Jueves pastoreños. La Divina Pastora del Carmen: una iconografía singular (II). Francisco Javier Segura Márquez
La siguiente obra, titulada “La Divina Pastora del Carmen”, fue realizada al óleo sobre cobre por José de Páez en torno a 1780, y se conserva hoy en el Museo de América de Madrid. Hace pareja con un Buen Pastor, del mismo título, y en ambos se hace presente una riquísima iconografía.
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En el centro de la composición, la Divina Pastora vestida con el hábito carmelita reúne en torno a sí al rebaño de la Iglesia. La Santísima Virgen luce como peculiaridad la capa blanca, que nos muestra su embozo en color celeste. Con la mano izquierda sostiene el cayado y con la derecha acaricia uno de los corderos, que posa su cabeza sobre sus piernas en gesto de filial confianza. En un segundo plano, a la derecha, el Niño Jesús Buen Pastor, que muestra en su pecho el Sagrado Corazón, devoción que por aquel momento estaba en apogeo y expansión.
Sobre las sienes de la Divina Pastora, dos ángeles sostienen una corona, que complementa la aureola de doce estrellas que enmarca el rostro de la Celestial Señora.
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En el apartado de la escultura, destaca la representación de la Divina Pastora del Carmen, atribuida a la escuela de Salzillo y expuesta hoy en día en el museo de la Iglesia Colegial de Pastrana (Guadalajara). Dicha Imagen fue realizada para el convento de Padres Carmelitas de la misma localidad, que pasó a manos de la orden franciscana y luego fue desamortizado, pasando las piezas más notables a la Iglesia Colegial que hoy las conserva.
Presidía esta Imagen uno de los altares del templo carmelita, que acogió, como otros de su orden, la devoción a la Divina Pastora.
Esta obra es una de las más completas en cuanto a iconografía se refiere. Se nos presenta la Santísima Virgen sentada sobre unas peñas, llevando en brazos al Niño Jesús Buen Pastor. La Virgen luce velo sobre su cabello, porta sombrero y viste la pellica de piel de cordero, la cual contemplamos especialmente si nos fijamos en sus mangas. Sobre dicha pellica, contemplamos el escapulario de pecho, habiéndose convertido la capa también en una prenda confeccionada con piel de cordero, lo que evoca posiblemente las capas de piel de cordero que vestían los primeros religiosos que habitaron el Monte Carmelo. María Santísima pisa al dragón, símbolo del pecado y a sus pies dos niños vestidos con pieles -posiblemente uno de ellos San Juan Bautista- completan la escena y nos sirven para concluir este acercamiento a las representaciones carmelitas de la Divina Pastora.