Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Tiempo Estival
  • jueves, 13 de agosto de 2026
  • Faltan 220 días para el Domingo de Ramos

Comercios cofrades: algunos ejemplos de la zona de la calle Francos y de la plaza del Salvador. Reyes Pro Jiménez


En Sevilla varios signos nos recuerdan y nos hacen palpable la primavera, la Cuaresma, el gozo de las vísperas para la Semana Santa... Signos y símbolos a veces sutiles o en otros casos muy evidentes. Un ejemplo de ellos para los niños han sido los nazarenitos con caramelos en su interior de La Campana. Me acuerdo de tener uno de ellos en las manos, siendo una cría, mientras a mi padre le medían la cabeza para el capirote; pues muchos de esos signos habitan en los comercios relacionados con la Semana Santa, en los comercios cofrades y hoy repasaremos algunos.

 

Capirotes y caramelos, años 70

Veamos algo sobre ellos y sobre el comercio en Sevilla. En la Ciudad existen nombres de calles que han reflejado y reflejan hoy (pues algunos de esos nombres se han mantenido actualmente) los gremios y comercios que fueron más importantes en cada época de la historia y las zonas donde se asentaban principalmente: Alfalfa, Pescadería, Herbolarios, Chapineros… en una concentración gremial, que vemos en el nomenclátor viario histórico, pero que también ha llegado en bastante medida hasta nuestros días.

Disponemos de varias publicaciones sobre la historia del comercio en Sevilla, estudiando principalmente su historia en los siglos XVI y XVII. Pero a Sevilla la acompaña el comercio desde sus orígenes hasta hoy, ya que siempre fue enclave geográfico estratégico de intercambio de mercancías; particularmente la época islámica es importante porque marcó el urbanismo comercial e incluso la denominación de las calles de la que hablamos: Alcaicería, Alhóndiga…

El comercio fue un elemento fundamental en la Ciudad desde el siglo XIII y sobre todo en sus siglos  de Oro, el XVI y el XVII. Pero los establecimientos emblemáticos, las tiendas antiguas y tradicionales, que hoy vemos tienen su origen en su inmensa mayoría a finales del siglo XIX, y también a principios del siglo XX con la Exposición Iberoamericana de 1929 y su larga gestación desde 1909. En esos años de comienzos del siglo XX la ciudad vivió un auge comercial, aprovechado por los antiguos establecimientos del XIX o por los creados por esos años. Un ejemplo de ello son varios de los comercios cofrades actuales.

La concentración gremial que hemos mencionado, referida a los comercios cofrades, puede apreciarse hoy en gran medida en la zona de la plaza del Salvador y calles cercanas, como Francos, Alcaicería y Álvarez Quintero. Los comercios cofrades, antiguos o de reciente apertura, no sólo se encuentran en esa zona; afortunadamente los vemos por toda Sevilla, pero en ese ámbito del Salvador están muchos de los más emblemáticos y conocidos, de los que tienen solera de años y años trabajando para la Semana Santa.

Varios de dichos comercios cofrades son negocios familiares que han pasado de generación en generación y que mantienen usos y formas, tanto de confección como de venta de productos, que son de larga tradición. Productos muy variados pero siempre relacionados con el mundo cofrade de Sevilla: capirotes, inciensos, cordones, encajes, telas de terciopelo y brocado, imágenes religiosas, artículos de usos litúrgicos y ropa religiosa, túnicas de nazarenos a medida, ropa de costaleros, y otros muchos más. Como todo el pequeño comercio tradicional del centro de la Ciudad, el comercio cofrade lucha por mantenerse y algunos establecimientos han optado por tener página web y presencia en las redes sociales, pero siguiendo a la vez con un trato cercano al cliente y ante todo ofreciendo productos artesanos y calidad. 

Vamos a dar un breve repaso por algunas firmas antiguas del entorno de la plaza del Salvador y la calle Francos. Por supuesto sin ánimo de propaganda comercial, sólo de difusión del conocimiento del comercio tradicional sevillano para ayudar a su aprecio como símbolos de la identidad y la Cultura de la Ciudad.

 

Capirotes Molina. Foto Reyes Pro

En la calle Alcaicería de la Loza existen dos de los comercios más antiguos de Sevilla: Capirotes Molina, abierto en 1814 y la Antigua Casa Rodríguez que fue fundada en 1816.  Molina se dedica desde entonces a la confección de piezas para el atuendo del nazareno, como escudos bordados de las diferentes hermandades y sobre todo capirotes a medida, que tiene listos en cinco minutos para su fiel clientela; es un negocio familiar heredado de padres a hijos, como muchos de los comercios dedicados a artículos cofrades.

