“Lágrimas de Vida”: un cirio que ilumina la esperanza en Monte-Sión
Fco Javier Montiel. La noche del pasado jueves 12 de marzo dejó en la capilla de la hermandad de Monte-Sión una de esas estampas que resumen el espíritu de la Semana Santa sevillana: fe, memoria agradecida y gestos sencillos cargados de significado. poco despuéws de las nueve de la noche comenzó el acto en el que la corporación del Jueves Santo rinde homenaje a diversas personas y entidades mediante el fundido de la candelería del paso de palio de Nuestra Señora del Rosario.
Cada año, este momento se convierte en una ceremonia íntima que une devoción y gratitud. Sobre la candelería que alumbrará a la Santísima Virgen el próximo Jueves Santo se funden las velas rizadas del frontal del palio, junto a dos cirios votivos muy especiales: uno con el lema “Ave María” y otro, profundamente emotivo, con la inscripción “Lágrimas de Vida”, dedicado a los donantes de órganos.


Antes de comenzar el fundido, el torero Manuel Escribano fue invitado a colocar en la entrecalle del palio la imagen de la Virgen de Guadalupe, gesto que abrió una noche de recuerdos y plegarias.


Velas con nombre propio
El fundido de las velas rizadas fue marcando una sucesión de reconocimientos. La primera la realizó Emilio Boja, presidente del Ateneo de Sevilla, en representación de una institución esencial en la vida cultural de la ciudad.


La segunda vela fue fundida por el coronel auditor de la cuarta zona de la Guardia Civil, Joaquín Gil, en nombre del general Luis Ortega, destacando la colaboración prestada en la investigación para esclarecer los hechos ocurridos en 1936, cuando la hermandad perdió los apóstoles y el antiguo Cristo de la Salud.


El periodista y pregonero de la Semana Santa de este año, José Antonio Rodríguez, fue el encargado de la tercera.


La cuarta correspondió a Jesús Torres, hermano número 11 de la corporación, que a sus 88 años continúa siendo ejemplo de fidelidad y entrega.


La quinta vela rizada la fundió Aníbal González, nieto del gran arquitecto sevillano, con una intención muy personal: pedir a la Virgen del Rosario por la salud de una persona muy querida.


Después llegó el turno del costalero más antiguo de la cuadrilla del palio, Francisco José Urbano, que fundió la sexta vela.


La séptima fue para Pedro Olmedo, gran colaborador de la hermandad y uno de los responsables, junto a Juan Carlos Rodríguez Murillo, de la peregrinación anual al Santuario de la Virgen del Rocío, que este año ha reunido a 190 peregrinos.


Como marca la tradición, la última vela rizada fue fundida por un vecino del barrio de la Feria. En esta ocasión lo hizo Antonio Villalba, del bar Guadiana y actual hermano mayor de la hermandad de los Javieres.


“Ave María” y “Lágrimas de Vida”
El cirio votivo con la inscripción “Ave María” fue fundido por la madre superiora del convento de Santa Isabel, Inmaculada Colombia, de las hermanas filipenses, como signo de gratitud por el ofrecimiento realizado para acoger los cultos a la Santísima Virgen.


Pero el momento más sobrecogedor llegó con el cirio de los donantes de órganos, “Lágrimas de Vida”, que este año se fundía por decimocuarta vez. El doctor Pérez Bernal presentó a la persona encargada de hacerlo: el sacerdote Antonio Godoy, trasplantado de hígado hace apenas cinco meses.


Antes de fundir el cirio, el sacerdote dirigió unas palabras llenas de emoción en una capilla que, según dijo, “rezuma oración”, recordando que allí Jesús ora en el Huerto y la Virgen del Rosario acompaña a sus hijos. “Gracias a ellos estoy hoy aquí”, expresó con sencillez.


El lema “Lágrimas de Vida” nació hace diecinueve años de la mano de la periodista de Canal Sur Susana Herrera, tras la muerte de su hijo. Desde entonces se ha convertido en un mensaje que invita a decir sí a la donación de órganos, transformando el dolor en vida.
Un canto que fue oración
Concluido el fundido de los cirios votivos, el hermano mayor de Monte-Sión, Alberto Balbontín, tomó la palabra para agradecer la presencia de todos los participantes.
La noche terminó como tantas veces sucede en Sevilla cuando la fe se expresa con verdad: con una saeta. El saetero Javier Montiel elevó su oración hecha cante en la pequeña capilla, mientras la candelería recién fundida aguardaba ya el día en que arderá ante la Virgen del Rosario.


Entonces, en la tarde del Jueves Santo, entre la luz temblorosa de esos cirios, también brillará el de “Lágrimas de Vida”, recordando que incluso del dolor más profundo puede nacer la esperanza.

Ya finalizado el acto el torero Manuel Escribano y José Antonio Rodríguez, pregonero de la Semana Santa 2026, posaron con sus tarjetas de Donante de Órganos.


Fotos: Fco Javier Montiel
