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Los ombligos cofrades. Antonio Sánchez Carrasco


Desde que Nicolás Chauvin creó aquella manera de pensar en la que todo lo suyo era lo mejor menospreciando lo de los demás creando el chauvinismo; muchas veces se nos ha acusado a los sevillanos de ser chauvinistas. Lo malo de dicho razonamiento es la generalización. Porque los hay que se miran el ombligo y sólo su ombligo y luego estamos los que miramos con alegría la procesión de la Virgen del Carmen de Jerez, porque entendemos que aunque a nosotros nos gustaría que las cosas sucedan como antes de la pandemia, sabemos que mientras ese momento llega tendremos que conformarnos con ver a nuestras imágenes lo más cerca posible de nosotros, y al menos en Jerez tuvieron esa suerte.

Y ahí es precisamente donde empieza nuestro ombligo. Como cuando anunció Málaga una exposición, una procesión extraordinaria y una veneración y la Caverna sevillana cofrade dio su opinión en redes como si en la agrupación de cofradías de Málaga importara mucho la opinión de algunos cofrades sevillanos y hace días se repitió con la salida de una de las grandes devociones jerezanas, como si lo que pensaran algunos aquí  fuera a dejar sin salir a la Reina del Carmelo jerezano.

A veces muchas veces, más de cuatro veces en esta Ciudad nos creemos el ombligo cofrade del mundo, sin darnos cuenta que cada uno tiene su propio ombligo y cada uno disfruta mirándose el suyo propio.

Quizás aquello de viajar sea verdad que te abre la mente. Quizás el hecho de conocer sitios donde para pintar la iglesia se le echa un plástico por encima al paso que está en la iglesia y no se hacen traslados magnos a otras iglesias. O conocer a alguna imagen que está siempre en su casa de hermandad y sólo va a la iglesia a sus cultos. O conocer a Cristos que lo mismo se sitúan crucificados que yacentes..., infinitas peculiaridades que te hacen pensar cuando las conoces en el que pensaría la caverna cofrade. Esa caverna cofrade que como en el mito de Platón sólo ven la realidad atados a unos prejuicios que malversan lo que no conocemos desde fuera. Las sombras de los objetos no nos dejan ver su esencia, la verdadera esencia que se pierde en lo accesorio. El 16 de julio la situación epidemiológica lo permitía (si no fuera así deduzco que las autoridades no lo hubieran permitido) y la fe jerezana se vistió de marrón y rezos, donde sólo estaba Ella, la de los ojos gachos y la mirada dulce. La expresión de la Fe atravesó las calles sin ataduras al qué dirán, ni a los que estarán pendientes de la incidencia acumulada de Jerez el 30 de julio, para prever el enésimo apocalipsis.

Bien por Jerez que supo distinguir en el mito de la caverna la verdadera esencia de las cosas.

Fotos: José Ángel Caballero Gimeno.