 

Antigua Casa Rodríguez. Foto Reyes Pro

Es el mismo caso de la Antigua Casa Rodríguez que fue fundada por Rafael Rodríguez, bisabuelo del tío de María del Río. Este establecimiento fabricó desde sus orígenes pelucas para imágenes de Cristo y Virgen, productos a los que aún se dedica, pero es conocido sobre todo por la realización de capirotes.

Antiguamente se hacían en cartón y hoy en moderna rejilla de plástico, (estos son ajustables y es un sistema patentado) pero aún la “ceremonia” (así puede llamarse perfectamente) de medirse la cabeza es uno de los signos evidentes de que se acerca nuestra semana sevillana, de que ya llega la Semana Santa. No solo hacen y venden capirotes, en la Antigua Casa Rodríguez también encontramos todos los complementos que acompañan a la túnica del nazareno (escudos, espartos…), todo lo que es propio de la indumentaria del costalero y además una variedad de artículos cofrades, de imaginería y de orfebrería.

Otro establecimiento cofrade muy antiguo es la Cerería del Salvador, una empresa familiar con una larga trayectoria, pues fue fundada en 1845, y actualmente en la cuarta generación con Antonio y Manuel López Soriano.

 

Este establecimiento se dedica a la fabricación de velas y cirios de cera a la antigua usanza, de forma tradicional con la técnica de inmersión. Para distintos usos: pasos, cultos, cirios de nazareno y con diversas variedades como las velas rizadas o de flores, unión casi poética de la cera y la flor. También fabrican incienso y tienen a la venta una amplia variedad de artículos religiosos.

Actualmente la tienda está situada en la Calle Álvarez Quintero números 6 y 8, ubicación antiguamente de los establecimientos La Palma de Oro y Uclés, dedicados a perfumería y complementos de moda para señora, cuyo ambiente e incluso parte del mobiliario se conservan con gran acierto.

En 1874 Clemente Velasco, natural de La Rioja, inicio un negocio con una tienda dedicada al cambio de moneda en la zona más comercial de la ciudad del momento, posteriormente amplió la actividad y Almacenes Velasco pasó a comercializar telas, encajes y perfumes en la calle Chapineros número 2 y Francos número 30.

 

Velasco, Calle Francos, 30. Foto Reyes Pro

Velasco no tuvo hijos y, para garantizar la continuidad del negocio, llamó a Sevilla a sus sobrinos José y Santos González Velasco. Como esos sobrinos tampoco tuvieron descendencia, trajeron a sus sobrinos José, Antonio y Mauricio Abad González. Ellos continuaron con la misma actividad comercial, pero acometieron la reforma del establecimiento y le dieron su fisonomía que llegó a nuestros días.

Tras décadas juntos, decidieron dividir el negocio y que cada uno tuviera su propio establecimiento: en calle Francos 30, Chapineros 2 y Álvarez Quintero 23. Almacenes Velasco se convirtió en tres comercios independientes: uno especializado en telas y encajes, otro en moda infantil y un tercero dedicado a artículos de mercería y artículos para las celebraciones tradicionales de la ciudad, como la Semana Santa. Los tres continúan funcionando actualmente.

En el año 1883 Fernando y Eloy Ramírez Cuéllar abrieron el comercio llamado El Siglo hasta 1930, cuando paso a tener el nombre actual de Al Siglo Sevillano, desde sus orígenes en la calle Alvarez Quintero, la antigua calle llamada Mercaderes.

 

Al Siglo Sevillano. Foto Reyes Pro

El establecimiento comenzó vendiendo tejidos y posteriormente túnicas de nazarenos, sandalias, además de bordar escudos, estandartes, etc, hoy además venden costales, fajas, alpargatas, banderas, mástiles… Una característica del establecimiento fue siempre el maniquí vestido de nazareno que asomaba al balcón en la casa, y el “reloj” marcando los días que faltaban para el Domingo de Ramos.

En la Cordonería Alba se ejerce artesanalmente el oficio de la cordonería y pasamanería, oficio con seis siglos de antigüedad en vías de extinción. Se trabaja con herramientas y técnicas antiquísimas, con técnicas como el «espigado» que consiste en forrar con cordón borlas y pasadores en forma de espiga, hilando los cordones y cómo cosiendo con la aguja de espigar, una técnica del siglo XVII. Francisco Alba Galán fundó la cordonería en 1904, su hijo Manuel Alba Rueja, fue maestro de su ahijado Jesús Spínola Cantero, tercera generación y actual propietario.

 

Cordonería Alba. Foto Reyes Pro

En la 'Cordonería Alba' solo hay una máquina y tiene más de 140 años. Para usarla se sitúa a la puerta de la tienda en la calle Francos pues se necesita espacio para entrelazar hilos para los cordones, que es su finalidad. En un extremo Jesús, en la otra siempre tiene algún amigo ayudante… hay que girar la manivela. El resto de productos los confecciona a mano en la diminuta tienda. Solo con un molde de madera de cedro y una aguja hace cordones de lámparas, borlas, abrazaderas, borlajes para caballos, puntas de madroño para trajes de flamenca, cíngulos… todo a mano.

