la sección patrimonial, que aprovecharemos para acercarnos a diferentes piezas, singulares por su valor o significación.

Hemos centrado nuestra atención en el ajuar de la Divina Pastora, concretamente en el joyel que adorna su pecho. La pieza que hemos elegido es el llamado “panal” de oro con 34 esmeraldas en composición geométrica.

La autorizada voz de Luis Prieto “El Oribe”, autor junto a Isabel Núñez del libro “Las joyas en el vestir de la Virgen” nos pone en el contexto histórico en que esta alhaja fue realizada:

“En la evolución de la moda femenina en los vestidos de las damas cortesanas a partir de finales del siglo XVI y a raíz la desaparición de los incómodos cuellos de gorguera o de lechuguilla, se planteará la necesidad de adornar los escotes de las señoras con joyas, denominadas genéricamente como joyas de pecho. Serán las rosas (o rosas de pecho) las alhajas más usadas para ello. Se trata de piezas generalmente de perfil circular u ovalado que se colocaban centradas en el pecho, aunque terminarían subiéndose al borde del escote, bien entrado el XVII.

Estas piezas se usarían exclusivamente para la ornamentación personal, dejando a un lado cualquier vinculación devocional, aunque a veces se puedan encontrar ejemplos con motivos piadosos, dado que la sociedad española del momento viviría profundamente el hecho religioso.

Genéricamente se les puede denominar también broches, aunque realmente no lo serán ya que no se trata de piezas de cierre, sino que son alhajas sin otra función más que la decorativa. Se colocaban cosidas al tejido, llevando a veces pasadores para facilitar la tarea, y también vistosos lazos textiles. Incluso nos las encontraremos prendidas del sombrero.

Estas rosas o broqueles, aunque debieron ser joyas muy del gusto de la época, desde luego no estuvieron al alcance de todo el mundo, sobre todo aquellos ejemplares de mayor tamaño y suntuosidad, a los que también se les conoce como panes. Serían alhajas a las que sólo tendrían acceso las familias más poderosas de la nobleza y la del propio rey”.