Provincia. Presentación de un libro sobre Hdad. Santa Vera Cruz de Osuna

Arte Sacro. El pasado sábado 19 de marzo, se presentó en el Casino de Osuna la obra de Pedro Jaime Moreno de Soto "Entre el historicismo romántico y la renovación modernista (1894-1904): La Santa Vera Cruz de Osuna I. El paso de Nuestra Señora de la Esperanza".
El estudio plantea una aproximación a la obra del escultor Vicente Tena, uno de los escultores más destacados de la escultura valenciana que tuvo su apogeo en el primer tercio del siglo XX y alcanzó su cenit con Mariano Benlliure Gil. Fue un apreciado y prolífico escultor valenciano, dedicado activamente a la escultura religiosa, en cuyo imaginario creativo estuvo presente el ideal estético de la escultura barroca castellana, murciana y andaluza, tan difundidas por grabados, litografías y fotografías. En su estilo la gravedad de los grandes maestros del barroco castellano (Juan de Juni y Gregorio Fernández), junto a la serenidad de los artífices levantinos de la época (Ignacio Vergara, José Esteve Bonet y Modesto Pastor y Juliá), fueron las fuentes de inspiración que dejaron su impronta en una producción que se movió entre el clasicismo y la estética neobarroca. La delicadeza del modelado, la serenidad expresiva y el tratamiento mesurado de los gestos, con una excesiva idealización y un realismo algo edulcorado en sus primeras obras, fueron algunas de las características de su obra. De manera especial centró la atención en la anatomía morfológica, el volumen, la disposición de las masas, las proporciones, el equilibrio y el movimiento. Su obrador, el más importante de su tiempo en cuanto al número de trabajadores, tuvo una dilatada continuidad en el tiempo de más de cuatro décadas (1890/1935), para satisfacer a cofradías, hermandades, asociaciones católicas, comunidades religiosas y templos parroquiales de la península ibérica (Galicia, País Vasco, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Valencia, Murcia y Andalucía). Existe constancia incluso del envío de dos esculturas, realizadas entre 1912 y 1913, para el convento carmelita de la ciudad de Recife, en el estado brasileño de Pernambuco. En Andalucía el artista dejó una importante producción, en lugares tan dispares como Jaén, las gaditanas San Fernando, Jerez de la Frontera o Barbate, las sevillanas Marchena, Estepa y Osuna, y la onubense Lepe.
En Osuna dejó un considerable legado en varios conventos y hermandades como la Vera-Cruz, para la que hizo las imágenes de Nuestra Señora de la Esperanza, San Juan Evangelista, realizadas entre 1901 y 1902, y Santa María Magdalena, de 1904. Son imágenes de vestir del tipo de producción conocida como “cap i pota”, que se desarrolló en el Levante español entre finales del siglo XIX y principios del XX. La cabeza, las manos y las extremidades inferiores, prácticamente hasta la pantorrilla, son de madera tallada y policromada. El resto de la escultura es de talla anatomizada, por lo general solo devastada, con el tronco muy estilizado y extremidades superiores articuladas, y policromado con el característico tono azulado, lo que las diferencia de las imágenes de candelero que fueron frecuentes en Andalucía. Sus encarnaciones son claras, según el modelo tradicional en la zona de su ejecución.
En el trabajo se estudia también el contexto internacional en el que se gestó con naturalidad la aparatosa composición del paso de Nuestra Señora de la Esperanza, un conjunto documentado de Vicente tena fechado en 1904-1905, que constituye una obra única y excepcional que en su momento no llegó a entenderse en su justa medida, probablemente por novedoso, vanguardista y exótico, y que ahora, transcurridos casi 120 años desde su ejecución, con la perspectiva del tiempo podemos calibrarlo en su verdadera dimensión. Se trata sin duda de una auténtica rara avis, nacida entre los últimos estertores del historicismo y los primeros efluvios del modernismo. Justo en plena ebullición del gusto por lo pintoresco, lo lejano y la sugestión por lo egipcio, que tuvo tanto predicamento en toda Europa. En el marco de aquel eclecticismo imperante, en consonancia con la mentalidad "revival" predominante en el arte y el gusto de la sociedad finisecular, en su diseño se entremezclaron sin disonancia elementos extraídos de distintas civilizaciones como la egipcia y la asiria. Serpientes entrelazadas, discos alados, esfinges, flores de loto, palmetas o flabelos conforman una audaz recreación en una obra rica y sugestiva en matices plenos de exotismo y fascinación que rezuma lujo, colorido y ensoñación. La obra adquiere su máxima expresión efectista y escenográfica en las composiciones de las esquinas, con los grifos, los "lamasus" asirios y los ángeles que los coronan. Resulta por tanto destacable que un escultor como Vicente Tena, abierto a las nuevas vías de publicitación de su trabajo, fuera permeable también a las corrientes artísticas internacionales, al punto de tomarlas como propuestas para sus modelos, y que el hermano mayor de la corporación crucera, Manuel Lafarque, un herrero local de Osuna, se dejara fascinar y, con no poco atrevimiento, lo asumiera como estilo para este insólito paso.
Junto al paso neogótico del primitivo titular de la hermandad, el Santísitimo Cristo de la Vera-Cruz, obra de Hipólito Rossi fechada en 1894-1895, conforman uno de los conjuntos más singulares y acabados, reconocible dentro de la Semana Santa de Andalucía, dentro de unos parámetros estéticos que se mueven entre el Romanticismo decimonónico y el Modernismo de principios del siglo XX. Un cariz marcadamente historicista que en la mayoría de los casos se ha ido diluyendo o sustituyendo a lo largo del siglo XX frente a la implantación de un modelo que desde hace décadas viene suscitado un debate en el seno de muchas hermandes, que han entrado en crisis de concepto con su modelo heredado en pos de la emulación, en muchos casos carente de sentido y en tono menor, cuando no devaluado y adocenado. Con ello se ha dado al traste con un patrimonio heredado y con una serie de tradiciones autóctonas inveteradas que distinguían a regiones y localidades. Afortunadamente todavía se conservan algunos baluartes que ha sobrevivido a los tiempos como los dos pasos de la Santa Vera-Cruz de Osuna, cuya presencia le confiere a la hermandad una marcada idiosincrasia estética y devocional.









Fotos:
1. Vicente Tena: Nuestra Señora de la Esperanza. Hermandad de la Vera-Cruz. Iglesia de San Agustin, Osuna. Fotografia de Jose Hidalgo.
2. Nuestra Señora de la Esperanza. Fotogafías de Fabian Perez Pacheco / Manuel Ortega.
3. Vicente Tena. San Juan Evangelista. Hermandad de la Vera-Cruz. Iglesia de San Agustin, Osuna. Fotografia de Jose Hidalgo.
4. Vicente Tena. Paso de Nuestra Señora de la Esperanza. Fotogafía de Manuel Ortega
5. Paso de Nuestra Señora de la Esperanza (conjunto de una de las esquinas con grifo, lamasu y ángel). Fotografia de Manuel Ortega.
6. Paso de Nuestra Señora de la Esperanza (detalle del lateral con el disco alado y esfinges). Fotogafía de Pedro Jaime Moreno de Soto.
7. Detalle del paso con Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista. Fotografía de Francisco Segovia.
8. Paso de Nuestra Señora de la Esperanza. Fotografía de Pepe Marquina.
9. Vicente Tena. Catálogo Ilustrado, Valencia, s/f, c. 1910, p. 14, n.º 627.