Casa Rodríguez es también un comercio familiar; fundado en 1913 en el número 35 de la calle Francos por Eduardo Rodríguez y Rodríguez, entonces estaba centrado en las labores de bordado y además contaba con artículos religiosos y militares. Con la siguiente generación, de Ascensión y Concepción Rodríguez, se especializaron en la pasamanería, con diseño y elaboración de flecos, cordones y borlas, además de cíngulos para Cristos y fajines de hebrea. Posteriormente su sobrina Concha Rodríguez y su marido Javier Gotor continuaron con la labor. 

Casa Rodríguez. Foto Reyes Pro 

Actualmente Casa Rodríguez se dedica a la pasamanería decorativa, artículos religiosos, orfebrería, flecos y borlas hechas a mano, terciopelos, damascos, brocados y tisús. Además de crear diseños reproducen y restauran flecos, cordones y borlas. También venden hilos para bordar en oro fino y entrefino, y confeccionan ornamentos religiosos como dalmáticas o casullas. 

Y muchos más… la plaza del Pan: plata, incienso, bordados

La plaza del Pan (oficialmente plaza de Jesús de la Pasión) siempre ha sido escenario de industrias y comercios artesanales, tiendas minúsculas, muchas veces mantenidas por varias generaciones, dedicadas al más variado comercio: librerías de viejo, gorras… y platerías, con artesanos plateros y grabadores. 

La decimonónica Guía Zarzuela y otros anuarios mercantiles ofrecen datos sobre las platerías localizadas en esta plaza en el siglo XIX. En 1890-1895, había cuatro artesanos industriales: Francisco Balón, José Medina, José de los Reyes y Rafael Ruiz, todos en las populares tiendecillas de la acera Oeste de la plaza. En 1901, ya sumaban doce platerías, a nombres de Manuel Santizo, Francisco Balón, José Medina, Juan de Herazo, Ricardo Díaz, Enrique Herrera, Luis de la Dama, José Carrillo, Joaquín Huerta, Manuel Pérez, Cristóbal Sánchez y Francisco Bernal. Pero en el siglo XX decayó el numero de platerías en la plaza del Pan: en 1915 se contaban ocho tiendas, y en 1930 seis, para reducirse a la mitad en la década de 1950. 

Platería Bernal. Foto Reyes Pro

En la actualidad, el sector de platería es testimonial, afortunadamente nos queda la Joyería Bernal con su maravilloso escaparate lleno de medallas de distintos titulares de las hermandades y de artículos de platería con escudos de todas ellas.

Los tiempos más recientes también han marcado excepciones: no todo es desaparición de comercios artesanales en la plaza del Pan. Así en 1984 comenzó su trayectoria Inciensos Fiances, negocio familiar y artesanal, donde prima la tradición. Dedicándose al aroma, tanto incienso de Semana Santa como aromas exóticos, además de quemadores de cerámica Trianera que reproducen las torres industriales de la Fábrica de loza de la Cartuja.

 

Inciensos Fiances. Foto Reyes Pro

Inciensos Fiances tiene dos puntos de venta, una minúscula tiendecita en la plaza del Pan y un puesto que sitúa cada día en la cercana calle Córdoba. Este último tuvo problemas para su autorización municipal pero afortunadamente logró conseguirla. En la resolución favorable tuvo gran protagonismo el clamor popular en medios de comunicación y en redes sociales, que pedía olor a Semana Santa 

La clientela de los comercios cofrades es grande y variada, siempre muy fiel por generaciones, en una tradición que pasa de padres a hijos y también geográficamente hablando es amplia pues no sólo habitan en Sevilla, en estas tiendas, y sobre todo usando los nuevos medios, compran clientes de toda Andalucía y de toda España.

Incluso los turistas se acercan por su cuenta o acompañados de guías que les  explican los productos de estos establecimientos, entran en ellos y se quedan asombrados y admirados, ante las imágenes, rosarios, inciensos, orfebrería, cirios etc.

Sólo hemos repasado algunos pocos ejemplos de estos comercios, muchos se nos quedan en el tintero, o mejor dicho en el teclado, incluso de la zona como Bordados Sevilla, Juncia y Romero... y del resto de la Ciudad, ya seguiremos si Dios quiere; pero todos los comercios cofrades contribuyen a la lucha para conseguir que el centro de Sevilla no pierda personalidad y para lograr que la Ciudad atraiga a un turismo de calidad e interesado por su Cultura; todo ello frente a la instalación de grandes firmas y franquicias que no se dirigen a los vecinos de la Ciudad y frente a lo ofrecido al turismo de dudoso gusto o al consumismo sin criterio de sus propios habitantes. 

Reyes Pro Jiménez
Historiadora y bibliotecaria